abril 21, 2021

¿Por qué #Brasil tiene 30 fábricas de #vacunas veterinarias y sólo dos de vacunas para #humanos?

¿Por qué #Brasil tiene 30 fábricas de #vacunas veterinarias y sólo dos de vacunas para #humanos?

Atrapado en la pandemia y en medio de la mayor crisis socioeconómica de su historia, Brasil se vio obligado a recurrir a abastecedores extranjeros para obtener las vacunas necesarias para inmunizar a su población y a disputar en la dura competencia por los productos disponibles en condiciones y precios que serían mucho más favorables si el país tuviese una producción propia.

 

Para agravar el problema, la fabricación de vacunas ya producidas en Brasil, Coronavac, socia de la empresa china Sinovac, con el instituto Butantan, y la Oxford-AstraZeneca, en sociedad con la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), dependen del abastecimiento de los esenciales Insumos Farmacéuticos Activos (IFA), importados en su mayor parte de China y de India. Ante dicho cuadro, se impone una pregunta: ¿Por qué Brasil, que tiene investigadores y laboratorios de excelencia en biotecnología y farmacología, además de ser una referencia mundial en campañas de vacunación, no invirtió en la creación de sus propias vacunas contra el coronavirus?

 

Un impactante reportaje de la BBC Brasil (“Coronavirus: Brasil tiene casi 30 fábricas de vacunas para el ganado y sólo dos para humanos” 24/02/2021). El reportaje informa que:

  • En la década de los años ochenta del siglo pasado, Brasil tenía cinco institutos aptos para la producción de vacunas; hoy sólo posee dos: Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) y Butantan;
  • De las 17 vacunas distribuidas actualmente por los dos institutos, tan sólo cuatro se fabrican totalmente en el país y no dependen de la importación;
  • En los años ochenta del siglo pasado, la producción interna de vacunas superaba el 50 por ciento; hoy no llega a 10 por ciento.

 

Sin embargo, estos datos se refieren a las vacunas para seres humanos. El cuadro es totalmente diferente en la fabricación de vacunas veterinarias, sector al que atienden 30 fábricas con más de 90 por ciento de autosuficiencia de los procesos productivos, y un grado de producción que permite la exportación a países de América del Sur.

 

El vicepresidente ejecutivo del Sindicato Nacional de la Industria de Productos para la Salud Animal (Sindan), Emilio Saldanha, confirma: “Toda la fabricación, de la simiente de trabajo del virus vivo al envase de distribución, se hace aquí. Para más de 90 por ciento de las vacunas dirigidas al ganado, el ciclo completo de producción ocurre en territorio brasileño. Hace treinta años que somos autosuficientes en las principales vacunas para el rebaño brasileño. Vacunación es sinónimo de competitividad”.

 

¿Qué explica la diferencia? Sencillo: como dijo Saldanha, la vacunación del ganado es sinónimo de competitividad -y de buenas ganancias, ya que Brasil es el mayor exportador de carne bovina del mundo.

 

La salud de los seres humanos, en lugar de ser un factor de competitividad y de ganancias de eficiencia, suele considerarse poco más que un abismo de gastos crecientes.

 

El deterioro de la industria de las vacunas es una demostración cabal de la desventaja que viven los humanos brasileños en el plan nacional. ¿Y que ocasionó ese virtual desmantelamiento de un sector crucial para el país? Respuesta: la mentalidad de “negocios” que ha prevalecido durante toda la “Nueva república”, apegada a los parámetros de la globalización y del neoliberalismo. Veamos como ocurrió.

 

Los antecedentes

El fundador y primer presidente de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), Gonzalo Vecina Neto, observa que la fabricación nacional de vacunas humanas experimentó un auge de inversiones en los años ochenta del siglo pasada: “En el régimen militar se llevó a cabo el modelo de sustitución de importaciones. Los militares hicieron el esfuerzo para ampliar la capacidad productiva local de insumos farmacéuticos y el pico se dio al final de los años ochentas”.

 

Por ejemplo, en 1985 se inició el Programa de Autosuficiencia de Inmunobiológicos (PASNI), cuyo objetivo era explícito en su nombre. Con él se transfirieron grandes recursos del Ministerio de Salud a cuatro instituciones de investigación: Farmanguinhos (Fiocruz), Butantan, la Fundación Ezequiel Días y el Instituto Vital Brasil.

 

Los resultados fueron rápidos y, en pocos años, el país comenzó a fabricar vacunas como la triple viral, fiebre amarilla, triple bacteriana, poliomielitis, tuberculosis (BCG) y hepatitis B.

 

Vecina Neto, agrega que, sin embargo, más tarde los gobiernos que generaron la presente situación es faltó visión estratégica “El boom de la commodities estimuló a los gobiernos a navegar en aguas tranquilas y a confiar en la exportación de productos agrícolas. ¿Por qué FHC y Lula no invirtieron en la autosuficiencia en vacunas? Falta de visión a largo plazo. Ninguno de los dos sacó el pie del corto plazo, del populismo local, de la reelección en el cuarto año”.

 

Sin embargo, la marea comenzó a cambiar en 1990 con la amplia y descuidada apertura comercial promovida por el gobierno de Fernando Collor de Mello (1990-92), la cual abrió las puertas a la entrada irrestricta de productos importados, inclusive inmunizantes. El resultado fue el cierre de empresas y de institutos, dejando tan sólo a Butantan y Farmanguinhos en la producción de vacunas, con índices nacionales cada vez menores.

 

Vecina Neto , hoy profesor de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Sao Paulo (USP), señala: “La apertura de la economía en el gobierno de Collor se hizo sin cuidado, sin verificar cómo los diferentes segmentos resultarían afectados. En la industria farmacéutica, lo que hicimos fue secar la capacidad de producción nacional y comenzar a importar todo por medio de las multinacionales”.

 

Fue ese el momento en que China e India comenzaron a despuntar en el escenario mundial como grandes exportadores de toda suerte de productos baratos, entre ellos inmunizantes y otros insumos farmacéuticos.

 

En palabras del gerente de Sociedades Estratégicas y Nuevos Negocios de Butantan, Tiago Rocca: “Brasil comenzó a importar a gran escala IFA, moléculas pequeñas y otras materias primas usadas para fabricar vacunas, El problema es que las inversiones no acompañaron a la competitividad y a la apertura. Importamos actualmente cerca de 90 por ciento de los insumos inmunobiológicos.

 

El ataúd de la industria sectorial recibió el proverbial último clavo en el gobierno del Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), con la creación de Anvisa en 1999. Con la agencia llegó un régimen más riguroso en materia de liberación de medicamentos y de reglas para ajustar a Brasil a los patrones internacionales más modernos de seguridad y calidad en la investigación -más que necesario, pero sin las contrapartidas de inversiones necesarias para la adecuación de la infraestructura productiva a los nuevos criterios.

 

Con esto, Tanto Butantan como Fiocruz comenzaron a importar vacunas que ya producían, como la Triple bacteriana acelular (contra la difteria) y la de hepatitis B. De las siete vacunas proporcionadas por Butantan en la actualidad tan sólo la de la gripe es de producción 100 por ciento nacional, y de las diez proporcionadas por Fiocruz, seis dependen de importaciones.

 

“Registramos la patente, tenemos la tecnología, pero necesitamos una fábrica nueva para producir esas vacunas de acuerdo con las mejores prácticas de Anvisa”, afirma Rocca.

 

La globalización

De acuerdo con los cánones de los “negocios”, el principal argumento contrario a las inversiones en la producción de las vacunas nacionales es que es más barato importar de China y de la India que construir una infraestructura para asegurar la autosuficiencia. De acuerdo con la Asociación brasileña de la Industria de Insumos Farmacéuticos (Aibquifi), en 2019, la balanza comercial de insumos farmacéuticos tuvo un déficit de 2 100 millones de reales. Y, debido a las más de tres décadas de penuria en el sector, la corrección de ese cuadro necesitaría de fuertes inversiones públicas, un anatema para los negocios, totalmente empeñados en el control del presupuesto federal para asegurar el servicio de la deuda pública -no por coincidencia desde 1990, el mejor “negocio” del país.

 

Por otro lado, la producción de vacunas veterinarias va viento en popa, por una combinación de factores, entre ellos, el programa federal de erradicación de la fiebre aftosa en 2026.

 

“El gran parque tecnológico se consagró a la producción de la vacuna contra la fiebre aftosa. Todos captaron recursos para la fabricación de esa vacuna y se produjeron, en los últimos 20 años, más de 6 200 millones de vacunas aquí en Brasil”, dijo Otto Mozzer, dueño de la empresa Allegro Biotecnología.

 

Además, las vacunas veterinarias tienen un costo de producción más bajo, tanto por las normas de licenciamiento del Ministerio de Agricultura, menos rigurosas que las la Anvisa, así como por el hecho de las dimensiones del rebaño nacional (cada uno de los 220 millones de bovinos brasileños necesita de dos dosis anuales de la vacuna contra la fiebre aftosa) lo que asegura un gran mercado consumidor, que no depende de gastos públicos, como el de los programas de vacunación del Ministerio de Salud.

 

Esto quiere decir que la protección del ganado recibió una atención, con programas del gobierno e incentivos de inversión, el cual escaseó en el sector de las vacunas humanas,

 

Con todo rigor, la reconstrucción de la industria de la salud tiene que caminar al lado de la aceleración de la universalización de la infraestructura de saneamiento básico, deficiencia histórica cuyas consecuencias fueron igualmente desenmascaradas por la pandemia. Tanto una como la otra tienen un elevado potencial positivo para corregir el estancamiento socioeconómico que se arrastra desde 2015, hecha todavía más inaplazable por el asalto del coronavirus.

*MSIa Informa

Foto: torstensimon

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