septiembre 21, 2021

Maryjose, una antropóloga brillante y burguesa, hija del propietario de la icónica Torre Latinoamericana en CDMX

Maryjose, una antropóloga brillante y burguesa, hija del propietario de la icónica Torre Latinoamericana en CDMX

 

Bolivar Hernández*

Maryjose era una alumna de antropología muy alta para el promedio de las mujeres mexicanas. Sobresalía por su inteligencia y dedicación al estudio, ya que en esa época de los años 70 se puso de moda la carrera de antropología entre las mujeres de la clase alta, y ella era diferente pese a ser una gran burguesa.

 

Las señoras ricas que estudiaron antropología en la Universidad Iberoamericana en el antiguo campus de Taxqueña, lo hacían con fines altruistas no académicos. Por ejemplo, los trabajos o prácticas de campo los realizaban en zonas indígenas con gran pobreza material, como lo era la región de los Tarahumaras en la Sierra de Chihuahua; llegaban las alumnas con un séquito de sirvientas y choferes, y llevaban despensas de alimentos y cobertores o cobijas para resolver el tema del extremoso clima serrano.

 

El profesor encargado de las prácticas de campo era un sacerdote y antropólogo social, muy preocupado por hacer caridad entre los desposeídos de México. Loable misión de estos jesuitas dueños de la Ibero.

 

Maryjose era distinta a sus compañeros de clase

Ella quería ser una estudiosa seria de los problemas socioeconómicos y culturales de los grupos indígenas, y para ello eligió trabajó e investigó en Tlaxcala a los indígenas dedicados al cultivo del maguey con fines de extracción del pulque, bebida sagrada, bebida de los dioses, según los antiguos mexicanos.

Su tesis fue un aporte importante para la antropología regional mexicana.

 

Los estudiantes de antropología de la Universidad Iberoamericana de entonces, fueron una nueva generación ocupada por su formación académica sólida. Para ello llegó ahí el doctor Ángel Palerm, una eminencia en el campo de la etnología, y un nutrido grupo de jóvenes antropólogos recién egresados de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

 

Un vuelco total de los planes de estudios con enfoques teóricos novedosos para su época, como las investigaciones sobre el campesinado, dejando de lado los antiguos estudios de comunidades indígenas.

 

A Maryjose le tocó en suerte este cambio académico y lo asumió con toda la seriedad del caso; sus viejas compañeras burguesas y filántropas se retiraron de la Ibero a la menor ocasión de hacerlo,

 

Estrechó los lazos amistosos con su grupo ya muy reducido de condiscípulos y con sus jóvenes profesores egresados de la ENAH, irreverentes y revolucionarios.

 

EN SU CASITA DE CAMPO

Para ello, organizaba reuniones, convivios frecuentes, con mucha gente de antropología, en su “casita de campo” situada dentro de la Ciudad de México, por los rumbos de San Ángel. Ese era un lujo que casi nadie se podría dar, el tener casa de campo en la Ciudad más poblada del mundo, no era algo común.

La casa de campo era un mansión afrancesada y enorme, llena de habitaciones y salones amplios, aparte un jardín de 20 mil metros cuadrados, muy bien jardínizados.

 

Las parrilladas fueron cosa común en su casa de campo y ella con soltura, y decía:

Ustedes no traigan nada, porque yo pongo todo lo necesario. 

En esas reuniones al aire libre, en el campo dentro de la Ciudad, siempre había meseros y servidumbre para la atención de los invitados.

 

Todo el mundo se percataba que Maryjose era una niña rica, obviamente.

 

Ella era discreta con sus asuntos familiares

Hablaba muy poco de su padre y de sus hermanos, salvo de Concha la hermana que estudiaba Historia del Arte en Florencia, Italia.

 

Muchos años después se supo la verdad. El padre de Maryjose era un judío acaudalado y se había hecho rico con una compañía aseguradora La Latinoamericana.

El padre de Maryjose era el propietario de la famosa e icónica Torre Latinoamericana, situada en la esquina de Madero y el viejo San Juan de Letrán.

 

Esa torre prodigio de la arquitectura mexicana mide 182 metros de altura, tiene 45 pisos, y fue construida en 1956.

Tiene un sistema hidráulico antisísmico que balancea y hace oscilar la torre sin peligro de derrumbarse.

 

La Torre Latinoamericana ha sobrevivido fuerte terremotos y sigue ahí.

 

Hoy la Ciudad de los palacios tiene muchas otras Torres más altas que la Torre Latinoamericana, pero el orgullo de los chilangos es su torre, la vieja.

 

Colofón: nosotros los pobres y ellos los ricos.

*La Vaca Filósofa

 

Foto: Twitter @GobCDMX

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