Transición presidencial: Entre timoratos y maliciosos

 

Mouris Salloum George*

En la década de los ochenta se implantó en México una forma de darwinismo académico. Sólo se seleccionarían para altos puestos ejecutivos los mejor dotados, pasados por la simbiosis cuadros de excelencia-tecnócratas.

 

La condición base para la meritocracia es tener, mínimo, titulo de licenciatura por algún centro de estudios superiores doméstico y un posgrado por un plantel extranjero; estadounidense, de preferencia.

 

Verbigracia: Pergamino profesional expedido por la mexicana Universidad Anáhuac. La maestría en Administración por el Centro Northwesterm de Evaston, Illinios, no muy lejano de la Universidad de Chicago, de Milton Friedman, padre del neoliberalismo.

 

Así se pudo llegar, en la etapa de juventud madura, a la plantilla de confianza del ya reprivatizado Bital y estar en su transición hacia HSBC. Por ese circuito se puede transitar a una vicepresidencia de la Asociación de Bancos de México hasta ocupar su titularidad.

 

Obviamente, al llegar a ese grado ejecutivo ya se conocen los entresijos de las redes bancarias, se dominan las altas finanzas y no existe nada de la economía y la macroeconomía que pueda resultar ajeno.

 

Dos accesos consagratorios: 1) El conocimiento de la economía especulativa y, 2) Saber cómo masca la iguala en la economía de las Grandes Ligas.

 

Urge un taller para aprendices de brujo

Todo lo anterior y más hizo el maestro Jaime Sacristán Ruiz. No por otros méritos, llegó a la presidencia de la Bolsa Mexicana de Valores. No cualquiera.

 

¿Qué mejor atalaya para ver no sólo el árbol, sino el bosque completo?

 

Sacristán Ruiz no se pasa las jornadas bursátiles mordiéndose las uñas y chupándose el dedo. No permanecería en aquella posición.

 

Pues bien, al presidente de la BMV se le ha escuchado decir: La volatilidad financiera no se puede atribuir a un solo elemento.

 

En el caso de la incertidumbre económica en México, aseguró, influyen los factores externos. (Son los riesgos inherentes a la globalización)

 

Si Sacristán Ruiz tuvo como forja dos instituciones bancarias, ocupó la cumbre de la asociación del ramo y actúa en el ojo del huracán del mercado especulativo, lo menos que se puede decir de él es que sabe de lo que habla.

 

En la transición presidencial y frente al estrés que sacude a la economía mundial, en México hay dos compañeros de viaje: 1) Los timoratos y, 2) Los maliciosos.

 

En el crispado escenario mexicano, todos quieren acarrear agua a su molino. Pero no todos saben cómo funciona este generador. Sería útil que el maestro Sacristán Ruiz dictara un taller para aprendices de brujo.

*Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

Foto: Info7