abril 14, 2021

#Ruta66, la Madre de Todas las #Carreteras en #EU; #pueblear en #México por #accidente, la madre del #fastidio

#Ruta66, la Madre de Todas las #Carreteras en #EU; #pueblear en #México por #accidente, la madre del #fastidio

 

En los Estados Unidos existe la Ruta 66  (The mother road), la madre de todas las carreteras gringas. Construida en 1926, comunica la Unión Americana de Este a Oeste, de Chicago hasta Los Ángeles, California.

Su recorrido es de casi 4 mil kilómetros o 2,448 millas. Atraviesa ocho estados y su trayecto es posible hacerlo en 14 días sin parar.

 

En la República Mexicana existe la Carretera Panamericana, que comunica al país de sur a norte. Son casi 4 mil kilómetros de Tapachula, Chiapas, hasta Tijuana, Baja California.

 

La carretera México-Querétaro

Es un tramo excepcional, debido a su intenso tráfico de personas y mercancías. Es de 220 kilómetros y el recorrido promedio es de 2 horas y media.

 

Querétaro es una bella ciudad colonial situada en el centro del país, con un pasado histórico importante desde la guerra de independencia hasta la guerra de la revolución, esa ciudad fue testigo de grandes hitos históricos.

Me fui a vivir a Querétaro en el año 2008, para dirigir la escuela de psicología de la Universidad de Londres.

 

Y constantemente tenía que trasladarme a la Ciudad de México, inclusive años después de haber dejado de ser funcionario de dicha institución de educación superior, seguí yendo a Querétaro para atender a pacientes en psicoanálisis.

 

Tengo mucha experiencia en ese tramo carretero tan vital para la economía nacional, por haberlo recorrido infinidad de oportunidades.

 

En el siglo pasado hacia ese recorrido con mi auto, manejando yo, porque vivía en la otra ciudad colonial y bella del Bajío, Guanajuato.

 

Pero en el siglo XXI, sólo viajaba en autobús. Fui cliente frecuente de los buses de lujo ETN, Enlaces Terrestres Nacionales, por muchos años. Con una tarifa especial de 50% de descuento por ser un adulto mayor.

 

De la Central Camionera del Norte de la Ciudad de México salían los buses de ETN a Querétaro, cada media hora, y casi iban vacíos regularmente.

 

Siempre pedí el asiento 10 o 12, atrás del conductor. Viajé de madrugada y de noche también, y solo variaba el tiempo del trayecto porque en la noche no corrían sino volaban los buses de ETN.

 

Muchas cosas ocurrieron en mis cientos de viajes

Aparte de tener que soplarme las películas malas y pésimas que ponen en esos pequeños televisores encima de nuestras cabezas, no se podía evitar verlas o escucharlas, imposible dormir así.

 

Últimamente, los pasajeros provistos de teléfonos celulares de moda, caros y elegantes, conversaban en voz alta durante las dos horas y media del viaje.  Me enteraba de sus conflictos y problemas personajes, sin desearlo.

Pocas veces, un niño recién nacido iba a bordo y no paraba de llorar todo el trayecto, por más que los pasajeros suplicábamos a su santa madre que le diera teta a su cría.

 

En uno de tantos viajes, una pasajera, bonita, joven, y muy elegante, iba sentada a mi lado, y de pronto empezó a convulsionar por una crisis epiléptica. Solo atiné a ponerle un pañuelo entre la boca para evitar que rompiera su lengua. Cuando las convulsiones cesaron, la linda damita se paró en el pasillo y agradeció a todos su pronto auxilio y se disculpó muchas veces. Se peinó y volvió a su asiento como si nada hubiera ocurrido.

 

En otra ocasión íbamos muy pocos pasajeros a bordo. Y un joven adolescente con síndrome de Down iba con su progenitura, atrás de mí. No padezco de incontinencia urinaria, pero voy varias veces a orinar al WC del autobús.

 

Pues resulta que el adolescente con síndrome de Down pidió a su madre ir al sanitario y se fue solito. Y pasaron los minutos, muchos, y el chico no salía del baño. Y las urgencias de varios pasajeros se hicieron patentes ante su madre. Transcurridos 50 minutos. Por fin pudieron sacar al chico, que no sabía abrir la puerta del baño o quitarle el seguro que él mismo activó.

 

El chico adolescente con síndrome de Down al salir del baño ocasionó la carcajada general. Se había enrollado en todo su cuerpo varios rollos de papel higiénico, como si fuera una momia egipcia. Acabó con la dotación de papel de baño, y el chico feliz y sonriente nos abrazaba a todos después de su encierro involuntario.

 

La última vez que salí de Querétaro hacia la Ciudad de México

Un terrible accidente entre varios tráileres taponó la autopista en dicha dirección.  El conductor recibió una llamada telefónica y nos anunció que tomaría rutas alternas, secundarias, pero que llegaríamos a nuestro destino.

Y así fue, arribamos a la CdMx siete horas después, hartos, y hasta la madre del fastidio por ir puébleando .

 

No he vuelto a Querétaro desde aquellos años. Y pienso volver, sí, pero en helicóptero o en avión.

Foto: Especial

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