¡Qué tacaño!, un agradable oasis en un género en que lo vulgar ha sentado sus reales (videos)

 

(Radin!, Francia, 2016. Dir.: Fred Cavayé. Color, 92 min. Comedia de avaricia y familia perdida.)

 

EDUARDO MÓRLAN / @KORMORAN13

La avaricia es un mal universal que afecta a la humanidad y hay un amplio vocabulario para describir a la persona afectada por ella. En México decimos que esa persona es “codo / coda”, en Galicia se le dice “amarreta”, en inglés se le dice “stingy”… y ahora descubriremos que en francés se le dice “radin”.

 

De ellos, hay algunos en que esta situación es generada por haber vivido en la miseria y tener la idea de que se debe tener una reserva en caso de que los malos tiempos regresen, pero hay otros que hacen de esto una obsesión y una manía, con la consecuencia que su vida no es vida, porque no terminan disfrutando lo que tienen, además de crearse un mal ambiente con la gente que los conoce.

 

¿El mejor ejemplo? El personaje de Harpagón de la obra teatral “El avaro” de Molière.

 

Pues un caso parecido es el que el director Fred Cavayé (FC) nos pone en pantalla con “¡Qué tacaño!”, un film que lo mismo nos hará carcajear que reflexionar. Pasemos a ver lo que nos muestra en pantalla.

 

 

LA TRAMA

La película inicia cuando una pareja está discutiendo, pues la mujer está por dar a luz y el dinero brilla por su ausencia, ya que el hombre lo ha empleado en comprar telebrejos inservibles y no se preocupó por comprar comida. El feto escucha esto y luego de nacer, convierte la idea de no gastar en la rutina de su vida, aunque tiene que recurrir a cosas poco agradables para continuar así, algo que no le hace muy popular con quien le conoce.

 

Ya crecido, este hombre que se llama François Gautier (Dany Boon) se convierte en un virtuoso violinista que trabaja en una orquestina, en la que es tristemente famoso porque NUNCA se digna cooperar para las celebraciones y escapa a hurtadillas al saber que alguien le viene a pedir. Su más corrosiva crítica es la contrabajista Julie (Anne-Sophie Girard).

 

Luego vemos la actitud y comportamiento de François en su vida cotidiana, que deja mucho que desear y le ha ganado enemigos de a montón.

 

 

Sin embargo, a su vida llega una guapa chelista tímida que es Valérie (Laurence Arné). Desde el principio se ve que ambos se atraen, pero François no deja de ser pesimista respecto a sus relaciones cuando no quiere ver que él mismo genera lo que le sucede.

 

Lo cierto es que, para solucionar este tipo de cuestiones, François ha engatusado al empleado bancario Rémy (Nicolas Lumbreras), que hace de su oficina un diván de psiquiatra para auxiliar a este abusivo tipo.

 

La siguiente sorpresa es que otra mujer llegará a la vida del avaro y es una joven de 16 años llamada Laura (Noémie Schmidt), que es el resultado de su tacañería extrema y que le va a cambiar sus puntos de vista mediante su cariñosa actitud, inocencia e ingenuidad.

 

El resto de la cinta nos muestra la interacción de François con las 2 mujeres y cómo puede darse un cambio en alguien que se supone empedernido en sus negativas convicciones.

 

 

GÉNERO EN DECADENCIA

Ya he citado en varias reseñas que considero que la comedia es un género en decadencia y que parece ser que los que están dentro de él se empeñan en seguirlo vituperando y enterrando en el oprobio con burlas racistas, xenófobas, homofóbicas y demás.

 

Tenemos el caso del antipático Sasha Baron-Cohen y en México de la lamentable Sofía Niño de Rivera que tiene que usar leperadas y tirarle con saña a la gente de Chihuahua para hacer “reír” a su  “auditorio”. Por desgracia, es apenas una poco edificante muestra de una horda de gentuza semejante a ella.

 

Resulta muy raro encontrar una comedia que no recurra al uso de vulgaridades ni escatología y en el caso de la película analizada es algo de admirarse y alabarse, por lo que hay que felicitar al director FC por haber logrado primero que nada una historia original y muy bien manejada en “¡Qué tacaño!”, a pesar de que calca 2 elementos narrativos de “No se aceptan devoluciones” (Dir.: Eugenio Derbez, 2013).

 

Esta narración mezcla comedia y drama sabiamente y las genera por lo amarreta/codo que es el protagonista principal. De hecho, las mentiras hacen que todo le cambie favorablemente y también generan un cambio en la gente a su alrededor.

 

Dani Boon se reivindica luego de su intervención en el bodrio llamado “Lolo, el hijo de mi novia” y vale la pena recordarlo como el ordenanza compasivo y soñador de “Feliz navidad” (Joyeux Noël, dir.: Christian Carion, 2005).

 

 

UNA MIRADA DE PERSONAJES PINTORESCOS

La idea puesta en pantalla es que todo lo que vemos es la actitud radical de François con lo que fue la de su manirroto y poco previsor padre. Lo cierto es que esto no le granjea simpatías con nadie por miserable y egoísta, siendo considerado odioso y despreciable.

 

Paradójicamente, se enamora de Valérie, con lo que debe encarar el que uno quiere conquistar a la mujer de sus sueños cubriéndola de oropel y dándole mucho más de lo que ella necesita… o se merece. Los arreglos de la invitación a cenar y la vuelta de tuerca por parte de la mujer generan situaciones que resultan simplemente ingeniosas y graciosas… si es que eso no le pasa a uno. Esta mujer es el cómplice musical ideal del avaro y lo ama incondicionalmente.

 

Laura funciona como una sutil hada madrina que le va a componer muchos entuertos a François. Es ingenua y bien intencionada a pesar de haber crecido con una falsa imagen de François para evitarle desilusiones. Sin embargo, ella lleva un interés muy oculto al establecer contacto con el tacaño. La caracterización de la suiza Noémie Schmidt es creíble y no cae en el estereotipo de un ser papanatas.

 

Schmidt se dio a conocer en México con “La estudiante y el señor Henri”, en la que interpretaba a una fulana bastante idiota que se autosaboteaba con su incapacidad y estudiada torpeza en lo que se refería a su desarrollo profesional y personal, pero que era a la vez era una tipeja zorruna cuando veía a un hombre que le gustaba y que de antemano sabía que la desilusionaría.

 

Es por eso que el papel de la mujer en esta narración es la de redimir a una oveja descarriada, si bien se tienen ejemplos poco dignos como el de la contrabajista, que es una diabla y Carole, madre de Laura (Karina Marimon), que no sin cierta justificación es una tipa manipuladora.

 

 

Los papeles de los hombres tienen caracteres más variados: lo mismo encontramos a un sarcástico y sofisticado mesero (Laurent Saint-Gérard) en el restaurante de mariscos que al vecino Cédric (Patrick Ridremont), que resulta ser abusón con la aprobación de Laura. También se cuenta con la participación de Christophe Canard como el violinista Gilles y Christophe Favre como el director de orquesta Demeester.

 

Ya es costumbre que en un film europeo encontramos los ya antes mencionados excelentes actores en papeles secundarios, que son los que respaldan y consolidan la interpretación de las estrellas.

 

El remate de ellos es la guapa Stand-Up Comedian Anne-Sophie Girard -esperemos que no haga papelones en escena siendo simple y vulgar como el caso de la tal Sofía Niño de Rivera- hace su debut en cine con el papel de la venenosa contrabajista Julie y la sabe interpretar a la perfección, pues se hace odiar profundamente en los escasos momentos en que se le ve, para que al final Valérie le aconseje: “Du kannst deinen Kontrabass durch den Arsch stecken” (para que aprendan cómo se dice en alemán).

 

 

UNA BUENA IDEA

El que en esta cinta se haga central el concepto de que el defecto de un egoísta paradójicamente trabaje a su favor y al de otros es simplemente GENIAL, como la tensión que François sufre antes de tocar “Las 4 estaciones” de Vivaldi y que le hace llevar a todos al desastre, en especial al director de orquesta sustituto… pero que curiosamente funciona en beneficio de todos. La generosidad se ve imbuida en François radicalmente al final por una cuestión de cariño filial con Laura.

 

François cae en el extremo de vivir en la paranoia y no poder disfrutar de la vida -a pesar de que tiene 250,000 euros en el banco- ni darse el lujo de celebrarse de vez en cuando, pues todo busca que sea gratis o barato… y en ello no se puede tener mucho júbilo o disfrute.

 

La actitud que observa en su casa me recordó la cita que hizo el escritor suizo Robert Walser: “Sirvientes: hagan sus labores en las tinieblas para no gastarles velas a sus amos”.

 

Las situaciones que la tacañería de François genera lo ponen en evidencia y lo peor es que Valérie se da cuenta de ello, con lo que se desilusiona.

 

Por su parte, los que ya lo conocen simplemente confirman la baja opinión que este tipo genera.

 

Sin embargo, Valérie es una mujer que lo ama realmente, pues le perdona y no lo deja solo, a pesar de que François no hace mucho por rehabilitarse.

 

La secuencia de la cena es de antología y demuestra que François es ingenioso, aunque de manera torcida y hay que alabarle que es un violinista excepcional, aunque por desgracia no tenga mayores atributos que hacerle notar.

        

La intervención de Laura en la junta de vecinos va a ser decisiva para que cambien en la forma en que tienen considerado a François, a pesar de que la explicación se basa en algo ficticio. Curiosamente, los mismos vecinos dan un giro de 180 grados al ver que dar es algo que realmente beneficioso para ellos y los demás y lo encausan por medio del antes despreciado vecino. 

 

Todos estos detalles no son sino el producto de un MARAVILLOSO Y BIEN PLANEADO guión, en especial el excelente casting de los papeles de apoyo, como el de Cédric, el vecino que le empieza a abrir los ojos con respecto a la familia y la paternidad y el del sabio y compasivo Rémy, que le sirve literalmente de paño de lágrimas sin salario al protagonista principal.

 

Un detalle que me molestó al final: el que los mexicanos aparezcan con el estereotipo típico y que además con características francesas, pues los alcaldes de la nación gala traen puesta la cinta tricolor y aquí solamente la porta el Presidente.

 

 

EL DIRECTOR FRED CAVAYÉ (FC)

FC se inicia como fotógrafo de moda y luego se inclina por hacer varios cortometrajes: “Jean-René” (1996), “J” (1999), “Chedope” (2001), “à l’arraché” (2003) y el prólogo de “Los infieles”.

 

También es guionista (La Guerre des miss, dir.: Patrice Leconte, 2008) y ha participado como tal en todas sus obras, aunque hay que hacer notar que no se le ve una congruencia en los temas que escoge.

 

Su ópera prima es “Por ella” (Pour elle, 2007), una buena idea que derivaba en un bodrio lamentable y que para rematarla fue refriteada por el yankee Paul Haggis con el nombre de “Los 3 próximos días” (The Next 3 Days, 2010). Para 2010, reúne a los actores Gilles Lellouche y Roschdy Zem en el thriller “à bout portant”.

 

Luego le siguen en el 2014 “Mea Culpa” y remata en 2016 con la cinta analizada, que se genera de una idea de Olivier Dazat y que desarrollan los guionistas Laurent Turner y Nicolas Cuche.

 

La fotografía es de Laurent Dailland, la edición de Yann Malcor y la música del germano Klaus Badelt.

 

 

CONCLUSIÓN

Un SOBERANO taquillazo en Francia, “¡Qué tacaño!” resulta ser un agradable oasis en un género en que lo vulgar y grosero han sentado sus reales desde hace tiempo.

 

Si bien el tema que trata es desagradable a nivel humano, se ha desarrollado de manera brillante de manera de generar risa y a la vez, hacernos pensar.

 

Las bromas y situaciones chuscas tienen mucho de inocentes, que es como la comedia debiese tratarse en vez de hacer burla de otros y tener detalles desagradables y poco decentes.

 

Las actuaciones son de primer nivel y vuelvo a alabar el gran papel de los actores secundarios, que enaltecen la labor de los principales y brindan consolidación a la historia.

 

Pues no queda sino recordarles que Amarok Films tiene un exquisito gusto para escoger el material que pone en pantalla y, sobre todo, que rompe el patrón de que sea de Hollywood, por lo que podemos ver otro tipo de cine, lo cual es bienvenido al poder valorar lo que se hace en Europa. Va un saludo y público agradecimiento para Cristina Vargas Vértiz, directora de mercadotecnia de la distribuidora por su apoyo en la función de prensa.

 

Más alabanzas son innecesarias: si quieren pasar un agradable fin de semana familiar o en pareja, “¡Qué tacaño!” es la mejor recomendación que les puedo hacer para pasar un hilarante buen rato.

 

 

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