Mujeres y jóvenes, las víctimas

 

Jorge Fernández Menéndez*

El asesinato de una joven estudiante de 18 años en el salón de clases del Colegio de Ciencias y Humanidades Oriente es sólo un capítulo más de la creciente violencia que se ejerce contra niños, niñas, jóvenes y mujeres en nuestro país, pero es también una demostración de que más temprano que tarde se tendrán que revisar los esquemas de seguridad en los territorios universitarios, otorgándole a la autonomía universitaria su verdadero papel, que es el de garantizar el gobierno pleno de la comunidad universitaria, la garantía de sus derechos a una educación libre, pública y laica y la libertad de cátedra, pero no de territorios en los cuales no puede ingresar ningún tipo de fuerza de seguridad. Ese vacío de autoridad es el huevo de la serpiente de muchas formas de violencia.

 

La violencia y la inseguridad en los territorios universitarios, sean de la UNAM o de cualquier otra casa de altos estudios del país, están a la orden del día, más aún en los CCH o las preparatorias, que es donde más actúan tanto los grupos criminales o el narcomenudeo y también las organizaciones radicales.

 

En el CCH Oriente no ha sido Aideé la primera joven asesinada. Hace unas pocas semanas, dos jovencitas fueron secuestradas al momento de abandonar el plantel y sus cuerpos, agraviados y mutilados, aparecieron días después.

 

La presencia de vendedores de droga es pública en todos los planteles, así como los hechos de violencia cotidiana.

* Escritor, periodista y analista político de origen argentino naturalizado mexicano.