Nuevo mandarriazo arancelario contra México

 

Mouris Salloum George*

Apenas en nuestra entrega de ayer planteamos el siguiente escenario: Al plazo que impuso Donald Trump a México para cumplir los compromisos asumidos en materia de política migratoria, le restan 15 días; a la segunda campaña electoral del inquilino de la Casa Blanca, 400 días.

 

Nos referimos a la camisa de fuerza que el republicano le diseñó el 10 de junio al gobierno mexicano para no hacer efectivos aranceles a todos los productos que importan los Estados Unidos dese México.

 

Anoche mismo se produjo el mandarriazo arancelario asestado a México con el anuncio del Departamento de Comercio de nuevos gravámenes sobre el acero estructural que se exporta para la industria de la construcción, infraestructura portuaria y transportes del vecino país.

 

La acción fiscal tiene como principal blanco a China, pero de lleva entre las espuelas a México y relativamente a Canadá.

 

No es, la anterior, una sorpresa a la luz de la demencial veleidad del Presidente republicano. Lo que sí tiene visos de cinismo es el alegato del Calígula anaranjado: Se castiga a las empresas exportadoras chinas y mexicanas porque reciben subsidios de sus gobiernos.

 

Cinismo, repetimos, porque cuando Trump festejó el nuevo acuerdo comercial que suple el TLCAN, aseguró que el gobierno mexicano aceptó elevar la cuota de importación de productos agropecuarios desde los Estados Unidos.

 

No se puede vivir con tanto veneno

Desde que entró en vigor el primer TLC en 1994, México fue obligado a suprimir los subsidios públicos a los productores del campo. Washington no hizo lo mismo.

 

A mayor abundamiento, cuando Trump ordenó la ejecución de aranceles al acero y al aluminio mexicanos, ante la reacción de algunos empresarios de estados de la Unión Americana que podrían sufrir represalias de México, anunció subsidios de más de 20 mil millones de dólares a sus granjeros que exportan a nuestro país.

 

Allá, pues, los subsidios son buenos para apaciguar electoralmente a los productores rurales. Si México los restituyera, serían una acción de competencia desleal. El famoso dumping, tomado como coartada para castigar recientemente el tomate mexicano.

 

Es, pues, el sórdido juego del gato y el ratón, en el que México es el humilde roedor. No se puede vivir con tanto veneno, según canta Shakira.

*Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

Foto: AFP