abril 19, 2021

Un #día cualquiera en #pandemia de un #Misántropo: #Confinamiento, #seressolitarios e #Infodemia

Un #día cualquiera en #pandemia de un #Misántropo: #Confinamiento, #seressolitarios e #Infodemia

 

El confinamiento voluntario a raíz de la pandemia de Corona virus nos ha vuelto seres solitarios e introvertidos. Las rutinas cotidianas están alteradas por el encierro y por la falta de contacto social.

 

En mi caso no se nota demasiado porque soy un misántropo, que rehúye toda clase de muchedumbres familiares y de las otras, peor. Me viene estupendamente bien no poder invitar a alguien a casa por temor al contagio.

Los antisociales tenemos la coartada perfecta gracias a un virus microscópico.

 

Un día cualquiera en la vida de un solitario

5.00 am. Despertar sin despertador por el reloj biológico que así lo exige. Encender la IPad y buscar en la red los crucigramas del periódico El País, diario monárquico español. Y tratar de madrugada enchufar la mente para poder resolver los tres crucigramas: el fácil, el difícil y el para expertos. Lo logro con un nivel de eficiencia de 95%.

 

6.00 am. Baño con agua hirviendo, soy friolento en extremo.

 

6.30 am. Tomo papel y lápiz e intento escribir algunos poemínimos, asunto complicado pero que es, al mismo tiempo, un deleite poder dar con la rima exacta.

 

7.00 am. Rodar en la bicicleta, en Esperanza, por toda la finca, y dar vueltas y más vueltas por el bulevar. Una hora hasta completar cinco kilómetros. A veces me detengo a admirar el volcán de Pacaya en plena erupción, sin lava sino solo fumarolas que se elevan hasta un kilómetro de altura, y luego viene una lluvia fina de cenizas negras. Es un espectáculo de la naturaleza, gratis y hermoso.

 

9.00 am. Camino un kilómetro desde la finca hasta un pequeño centro comercial donde hay una fonda mexicana y ahí desayuno todos los días lo mismo: huevos a la mexicana y café negro.

 

10.30 am. Empiezo a escribir historias sobre temas que rondaron por mi cabeza toda la noche o bien me surgen durante la caminata hacia el restaurante o cuando ruedo con la bicicleta por ese aburrido y corto circuito del bulevar de la finca.

 

12.00 am. Vuelvo a casa y camino otro kilómetro de regreso. Lo hago lentamente, pausado,  porque no tengo ninguna prisa, la prisa la eliminé de mi vida hace mucho tiempo. Soy el promotor de la vida lenta en la finca.

 

EL ALMUERZO

13.00 pm. Almuerzo le dicen a la comida del mediodía en Guatemala. La usanza es almorzar a las 12.00 en punto, vieja costumbre hoy obsoleta por efectos de la modernidad de este país bananero.

14.00 pm. Siesta obligatoria. Desde siempre he preferido la siesta española al sueño americano. No es un sueño profundo, es media vela. Entre azul y media noche.

 

15.00 pm. Escucho óperas famosas en Spotify, dado que no he podido asistir al palacio de Bellas Artes en México. Una hora me deleito con las voces de grandes divas.

 

16.00 pm. Estudio inglés desde hace mucho tiempo con una aplicación diseñada por un joven Guatemalteco radicado en EEUU. Se llama DUOLINGO, y es gratis. Empecé como novato aunque no era cierto. Ahora soy estudiante avanzado. Dos horas estoy conectado con la lengua del imperio, hago tareas y repito las frases que me dicen.

18.00 pm. Me dedico una hora a leer novelas. Hoy estoy releyendo Rayuela de Julio Cortázar,en una obra conmemorativa de su centenario de nacimiento. Este obra la leí cuando era un joven de 26 años, y no la entendí. Hoy sí, porque conozco Paris y Buenos Aires, escenarios de Rayuela.

 

19.00 pm.  Me conecto con México y sigo puntualmente las conferencias desde Palacio Nacional del doctor Hugo López Gatell; estoy al tanto de la pandemia, las vacunas, la infodemia, chismes, y rumores de los detractores de la 4 T.

 

CENA CANCELADA

20.00 pm. Cena cancelada. Por estar en un programa de ayuno intermitente. Y por qué la cena me produce malestares que me dificultan el sueño.

 

21.00 pm. En plena tranquilidad de la noche. Comienzo a dibujar los rostros de mujeres que circulan por mi mente loca. Y pinto acuarelas con luz artificial, asunto no muy recomendable por los pintores profesionales que piden luz natural. Ya me acomodé a la luz de neón.

 

22.00 pm. Hago una meditación de 15 minutos, y pongo orden en mi cabeza.

22.15 pm. Apago la luz, y con un antifaz sobre mi rostro porque me molesta la claridad me sumerjo en un sueño profundo. Duermo en paz como si no le debiera nada a nadie.

*La Vaca Filósofa
Foto: Facebook

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