septiembre 23, 2021

Mis temerarias aventuras en los Volcanes humeantes de Guatemala

Mis temerarias aventuras en los Volcanes humeantes de Guatemala

 

Bolivar Hernandez*

Guatemala es un país que posee 37 volcanes importantes a lo largo de su pequeño territorio, y muchos de ellos en constante actividad.

 

Esta peculiar topografía hace que sus habitantes tengan la osadía de escalar volcanes todo el año.

Yo no escapé de esa necesidad de subir hasta el cráter de algunos por insistencia de amigos y compañeros de la escuela.

Salvo en una sola oportunidad que vi la manera de ganarme unos pesos, fue que organicé una excursión al Volcán de Fuego con los estudiantes de la Normal Rural Pedro Molina de Chimaltenango, para ir a observar las explosiones y expulsión de lava ardiente de dicho coloso, muy cerca de la ciudad colonial de La Antigua Guatemala.

Conseguí rentar un autobús

Y llevar a mis compañeros a presenciar ese espectáculo nocturno del volcán en plena erupción. Cobré pocos centavos y pagué el alquiler del autobús, además tenía que llevar gratis a dos inspectores o prefectos de la escuela, para cuidar a las chicas normalistas que se inscribieron a la excursión .

 

En ese nutrido grupo de estudiantes, hombres y mujeres, iba mi amada novia, La Martita, e iba a ser la ocasión propicia de plantarle muchos besos en la boca, en la oscuridad de la noche aquella, sin censura de los prefectos .

Fue todo un éxito aquello porque todos mis compañeros estaban extasiados con el fenómeno espectacular que la naturaleza nos ofrecía esa noche; yo en cambio está ocupado en hacerle requiebros amorosos a mi novia La Martita, y diciéndole cosas ricas en sus oídos.

 

En ese viaje, yo tenía 18 años y La Martita, 17,  y ella tenía una inocencia pueblerina cuya candidez me conmovía bastante. Toda esa noche y madrugada nunca nos soltamos la mano.

Debo aclarar que nunca escalamos el volcán de Fuego, ya que llegamos en el autobús hasta un punto donde se podía observar perfectamente la erupción cómodamente.

 

En Guatemala escalé un par de volcanes por un afán de aventuras sin fin

Antes de ir a ver la erupción del Volcán de Fuego, algunos años antes subí al volcán Santa María para observar desde el cráter la erupción del Volcán Santiaguito muy próximos ambos colosos. Estos volcanes se encuentran en las cercanías de la ciudad indígena de Quetzaltenango, Xela, pues.

 

A los 15 años, junto a unos compañeritos de la secundaria, organicé la trepada al Volcán Santa María. Para ello conseguimos sacos de dormir y casas de campaña, y suficientes bastimentos: agua y comida, además de frutas frescas. Todos llevábamos en las espaldas unas pesadas mochilas de campaña, mochilas militares.

 

Éramos unos 10 chamacos intrépidos, y todos ellos muy enjundiosos, llenos de energía y mucha alegría, menos yo. A los pocos kilómetros de avance rumbo al volcán, mis compañeritos se adelantaron muy presurosos y yo me quedé muy rezagado; y como siempre yo sigo a mi paso lento la excursión.

Desde jovencito entendí que la vida aprisa no tiene ningún sentido, e intuitivamente empecé a vivir la vida con lentitud, a mi ritmo.

 

Mi mochila pesaba mucho, o así me lo parecía a mi, y empecé a devorar la comida de todos y el agua también, para aligerar el peso de la mochila en mis espaldas. Así que cuando llegué a la cima, muchas horas después del grupo, mis compañeritos esperaban sus sándwiches y sus aguas, y ya no había ni una cosa ni la otra.

Me odiaron y me insultaron por mi actitud egoísta y falta de empatía. ¡Y tenían toda la razón!

 

Observé desde esas alturas el volcán Santiaguito en erupción

Y los extensos valles y sus trigales del altiplano quetzalteco. Y cuando me percaté,  mis compañeritos habían desaparecido todos. Habían emprendido el descenso a toda velocidad sin parar hasta abajo. Me abandonaron en castigo a mi acto de comerme los sándwiches y las botellas de agua de todos.

 

Y antes de bajar por esa vereda zigzagueante y arenosa, imposible de evitar correr velozmente por la inclinación de la pendiente, me dije:

Esta es la última vez que iré a trepar un volcán aquí o en China, nunca jamás.

 

Y cumplí mi palabra hasta el día de hoy, y por eso tuve que rechazar varias invitaciones de mis amigas montañistas mexicanas para subir al Popocatépetl, a La Malinche o al Pico de Orizaba. Lindas chamacas ellas y gratas compañeras de viaje, pero en mi caso digo: ¡No, es no!

 

Ahora que vivo en una finca de Guatemala muy próxima al Volcán de Pacaya que está activo y con mucha furia, solamente lo veo de lejos mientras paseo en bicicleta y observo las filas de excursionistas que van jubilosos a ver la erupción, y me digo: ¡Eso yo ya lo viví!

 *La Vaca Filósofa

Foto: Adrian Malec en Pixabay 

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