Siria, triunfo del Estado nacional

MSIA Informa

“Más del 98 por ciento del territorio de Siria está en manos de las tropas gubernamentales. Todavía existen focos de resistencia de los terroristas, pero se están desmoronado con rapidez bajo los ataques de las fuerzas armadas rusas y de nuestros aliados sirios.”

 

La declaración del presidente ruso, Vladimir Putin, del 21 de noviembre, rubrica no sólo la inminente derrota de los fanáticos yihadistas que convirtieron en un infierno el gran país del Medio Oriente en los últimos seis años, empero, aún más importante, el triunfo de un Estado nacional soberano, la República Árabe de Siria.

 

Una derrota bien asestada al “gobierno mundial,” encabezado por los grupos más radicales de Washington, para los cuales el desmembramiento del país era una pieza fundamental dentro de su plan hegemónico para la región.

 

NUEVOS PROTAGONISTAS POLÍTICOS DE LA REGIÓN

La derrota significa que Rusia, junto con Irán y la recientemente adherida Turquía, en calidad de garantes del régimen del presidente Bashar al-Assad y de la integridad territorial de Siria, han consolidado su posición de nuevos protagonistas políticos de la región, en un marco amplio que la prepara para unirse a la formidable iniciativa de integración euroasiática encabezada por China, en contraposición evidente a los esfuerzos desestabilizadores articulados por el eje de poder anglo americano.

 

No fue una mera casualidad que en la víspera Putin recibiera al presidente Assad en Sochi para analizar ya la situación de la postguerra, abarcando negociaciones con grupos de oposición dispuestos a cambiar las armas por la política.

 

En el encuentro, el líder del Kremlin resaltó que la resolución de la crisis política se deberá fundar en los principios de la soberanía, de la identidad nacional y en la independencia de Siria.

 

El siguiente paso será la realización del Congreso Sirio sobre el Diálogo Nacional, que se realizará el 2 de diciembre, también en Sochi, para el cual se espera a delegados de todos los partidos políticos, de la oposición y de los diferentes grupos étnicos y religiosos que componen la población siria.

 

Allí se analizarán los puntos de referencia de un Estado futuro, de una nueva Constitución y la realización de nuevas elecciones supervisadas por Naciones Unidas. A su vez, Assad afirmó que “no queremos mirar para atrás. Damos la bienvenida a todos aquellos que estén realmente interesados en un acuerdo político, estamos dispuestos a entablar el diálogo con ellos.”

 

COOPERACIÓN TRIPARTITA

Destacó también la importancia de Rusia: “Contamos con el apoyo de Rusia para garantizar que los actores externos no interfieran en el proceso político y que, desde afuera, sólo apoyen el proceso que será dirigido por los propios sirios” (RT, 21/11/2017).

 

El miércoles 22, Putin recibió a los presidentes de Irán, Hassan Ruhani, y de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, para sistematizar la fase siguiente de la cooperación tripartita destinada a la reconstrucción de Siria. En esa reunión, el presidente ruso resaltó que los esfuerzos de los tres países “evitaron la disolución de Siria.”

 

Los tres gobernantes estuvieron de acuerdo en ampliar la cooperación en la lucha contra el terrorismo y reafirmaron la importancia de la preservación de la soberanía, de la unidad y de la integridad territorial del país (RT, 22/11/2017).

 

Rohani, por su parte, no se amilanó en su discurso nombrando a los instigadores externos del conflicto:

“Si otros pueblos y países de la región van a aprender algo de esa crisis artificial de Siria, que sea esto: algunas potencias que proclaman la promoción de la democracia y de los derechos humanos no titubearon en hacer uso extensivo de las herramientas del terrorismo y de la violencia para alcanzar sus objetivos miopes en la región. La lección que esas potencias todavía no aprenden es que las consecuencias de apoyar el terrorismo y el extremismo no quedarán arrinconadas en una sola región: este mal se extenderá por todas las regiones del mundo” (Kremlin, 22/11/2017).

 

DESARMANDO BOMBAS

En otro flanco, Moscú se empeña en aplacar las tensiones en Líbano, atizadas por la sospechosa renuncia del Primer ministro libanés, Saad Hariri, anunciada en la capital de, Arabia Saudita; una tramoya saudita apoyada por Estados Unidos e Israel, para desencadenar un nuevo foco de inestabilidad luego de la derrota de las milicias yihadistas en Siria.

 

El sábado 18, el canciller libanés, Gebran Bassil, se reunió con su colega ruso, Serguéi Lavrov, y la cancillería divulgó una nota de “apoyo incuestionable a la soberanía, a la integridad territorial y a la estabilidad de la República Libanesa” en la que se resalta también que “no puede haber espacio para la interferencia externa en los asuntos internos del país que amenace con romper el equilibrio interno existente” (Asia Times, 19/11/2017).

 

Al día siguiente, Lavrov viajó a Antalya, Turquía, para tratar con sus colegas turcos e iraníes, el martes 21, el mismo Putin hablo por teléfono con los tres potenciales creadores de problemas para enfatizar el interés ruso en la pacificación de la región: el presidente estadounidense, Donald Trump, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el rey saudita, Salman bin Abdulaziz.

 

Al mismo tiempo resalta el que Francia, parece dispuesta a una nueva embestida en la región, contradiciendo los intereses de Estados Unidos. Luego de una visita relámpago a Riad, el presidente Emmanuel Macron consiguió que Hariri viajase a París para luego volver a Líbano, donde suspendió su renuncia antes anunciada. Al mismo tiempo, Macron, que ya había abandonado la línea de que “Assad tiene que irse,” ensayó un reacercamiento con Irán, con la vista puesta en las lucrativas oportunidades ofrecidas para la reconstrucción de la economía local.

 

TURQUÍA ENTRÓ EN CONFLICTO CON LA OTAN

A la par de estos acontecimientos, Turquía entró en conflicto con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), miembro desde hace más de 60 años. Esto fue claro por la decisión de comprar el sofisticado sistema de defensa antiaéreo ruso S-400, una deslealtad para un miembro de la entidad. En Ankara, altos funcionarios del gobierno hablan abiertamente de la salida oficial de la Alianza Atlántica.

 

Una tensión de interés para la OTAN, en un momento en el que la propuesta de una alianza de defensa exclusivamente europea gana fuerza por iniciativa de Francia. La aproximación de Turquía a Rusia, reforzada todavía con su posible salida de la OTAN, representa una proverbial oración final en el ataúd de una Guerra Fría que sólo los mentores del “gobierno mundial” insisten en preservar.

 

Y es precisamente la insistencia obsesiva y enferma de resucitar el finado conflicto ideológico, lo que constituye el mayor peligro pues podría desatar un nuevo conflicto de grandes proporciones, una afrenta al deseo mayoritario del mundo que quiere otra cosa que reconstruir la economía mundial y devolverle a la humanidad un cauce de optimismo cultural.

 

Para desbaratar este nuevo momento entra la descabellada, maquinación EEUU-Israel-Arabia Saudita, mirando la desestabilización de Líbano.

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