Un #antropólogo incómodo para el #Gobierno y su travesía con #campesinos por el #desiertomexicano

 

Como antropólogo, en forma temprana me interesé en estudiar a los campesinos, indígenas o no, y eso me hizo emprender diversas investigaciones acerca de la peculiar “economía campesina mexicana”.

 

Mis tutores académicos fueron Éric Wolf y Arturo Warman, teóricos del campesinado allá en los años 70 del siglo pasado.

Los campesinos mexicanos fueron por mucho tiempo mi Vaca, la cual ordeñé bastante, y dediqué infinidad de artículos y ensayos sobre ellos.

 

Hice varios trabajos de campo como investigador en muchos estados de la República: Chiapas, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, Morelos, Estado de México, Michoacán.

 

Estudié las resistencias culturales de los campesinos ante el embate brutal de la economía neoliberal de entonces… ¡y de ahora! Sus respuestas a la miseria rural era la migración interna e internacional, y convertirse en asalariados rurales y/o urbanos. Y la subsistencia en minifundios rentables.

 

Trabajé muchos años en la organización campesina

Sobre todo en Chiapas. Viví en aldeas miserables comiendo sólo frijoles y tortillas, y caminando por brechas fangosas con las botas llenas de lodo, y bajo intensas temporales de lluvias tropicales.

 

Años después me ofrecieron una investigación en el desierto de Coahuila, Nuevo León y Zacatecas. Y acepté de inmediato.

El desierto mexicano es tan extenso territorialmente hablando que ahí caben varios países europeos y latinoamericanos.

 

El desierto es un territorio amplio y seco, árido, con poca población. Sin comunicaciones terrestres. La población rural es escasa, solo permanecen en los pueblos los adultos mayores, viejos, algunas mujeres y varios niños. El resto de esa gente en edades productivas emigraron a los EU en un flujo constante a lo largo de todo el siglo XX.

 

Los campesinos del desierto

Cultivan pocas cosas, más bien son recolectores de Ixtle, especie de maguey para extraer fibras y elaborar artículos de uso doméstico. También son recolectores de cera de candelilla obtenida de una planta abundante en el desierto. En grandes calderos en agua hirviendo se obtiene la cera, que es usada en la industria aeronáutica.

En el desierto no circula el dinero porque no es necesario. Existen tiendas de raya como en el porfiriato. El campesino entrega el Ixtle y la cera a cambio de recibir víveres de la Conasupo, comercializadora  del gobierno mexicano.

 

La vida miserable del desierto no tiene parangón con lo que he estudiado en otras regiones rurales del país.

Viví con gente del desierto comiendo tortillas de harina de trigo y unos pedazos de carne seca, frutos secos y cerveza, no hay agua potable.

 

Un día conversando con un viejo campesino del desierto, le pregunté: cuándo fue la última vez que llovió por acá?

  Y él respondió de inmediato: hace 24 años…

 

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Conacyt

Nos contrató para estudiar en el desierto mexicano la factibilidad de utilizar una planta del desierto llamada Guayule, de la que se puede extraer hule natural. El guayule es una planta silvestre muy abundante en todo ese gran desierto mexicano. Es una planta muy similar a La Gobernadora. Plantas nativas del desierto, silvestres ambas.

 

Durante la Segunda Guerra Mundial, escaseó el hule natural a nivel internacional por una gran demanda de hule para la industria militar de los EU y los norteamericanos exploraron y explotaron el guayule en México, instalando varias plantas procesadoras en Zacatecas y Coahuila.

A fines del siglo pasado nuevamente surgió la crisis del látex obtenido de la savia del caucho de la India, y pues de nuevo a buscar la opción del guayule mexicano.

 

La investigación a mi cargo era para determinar la factibilidad del proyecto de explorar y explotar todo el guayule del desierto.

 

El recurso era, y es abundante, y en exceso, pero como esa planta había que cortarla a mano para diferenciarla de la gobernadora tan parecida que requiere un conocimiento campesino sutil para diferenciarla.

 

Todo perfecto para el proyecto, el Centro de Investigación en Química Aplicada CIQA, puso una planta piloto en Saltillo, Coahuila, y todo era algo maravilloso.

 

El único detalle

Es que para la recolección del guayule se requerían miles de jornaleros agrícolas, con un salario estimado muy bajo para que fuera rentable sacar el hule natural del guayule.

Conclusión: no había en toda la región suficientes hombres para dedicarse exclusivamente a recolectar el guayule, y mucho menos trabajar por ese indigno salario ofrecido.

 

El proyectos se fue a la basura gracias al estudio antropológico a mi cargo, ya que demostré la inoperancia financiera basada en la explotación de la mano de obra campesina que era considerada casi gratuita por el proyecto. Si pagaban salarios justos entonces los cálculos financieros obviamente disminuían la rentabilidad.

 

De nueva cuenta la defensa de las comunidades campesinas fue mi bandera de lucha.

Los desheredados de la tierra han sido para mi una causa digna de defender ante el brutal embate gubernamental.

 

¡Zapata vive!

En mi época de investigador como antropólogo surgió lo que dio en llamarse la “antropología aplicada”. Y siempre hice la pregunta incómoda: ¿Aplicada en favor de quiénes?

 

De las sociedades campesinas extraje mi filósofa de vida, que consiste en disminuir el consumo y estrechar lazos comunitarios de ayuda mutua.

Sobrevivencia con resistencia era la consigna campesina del siglo pasado.

*La Vaca Filósofa

 

Foto: Wikipedia