abril 17, 2021

Una gran historia de un padre #erudito, un #GolpeDeEstado, un #psicoanalista vagabundo y una #biblioteca en llamas

Una gran historia de un padre #erudito, un #GolpeDeEstado, un #psicoanalista vagabundo y una #biblioteca en llamas

 

Bolivar Hernandez*

Mi padre fue un hombre de letras no solo por ser escritor sino sobre todo, porque era un gran lector. A lo largo de su vida leyó incansablemente de día  y de noche. Era un erudito y un enciclopedista a la francesa. Su biblioteca estaba atiborrada de enciclopedias españolas e inglesas también.

 

Cuando yo era un niño de 10 años, era el año de 1954, los Estados Unidos fraguaron un golpe de estado en Guatemala con la colaboración de un ejército de mercenarios anticomunistas, entrenados en Honduras por la CIA. Y pusieron a un Coronel como presidente, era un hombre sin atributos…

 

Una noche del mes de junio de 1954

Cuando la invasión estaba en marcha y el proceso revolucionario encabezado por Jacobo Arbenz Guzmán tocaba a su fin, sin ninguna clase de defensa de su gobierno. Y todos los partidarios de la revolución guatemalteca, en su gran mayoría, buscaron el exilio como medida para salvar sus vidas. Mi padre, entre ellos, porque la cacería de comunistas había comenzado.

 

Mi padre en ese momento era director de la Residencia Universitaria, y una noche oscura, la ciudad sin luz a propósito, él se vio forzado a quemar su biblioteca en el patio del recinto universitario. Eran muchos libros comprometedores para el criterio obtuso de sus enemigos políticos, eran libros sobre marxismo casi todos.

Fue tan grande la hoguera donde se incineraban miles de libros que el resplandor del fuego era notorio a gran distancia en la Ciudad, que llegaron los bomberos a sofocar el incendio aquel.

 

Y a los pocos días del incendio de la biblioteca de mi padre, él se asiló en la embajada de Argentina porque la embajada de México estaba atestada de gente, y así salvó su vida.

Y nosotros, mi madre y mis hermanitos, huimos por tierra hacia México en tren, en un viaje muy accidentado por el temporal que destruyó los puentes del ferrocarril ya en territorio mexicano, y así se convirtió aquello en un viaje eterno  y doloroso para mi.

 

Heredé de mi padre

Su afición a la lectura y su enciclopedismo también, quería ser erudito y culto como él. Y por supuesto seguí sus pasos y compré miles de libros que sí leí , y me convertí en un joven profesor universitario muy preparado, muy libresco en su formación.

Tuve varias bibliotecas personales y todas las perdí con cada divorcio.

 

Mientras fui estudiante pobre, toda la carrera, no tuve dinero para adquirir libros. Así que me convertí en una rata de biblioteca, porque no tenía otra alternativa en esa época .

 

Ya como profesional hice varias bibliotecas personales muy bien surtidas, con libros de literatura, marxismo, economía, psicología, arte, psicoanálisis y otros temas de interés en esa época.

Las rupturas matrimoniales tuvieron un saldo trágico para mi, perdí irremediablemente mis libros; dos voluminosas  bibliotecas quedaron en manos de mis exparejas. Ignoro qué hicieron con los libros, es un misterio que no quiero averiguar.

 

En mi estilo de ser un vagabundo y un judío errante

No cabe la posibilidad de acumular libros y decidí no volver a comprar un solo libro más en mi vida. Y lo he cumplido. Como sigo estudiando y preparándome a través de la lectura, encontré una forma ideal de continuar con mi formación autodidacta, y consiste en asistir frecuentemente a una buena librería, escoger un buen libro y leerlo ahí mismo durante varias sesiones.

En México encontré mi refugio seguro en la librería Rosario Castellanos, del FCE, en la Condesa, y ahí leí endemoniadamente toda la literatura sobre psicoanálisis de modo gratuito. Sin invertir un solo peso.

 

Y en Guatemala tuve la fortuna de encontrar la mejor librería, diría casi única,  que es Sophos en la zona 10, barrio rico y elegante de la capital. Y en ese sitio, en su cafetería muy cara por cierto, leí desaforadamente mucha literatura nacional que desconocía por completo. Ignoraba la existencia de autores guatemaltecos y me di a la tarea de conocerlos, e inclusive descubrí a un gran autor nacional que resultó ser pariente mío.

 

Volví temporalmente a Guatemala

Y la intención era devolverme a México pronto, sin embargo la pandemia que desde el año 2020 ha sacudido al mundo entero, trastornó también mi vida y la de otros millones de seres humanos en los cinco continentes. Y aquí sigo atrapado sin salida…

 

Pues bien, estoy residiendo en la casa paterna, y fui alojado en la sala de la antigua biblioteca de mi padre, duermo y trabajo todos los días rodeado de libros viejísimos.

Es una paradoja mi vida en relación con los libros, porque debo confesar que padezco, desde la infancia, de una alergia al polvo de los libros, que me puede provocar hasta 23 estornudos seguidos.

 

La monumental biblioteca de mi padre aquí en su casa quedó reducida a su mínima expresión, quizá a una quinta parte de la original. En su mayoría los libros fueron donados a la Tricentenaria Universidad de San Carlos de Guatemala.

Y pues aquí sigo estornudando muy contento en la biblioteca de mi padre, y ya no leo nada de lo que me rodea porque ya los leí cuando vivía con él.

Antes leía libros y ahora ya viejo solo escribo novelas de amor. ¡Vaya osadía la mía!

*La Vaca Filósofa

Foto: Ricardo Esquivel

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