mayo 13, 2021

Orfandad estratégica de la #OTAN ante el hundimiento de la #hegemonía de #EU

Orfandad estratégica de la #OTAN ante el hundimiento de la #hegemonía de #EU

MSIa Informa

Ya es un lugar común afirmar que después del fin de la Unión Soviética y de su alianza militar, el Pacto de Varsovia, en 1991, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se convirtió en una entidad cuyo principal objetivo ha sido la búsqueda permanente de una justificación a su existencia. Una de las finalidades encontradas fue la de convertirse en una especie de Legión Extranjera al servicio de los planes belicistas de Estados Unidos (siempre con el Reino Unido atrás de ellos), arreglo que recuerda en mucho a las legiones de los pueblos dominados por el Imperio Persa, obligadas a participar en las guerras de los reyes persas contra Grecia en el siglo V antes de Cristo. Esto ocurrió en los ataques contra la antigua Yugoslavia (1999), contra Afganistán (de 2001 hasta el día de hoy) y Libia (2011), y ha sido la constante en el cerco físico de la Federación Rusa, juzgada la sucesora de la URSS en calidad de adversario existencial de la alianza.

 

Por ello cada década que pasa la Alianza atlántica promueve la revisión de su pauta de justificaciones existenciales, aunque la verdad es que se trata tan sólo de la actualización de los planes aprobados en 1999 y 2010, los cuales formalizan la ampliación del abanico y del alcance de la OTAN, que ya no se restringe al Atlántico Norte, sin que se ha redefinido como una “gendarmería global”. Esta podría ser movilizada no sólo por acciones militares contra sus integrantes, sino también por pretextos varios: antiterrorismo, misiones “humanitarias”, combate del tráfico de estupefacientes, agresiones al ambiente, desastres naturales, amenazas a la democracia y una plétora de otras más.

 

La más reciente de esas revisiones se acaba de divulgar con el título de NATO 2030: United for a New Era (OTAN 2030: Unida para una nueva era). Como indica el nombre, se trata de una lista de recomendaciones para alinear las normas de conducta del organismo a lo largo de la década, con el fin de “reforzar el papel político y los instrumentos correspondientes de la OTAN para hacer frente a las amenazas y a los desafíos actuales y futuros de la seguridad de la alianza, emanados de todas las direcciones estratégicas (subrayado nuestro)”. ¡Más general, imposible!

 

El documento, de acceso público, fue preparado por un Grupo de Reflexión Independiente (sic), un reducido comité de especialistas encabezado por el ex ministro de la Defensa de Alemania, Thomas Maizière, y por A. Wess Mitchell, ex subsecretario de Estado para Asuntos Europeos y Euroasiático de Estados Unidos. Mitchell es también coautor de un libro curiosamente titulado, La doctrina del Padrino: una parábola de política exterior (“The Godfather Doctrine: a Foreign Policy Parable”), en el que compara las principales escuelas de relaciones exteriores estadounidenses con los hijos de Don Vito Corleone, resaltando que, como en el libro de Mario Puzo (y en la película de Francis Ford Coppola), el más joven, Michael, es quien tiene la orientación correcta para asegurar la supervivencia de la familia en un ambiente de dificultades nuevas y rápidamente cambiantes, con una combinación variable de “poder duro” y “poder suave”. No es necesario decir cuál es la línea propuesta para la preservación del “excepcionalismo” estadounidense en siglo XXI -y, por extensión, de la OTAN.

 

Como extensión del poderío militar de Estados Unidos, la puesta al día del ambiente estratégico de los pensadores de la OTAN no podía diferir de los conceptos establecidos por Washington, para cuyos estrategas el principal desafío para su inteligencia es la capacidad de Rusia y de China de oponerse a sus designios, a la que le pusieron la etiqueta de “retorno de la competencia de las grandes potencias” o “competencia geopolítica” estadounidense. Así pues, el documento de la Alianza estipula:

(…) La principal característica del ambiente actual de seguridad es la resurgimiento de la competencia geopolítica -esto es, la profusión y la escalada de rivalidades y disputas dispuestas en torno de territorios, recursos y valores. En la zona euroatlántica, la disputa geopolítica más profunda es la de Rusia. Aunque Rusia sea una potencia declinante, por medidas económicas y sociales, demostró ser capaz de realizar agresiones territoriales y, probablemente, seguirá siendo una amenaza de peso para la OTAN en la década por venir. 

 

En seguida viene China:

El creciente poderío y firmeza de China es otro gran acontecimiento geopolítico que está cambiando el cálculo estratégico de la Alianza. (…) China representa un tipo de dificultad para la OTAN muy diferente al que representa Rusia: a diferencia de esta, ella no es, en la actualidad, una amenaza militar directa para la zona euroatlántica. Sin embargo, China tiene un plan estratégico crecientemente mundial, apoyada por su peso económico y militar. Ha demostrado su disposición a usar la fuerza contra sus vecinos, además de la coerción económica y diplomática intimidatoria, más allá de la región del Indo-Pacífico. A lo largo de la siguiente década, muy probablemente, China desafiará también la capacidad de la OTAN de construir una flexibilidad colectiva. Salvaguardar infraestructuras críticas, enfrentar tecnologías nuevas y emergentes, como la 5G, y proteger sectores sensibles de la economía, inclusive las cadenas de abastecimiento. En un plazo más largo, es cada vez más probable que China proyecte poder militar mundial, hasta, en potencia, la región euroatlántica.

 

Entre las demás amenazas consideradas destacan:

  • -Las Tecnologías Emergentes y Disruptivas (EDT, por sus siglas en inglés), con énfasis en las armas supersónicas y las tecnologías digitales desarrolladas por China y Rusia;
  • -los cambios climáticos, que deberán “acelerar la escasez de recursos y la inseguridad alimenticia y de agua mundial”, además de provocar la “elevación del nivel de los océanos, la reducción de las masas continentales habitables y la aceleración de los flujos migratorios rumbo al territorio de la OTAN”. Además, habrán de aparecer nuevos teatros de competencia con la apertura de nuevos corredores de transporte en el ártico, “que los rivales geopolíticos están tratando de dominar y de explotar”. Asimismo, “en la medida que algunos aliados persiguen la neutralidad del carbono, la política de la OTAN tiene que profundizar su adaptación, incluso, con la adopción de tecnologías verdes”;
  • –pandemias como la del covid-19, capaces de provocar efectos nocivos “no sólo en la salud pública de las ciudadanías de la OTAN, sino también la flexibilidad y la seguridad sociales, tanto para reorientar la atención política y los recursos escasos, así como alimentar rivalidades y confrontaciones internacionales”.

 

En todo el texto se observa la repetición de los dos conceptos fundamentales que presentes en la estrategia hegemónica de los dirigentes de la alianza, ante todo, los angloamericanos: confrontación y supremacía militar elevados a los principios de las relaciones internacionales y de la escasez de recursos -vale decir, el escenario de “suma cero”, que tales grupos oligárquicos se muestran incapaces de superar.

 

Aunque no haya en el documento ninguna mención explícita a la erosión inocultable de la hegemonía estratégica de Estados Unidos, por todas partes aparecen menciones indirectas mal disfrazadas con el concepto de “competencia de grandes potencias” -al final de cuentas, sólo existe competencia entre fuerzas equivalentes. Este será, sí, la gran dificultad que tendrá que superar la OTAN en el futuro inmediato: buscar un leitmotiv en un mundo multipolar sin la hegemonía estadounidense.

 

Iberoamérica, debe prestar pisar con aplomo, no sólo para no dejarse enredar en sus maquinaciones contra las “competidoras geopolíticas” escogidas, sino, al menos, por su creciente interés en las cuestiones ambientales y climáticas. Téngase en cuenta, por ejemplo, la reciente divulgación del informe Clima y seguridad en Brasil, del Consejo Militar Internacional sobre Clima y Seguridad (IMCCS), una “organización no gubernamental militar” de militares retirados y de estrategas de los países de la OTAN, con sede en La Haya, que actúa con la abierta línea auxiliar de las disposiciones sectoriales de la Alianza en los campos ambiental y climático (MSIa Informa, 11 de diciembre de 2020.)

Foto: Especial

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