#PostalesChilenas: De #Pinochet a #PatricioAlwyn; de #Notimex al #vinotinto y el #CaféConPiernas

 

En el año 1990, Chile restableció relaciones diplomáticas con México, rotas 18 años durante toda la dictadura de Pinochet. Venezuela se encargó de los asuntos mexicanos en ese largo periodo. Un año antes, el dictador Pinochet perdió el referéndum con un tremendo NO de más de la mitad de los chilenos.

 

Fui nombrado como director regional para América del Sur, por parte de la agencia de noticias del estado mexicano NOTIMEX. La elección de Chile cómo sede de la agencia en Santiago, se debió a que el entonces su director general era un chileno. Lo que correspondía en una buena lógica era instalarla en Buenos Aires, Argentina.

 

Volé a Chile

En un moderno avión de Lan Chile, fue México-Santiago sin escalas, vuelo de 10 horas.

 

Llegué al aeropuerto internacional Arturo Merino Benítez, en Pudahuel. Un aeropuerto modesto y muy pequeño, con una infraestructura obsoleta.

 

Me instalé en el centro histórico de Santiago, en un hotel a dos cuadras de Plaza de Armas, un edificio moderno de 10 pisos con elevador.

Mi primera noche en Chile y hubo un fuerte sismo, que causó alarma, y como siempre permanecí en mi habitación a oscuras.

 

Al día siguiente

Tomé posesión de mi cargo regional, ante funcionarios del gobierno mexicano que viajaron ex profeso para eso. Con funcionarios chilenos también de alto rango. La elegante oficina de NOTIMEX estaba ubicada en una torre moderna de 16 pisos cubiertos de vidrios oscuros en la Calle de Catedral número 10, frente a Plaza de Armas, a un costado del antiguo edificio de Correos de Chile, y contra esquina de la Catedral metropolitana.

 

A los pocos días de estar en Chile conseguí en renta un penthouse en un edificio moderno de la comuna de Providencia, en un barrio elegante. Viví en Carlos Antúnez esquina con Tobalaba, muy próximo a la embajada de México.

 

Me puse a las órdenes del excelentísimo señor embajador mexicano don Horacio Flores de la Peña, quien me encomendó realizar labores de prensa y de apoyo al agregado de cultura, para la realización de actos artísticos con gente de México.

Pedí una cita con el nuevo presidente civil de Chile, el demócrata Cristiano Patricio Alwyn. Y me la concedió de inmediato y le hice una entrevista para los medios latinoamericanos suscritos a NOTIMEX.

 

Llegué en pleno invierno, frío muy frío, con ropa inadecuada

Por vez primera tuve que comprar ropa usada, un abrigo especial para clima invernal, en una tienda de ropa usada traída de Canadá. Mi vestimenta era un traje de alpaca, sombrero, abrigo, bufanda, guantes, y ropa interior para esquiar en la nieve, calzoncillos largos y calcetines de lana.

 

Como un hombre de rutinas y costumbres, encontré de inmediato las cafeterías de mi agrado. En el Paseo Ahumada, hay varias cadenas de cafés. A mi me gustó el Café Haití, con chicas en minifalda, al igual que todas las otras cafeterías del centro de Santiago.

 

Las cafeterías de Santiago se conocen como Café con piernas, con chicas jóvenes y muy guapas que es el único requisito para despachar café. No hay mesas, nadie se puede sentar cómodamente a charlar con un buen café, no, eso no es posible.

Se bebe café parado detrás de la barra donde están las chicas. Las tazas son diminutas y siempre se acompaña de un vaso pequeño de agua mineral o soda.

 

Es fácil observar

Que los clientes en 99% son varones oficinistas, empleados de gobierno o de empresas privadas del rumbo, quienes dejan generosas propinas a las lindas meseras (meseras sin mesas) que atienden ahí.

 

Ellas tienen sus clientes y los pelean hasta con los dientes de las otras meseras, me tico vivirlo a mi. Yo entraba y pedía un café a cualquiera de las chicas de la barra, me daba igual, pero un día una de ella me gritó,

Tú eres mi cliente, yo te serví ayer…

 

En Santiago hay miles de taxis y de buses urbanos, y el tráfico es caótico de día y de noche. El metro, entonces, contaba con dos líneas muy cortas, con pocas estaciones. La gente en el metro en un absoluto silencio, nadie habla , y si lo hacen es en voz baja, es una costumbre de la época de la dictadura, ya que podía haber soplones o confidentes de la policía muy proximidad a uno, y listos para delatarlos. Los hombres todos uniformados, pantalón gris Oxford y saco azul marino, corbata roja o azul.

 

Los chilenos usan uniforme para el colegio y luego siguen usándolo por costumbre, y las chicas muy recatadas, falda hasta la rodilla y blusas de colores no tan llamativos. Contrastan con las argentinas y brasileñas, todas sexis y desinhibidas en aquellos entonces.

Si en el metro uno escuchaba voces fuertes y sonoras, seguro eran pasajeros argentinos o brasileños. Pero nunca se escuchaban voces chilenas.

 

La dictadura impuso el libre mercado en todo

La libre empresa individual, y luego entonces cualquiera podía comprar un autobús y meterlo a circular en la ruta que quisiera, y también los taxis podían existir en cantidades exageradas.

 

Lo peor fue que muchos chilenos con algo de dinero podían abrir una universidad en el garaje de su mansión, y así surgieron varias universidades como hongos en primavera. Y persisten hasta hoy algunas de aquellas inauguradas hace más de 40 años.

La vida nocturna no existía, la gente se comportaba como si hubiera todavía estado de sitio o toque de queda, como en dictadura.

 

En verano el calor es insoportable y todo mundo huye de Santiago y  se largan al mar, a Valparaíso y playas aledañas. Santiago se  vacía y los restaurantes cierran por falta de clientela. Solo queda para extranjeros como yo, una tienda de departamentos, Falabella. Donde se puede tomar una nieve o un helado riquísimo.

 

Para los chilenos 

El verano significa playa, y el invierno la cordillera nevada para esquiar. Hice de todo, esquié con todo el equipo rentado, es toda una experiencia única para un sujeto tropical. Y fui a la playa con piedras y poca arena, y el agua fría. No a nadar, sino a tomar baños de sol nada más.

Bellavista, fue mi barrio bohemio favorito, cuna de artistas y cafetines simpáticos con música tropical, y es increíble descubrir que  al chileno le encanta la cumbia y el merengue dominicano

 

Hay un sitio agradable en Santiago, se llama los Dominicos, con un edificio con el techo de cobre, el mineral por excelencia de Chile. Había también una pista de patinaje, para  patines de ruedas.

 

Se me ocurrió patinar y alquilé un par de patines y me metí a la pista con docenas de chiquillos, la gritería la ocasionó mi presencia ahí, los niños vociferaban que había “Un viejito patinando ahí con ellos”, y debo aclarar que en ese año yo tenía apenas 46 años recién cumplidos. Y tenía el cabello negro, negrísimo.

 

Yo había sido instructor de patinaje en hielo en la Ciudad de México,, que fue una de mis múltiples ocupaciones de juventud. Se patinar, ¡sí!

Visitaba con relativa frecuencia las casas-museos de Pablo Neruda, poeta a quien admiré toda mi vida, y me fascinó especialmente Isla Negra. Esa casa-barco, repleta de colecciones absurdas, es increíble. No es el museo del horror, como otros museos del mundo.

 

Junto al embajador mexicano tuve el honor de dar El Grito de Independencia un 15 de septiembre, agitando la enseña nacional. Yo era el presidente de la Asociación de mexicanos residentes en Chile, ellos eran apenas unos 3 mil paisanos pero muy entusiastas, ellos llegaron a Chile antes de la dictadura de Pinochet. Nunca habían podido volver a su tierra. Muy lejos de México y muy cerca del Polo Sur.

 

La fiesta de independencia de Chile es el 18 de septiembre

Y en Santiago se celebra una ceremonia militar y una feria enorme en el parque O’ Higgins. Ahí estuve al lado de nuestro embajador mexicano, presenciando el desfile militar encabezado por el general Augusto Pinochet, y con un despliegue de fuerzas y armamento, dicen que por el temor a La Argentina, su vecino y rival, y que por eso se constituyó un gran ejército para defender a la patria chilena?

 

Pinochet se quedó como el Comandante supremo de las fuerzas militares chilenas. Y su poder se sentía aún en la vida cotidiana de la sociedad y en el gobierno civil, y dejó nada menos una Constitución Política  muy a modo del modelo neoliberal y de los intereses militares.

Prometí volver a Santiago, y eso no ha sido posible aún, después de más de 30 años.

 

Extraño las empanadas y el vino tinto, y los mariscos del Mercado Central, donde sirven el vino tinto a escondidas de la mirada de la autoridad, y por eso sirven el vino en tazas de café o en pocillos de peltre para disimular lo que todo mundo conoce. En Chile hay una buena variedad de vinos de diferentes viñedos famosos, y es más barato beber el vino que los refrescos embotellados.

 

El gobierno se lo alternan hoy la izquierda y la derecha. Después del 18 de octubre del 2019, una nueva revolución surge en el horizonte, y el cambio de modelo se hace necesario en un país que fue modelo de éxito económico para América Latina. Modelo roto por injusto y desigual. El estallido social hizo renacer la esperanza de un nuevo Chile, cómo lo soñó el compañero Allende.

¡Volveré!

 

*La Vaca Filósofa

Foto: Twitter Matthias Klatt @klattm