mayo 13, 2021

Rusia ante el regreso Imperialista y la Nueva Guerra Fría

Rusia ante el regreso Imperialista y la Nueva Guerra Fría

 

Elisabeth Hellenbroich en MSIA INFORMA

Este artículo es un breve comentario sobre el ensayo de Serguéi Karaganov, “Un mundo a la espera”, su respuesta a lo que es dado en llamar, “Trampa de Tucídides”. Karaganov es decano de Economía Mundial y Asuntos Internacionales de la Universidad Nacional de Investigaciones de Moscú y presidente honorario del Presidium del Consejo de Política Exterior y Defensa de la Federación Rusa. Su trabajo será publicado en la revista Russia in global affairs (No. 2, 2018).

 

En el ensayo el estratega ruso describe algunas referencias fundamentales sobre la futura política exterior de Rusia. El documento adquiere una especial relevancia en el marco de la “Nueva Doctrina de Seguridad Nacional 2017,” recién presentada por el presidente estadounidense, Donald Trump, la cual desencadenó fuertes protestas tanto del gobierno ruso como del Chino.

 

El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, calificó las acusaciones contra Rusia de un regreso “imperialista” a la era de la rivalidad de las súper potencias, la Guerra fría. En Valdai Newsletter, varios comentaristas califican la Doctrina de un regreso a la “Doctrina Bush,” en consonancia con el credo “América primero”. China y Rusia, además de algunos estados “fuera de la ley,” como Irán y Corea del Norte, según esto, son los principales “adversarios,” “competidores” o “enemigos” de Estados Unidos. Las tesis de Karaganov, en este momento de tensión internacional, son dignas de tomarse en cuenta.

 

Derrumbe simultáneo de demandas mundiales y regionales

Karaganov inicia su ensayo destacando que, durante más de una década, la mayoría de los sistemas de relaciones internacionales del mundo están en decadencia, y tomará décadas la sustitución de este escenario por uno nuevo. Para él, el principal desafío de Rusia es usar la oportunidad estratégica e influenciar en la formación de un nuevo orden mundial, y evitar una gran guerra.

 

Una orientación esencial es el “pivote para Asia,” en el cual deberá valorarse el concepto principal de sociedad mundial contenido en la Gran Eurasia. Aunque no se espere una gran mejoría de las relaciones con la Unión Europa (UE) y con los Estados Unidos, a causa de la situación interna de la comunidad occidental, Karaganov indica que la política rusa debe ser “flexible”, con una orientación firme de largo plazo tendiente a construir un orden mundial no tanto en la década de 2020, sino en las de 2030-40.

 

Para Karaganov, el derrumbe simultáneo de los sistemas mundiales y regionales en la última década implica:

  • El derrumbe de la dominación de 500 años de Europa y de Occidente en la política, la ideología y la economía. En consonancia con esto, el proclamado “orden mundial liberal” también está arruinado, luego de las derrotas políticas en los conflictos de Afganistán, Irak, Libia y Siria, lo que irritó muchísimo a sus arquitectos.

En las dos siguientes décadas, afirma, la humanidad “aprenderá una nueva historia de la civilización y no será escrita por lo europeos.”

  • Ante el derrumbe del orden mundial económico en los años mil novecientos noventa, la confrontación bipolar “se está desvaneciendo,” aunque los estadounidenses y “parte de los dóciles ‘nuevos europeos’ (expresión con la que los “neoconservadores” estadounidenses se refieren a los países del Este europeo –n.e.) intentan renovar las divisiones de Europa. A Europa occidental le gustaría evitar la confrontación, pero todavía está presa en los lazos transatlánticos por los cuales su seguridad está pagada por los estadounidenses.
  • Estados Unidos, por su parte, procuran distanciarse de Europa, al mismo tiempo que desean mantenerla dependiente. Intentan sitiar a China por el Sur y por el Este, para debilitar sus posiciones, con la amenaza de obstaculizar sus rutas comerciales y de abastecimiento de energía del océano Índico y de los mares del Sur, mientras que –desafiando toda lógica de política exterior razonable- empujan a Rusia y a China a una alianza de facto.

 

Lo nuevo en la observación de Karaganov es su énfasis en China, “probablemente se convertirá en la potencia mundial número uno en diez o quince años.” Él se remite a la expresión “Trampa de Tucídides,” empleada últimamente en los debates entre historiadores y estrategas, para anotar la alta probabilidad de guerra entre una potencia dominante y una ascendente.

 

“La presión del Este y del Sur y la rivalidad ampliada con Estados Unidos obligan a Pekín a orientarse hacia el Oeste y el Suroeste. Esto tendrá un efecto doble. Por un lado, estimulará el surgimiento de nuevas zonas de desarrollo en la Eurasia central y la formación de una sociedad euroasiática amplia. Pero, por otro, reforzará la tendencia opuesta, aumentando las preocupaciones de los vecinos de China por su poderío creciente.”

 

Una nueva política rusa y más activa para Europa

Por razones geopolíticas, Occidente está irritado con Rusia, pues es un símbolo de la pérdida de la “supremacía militar de Estados Unidos.” Luego de observar la dificultad de un breve descongelamiento de las relaciones bilaterales, describe cuatro posibles escenarios para el futuro de la UE:

 

1) La tentativa de mantener la alianza con Estados Unidos, la peor situación de los últimos tiempos.

2) El tanteo de independencia, con la búsqueda de su propia política de seguridad, aunque esto requiera enormes compromisos financieros y políticos y la revisión de los principios del proyecto europeo. Esto puede llevar a una relación más cercana con el Oriente, para responder a los desafíos reales o a una política anti-rusa (en tanto que la UE intente mantener el vacilante proyecto europeo con la ayuda de las sanciones).

3) Una sociedad con la Gran Eurasia sin ruptura con Estados Unidos. Pero esta sociedad se fundaría en principios políticos y valores diferentes de los de la UE.

4) Seguir tapando agujeros, al tiempo que enfrenta el riesgo de un desgaste mayor del proyecto europeo.

 

Karaganov concluye “todos los escenarios antes mencionados exigirán que Rusia busque una política nueva y más activa en relación con Europa.”

 

Desafíos de seguridad

“Mientras la estabilidad estratégica está en declinación, el peligro de un conflicto nuclear aumenta,” afirma Karaganov, adelantando, “si la presión sobre Irán continúa, tarde o temprano, esta nación terminará por conseguir armas nucleares. Muy probablemente seguido por Egipto, Arabia Saudita, Corea del Sur y, con mucha seguridad, Japón, que irá tras las huellas de Corea del Norte y obtendrá sus propias armas nucleares.”

 

También menciona el surgimiento de nuevos tipos de armas. Además de las armas nucleares, cuasi nucleares y convencionales, armas cibernéticas, adquiriendo una naturaleza estratégica, pues pueden causar daños a naciones enteras, y armas genéticas, todavía más extrañas. “Todo esto está sucediendo en un momento en el que el antiguo mecanismo de control de armas nucleares y de diálogos correspondientes se está desmoronando. No hubo prácticamente ninguna discusión seria sobre las nuevas amenazas,” además de existir una alarmante “falta de diálogo y confusión intelectual entre la mayoría de las élites.”

 

Rusia y su papel en la formación de un nuevo orden internacional

Karaganov analiza la política exterior rusa en los últimos años, calificándola de una historia de éxito: “Rusia fue esencialmente exitosa en la política exterior e hizo uso de las ondas históricas: la renacionalización, la ‘soberanización,’ la reacción negativa a la globalización en cualquier sociedad y el creciente papel del factor del poder militar. La soberanía, poner en primer lugar las cuestiones de seguridad y los principios tradicionales están nuevamente en auge, lo que significa que lo social y lo público prevalecen sobre los intereses individuales.”

 

En relación con las intervenciones de Rusia en Crimea, Karaganov resalta que esto “interrumpió la expansión del bloque occidental, que venía cambiando el equilibrio de poder en detrimento de Rusia, mientras que Siria permitió que Moscú recuperase su condición de jugador de categoría superior. Rusia estableció relaciones esencialmente aliadas con China, destinada a convertirse en la primera potencia mundial en el futuro cercano. La parte principal de la élite rusa cambió su identidad geoestratégica, abandonando la marginalidad europea, preparada para convertirse en una autoimagen euroasiática y central. En otras palabras, se está modernizando para ajustarse a la actual y la futura situación mundial. Al haber sobrevivido a la ola de hostilidades y de sanciones, Rusia también salió moralmente victoriosa.

 

Vulnerabilidad en el flanco económico

Además de la amenaza de guerra objetivamente creciente, Karaganov identifica algunos aspectos de debilidad rusa, la “falta de una estrategia sólida de progreso y de crecimiento económico y social, o, incluso, el deseo de promover una.” Advierte: “Si el estancamiento continúa, cualquier trastorno geopolítico arruinará el aura de vencedores, y expondrá las debilidades económicas. (…) A Rusia le falta no sólo una estrategia atractiva para su propio desarrollo, sino una imagen positiva del futuro orden mundial.”

 

De la misma forma, se debe evaluar su observación, “Rusia (así como China) no está llenando el ‘vacío ideológico’ creado por el desplome de casi todos los sistemas internacionales.” Por ello observa que además de fortalecer su propio potencial de disuasión, Rusia no tiene una estrategia coherente para elevar el grado de seguridad internacional, que se encuentra, al mismo tiempo, sometido a fuertes tensiones y a la amenaza del derrumbe total.

 

“No hay cómo esperar el levantamiento de la mayoría de las sanciones en un futuro previsible, en especial las estadounidenses. Pero el estado actual de las relaciones también es contraproducente y perjudicial.” Por ello, Rusia necesita “cambiar su sistema de coordenadas,” mirar la situación desde un ángulo diferente y “desistir de la obsesión” con Occidente, tanto en la forma pro occidental como en la anti occidental.

 

La construcción de un nuevo orden mundial equilibrado

“La caída de los órdenes internacionales existentes requiere de una participación activa y creadora en la construcción de un nuevo orden equilibrado.” La piedra angular de la estrategia de Rusia, afirma Karaganov, debe ser el “liderato consciente para evitar una nueva guerra y para la transformación.”

 

Esto se debe alcanzar con el estímulo de fuerzas y de doctrinas de disuasión y con el ofrecimiento de “iniciativas conjuntas para que los principales países refuercen la estabilidad internacional. Es importante que esto no se de tan sólo por medio de las negociaciones tradicionales de control de armas (aunque ellas también pueden ser útiles y sus resultados anteriores se deben mantener), sino formulando e imponiendo un mecanismo de diálogos que aumentará la transparencia y reducirá el riesgo de conflictos accidentales o de su agravamiento.

 

Si Estados Unidos se resisten, Rusia y China deberían iniciarlo sin ellos, y deberían invitar a otros estados a unirse. De la misma forma, propone la realización de “diálogos no oficiales con estadounidenses, chinos y con especialista de otros países sobre cómo fortalecer la estabilidad mundial.”

 

Puesto que la base del futuro orden mundial se está construyendo por medio de la disuasión mutua y del diálogo entre las principales potencias, ellas pueden comenzar a analizar sus principios: cooperación, respeto de la soberanía y de la integridad territorial, libertad de elección política, culturales y de principios, anota Karaganov. Rusia debe revivir la tradición legalista -el compromiso con el Derecho Internacional- que fue dejada de lado por la reacción a la “ley de la selva” predominante durante la era del “orden mundial liberal.”

 

Sin embargo, la “opción más promisora para los años siguientes sería profundizar en el pivote hacia Oriente, para crear la sociedad amplia de la Gran Eurasia.” Resalta que “Rusia y China reiteran su disposición a unir fuerzas con otros países, con el fin de construir una sociedad amplia en Eurasia.” Rusia apoyó la Iniciativa Cinturón y Ruta china, capaces de ofrecer más bases económicas al proyecto de la futura sociedad. No obstante, también advierte sobre algunas fallas propias del carácter ruso, su tendencia de conseguir un avance y luego relajarse.

 

La sociedad euroasiática requiere de un trabajo sistemático por medio de una interacción activa, principalmente con China, India, Japón, Corea del Sur y los países miembros de la Unión Económica Euroasiática (EAEU), de la Organización de Cooperación de Xangai (SCO) y de la Asociación de Naciones del Suroeste Asiático (ASEAN). En la siguiente etapa, en tres o cuatro años, se debe complementar la nueva política mejorando las relaciones con los principales países europeos y la UE, un esfuerzo para involucrarlos en el ambicioso proyecto euroasiático, atendiendo el diálogo EU-EAEU, la creación del triángulo de paz y de desarrollo China-Rusia-Europa, donde Rusia sería el elemento de ligazón y de equilibrio.

 

Al final, el estratega hace una fuerte advertencia, Rusia “no debe repetir los errores del periodo de 1920 a 2000, y tratar de fortalecer la relaciones con Europa por medio de instituciones de la Guerra fría,” específicamente, la Organización para la Seguridad y la Cooperación de Europa (OSCE) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Estas se deben usar instrumentalmente, donde quiera que puedan ser eficaces, por ejemplo, para regular crisis y evitar conflictos, “pero de otra forma deben ser apartadas.” Sería igualmente deseable mejorar las relaciones con Estados Unidos, pero esto dependerá de la situación política interna de Estados Unidos y tomará tiempo, pero el grado de tensión se debe reducir siempre que sea posible y Rusia debe buscar salir de los conflictos actuales y mantener distancia de los nuevos. Logró todo lo que podría ser posible en Siria y en Ucrania, e, inclusive, lo superó por mucho en esta última región.”

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