octubre 28, 2021

Secretos de familia: Hipocresía, simulación y mentiras de las buenas conciencias

Secretos de familia: Hipocresía, simulación y mentiras de las buenas conciencias

 

Bolivar Hernandez*

En todas las familias existen muchos secretos que se guardan celosamente bajo llave, nadie debe enterarse de ellos; sin embargo los secretos de familia no son tales, todos saben acerca de ellos.

 

Esto es una muestra mínima de secretos de familia que ilustran la hipocresía, simulación y mentiras de las buenas conciencias.

El tío borracho, el sobrino homosexual, la tía soltera que anda con hombres casados, la infidelidad de la cuñada, el primo drogadicto, los hermanos que despojaron de sus bienes a sus padres, la liposucción de la prima la gorda.

Aún más…

El cáncer del tío, el sobrino adoptado, la prima que es victima de maltrato físico y psicológico por parte de su marido, los sobrinos desnutridos por causa de su madre anoréxica, y un largo etcétera.

 

El caso de Adán

Es una historia común pero llena de sorpresas, que él descubrirá algún día, porque muchas cosas no encajan en su historia familiar.

Adán es un joven de 22 años, es alto, fornido, moreno, cabello ensortijado, bien parecido, un galán diría su amada madre.

Sus padres son diferentes a él: su progenitor es blanco, delgado, bajo de estatura; su madre es blanca también, chaparrita, y llenita, con sobre peso.

Los hermanos pequeños de Adán, son blancos, altos, no muy agraciados físicamente, muy parecidos entre ellos, y bastante consentidos por sus padres.

 

Al joven Adán le empezó a llamar la atención las peculiaridades físicas de su familia, de sus padres y hermanos. Para él era un enigma genético, el que no se pareciera a nadie de su núcleo familiar más cercano.

Algún día preguntó a su madre acerca de lo que observaba con respecto a los fenotipos de sus padres y hermanitos, y la madre esquivó la conversación de inmediato.

 

La lógica de Adán lo llevó inmediatamente a suponer que el adoptado en esa familia era él, sin duda.

Esto le ocurre a todos los seres humanos dados en adopción, que desean saber su origen y las causas por las cuales fueron dados a otra familia.

Existe mucha incertidumbre y angustia por esa razón, más aún cuando el tema no se puede tratar en el seno familiar.

 

El enigma

Ese acertijo, es difícil de esclarecerlo uno solo, y Adán lo sabía. Muchas veces son los vecinos o los parientes que incurren en el desliz de contar la verdad. Lo que causa rabia y desilusión.

 

Cuando Adán iba a casarse y dejaría el hogar paterno, se decidió averiguar la verdad de su historia. Y para ello citó a su padre para invitarlo a cenar fuera de casa. Su padre encantado aceptó la invitación de su adorado hijo.

 

El padre sugirió un restaurante de la colonia Roma que le encantaba mucho, Non solo pasta, italiano. Comieron muy bien, ensaladas y macarrones, y dos botellas de vino tinto. Aparte, el postre de la casa, los profiteroles.

Y al calor de las tragos Adán le dijo a su padre:

¡Papá quiero saber la verdad!, ¿soy adoptado?

El padre sorbió un poco más de vino y se atrevió a decirme a Adán: Esta es la verdad.

Yo no soy tu padre, pero te di mi apellido, tu verdadero padre, el biológico, embarazó a tu madre y desapareció sin más. Y aparezco yo en la vida de tu madre y me hice cargo de ella y de ti, y te repito: te reconocí como mi hijo.

Y aún hay más, hijo querido:

Tus hermanos son hermanos entre ellos, pero los adoptamos tu madre y yo en un hospicio público de Guadalajara. Tu madre quería tener una familia numerosa y ya no pudimos embarazarnos, ¡no sé si el estéril soy yo!

¡Quédate tranquilo, deja tus temores a un lado, cásate y se feliz!

*La Vaca Filósofa

Foto: Marjon Besteman/Pixabay 

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