abril 19, 2021

La cuestión de la #deuda tras #pandemia; urge un nuevo #paradigma económico mundial

La cuestión de la #deuda tras #pandemia; urge un nuevo #paradigma económico mundial

 

La pandemia de Covid-19 en el 2020 cambiaron profundamente, quizá, definitivamente, algunas ideas sobre un cierto liberalismo económico dominante durante las últimas cuatro décadas.

 

Para enfrentar la emergencia sanitaria, la línea de austeridad y de rigor a todo costo como panacea presupuestaria tiene que ser echada a un lado. En su lugar, se deben redescubrir los papeles centrales y fundamentales de la economía real y del crédito productivo como motores de desarrollo, de los avances tecnológicos y también de la expansión de los empleos.

 

Por consiguiente, muchas cuestiones antiguas, como la deuda pública de los Estados, tendrán que revisarse y abordadas con diferentes metodologías y programas. Esto debe ser obvio para todos, principalmente, después que la emergencia sanitaria, económica y financiera dictó la agenda de los gobiernos, obligándolos a implementar ayudas y estímulos fiscales en la cantidad de 12 billones de dólares en todo el mundo.

Y los propios bancos centrales fueron forzados a crear por los menos 8 billones de dólares de liquidez nueva. Claro, todos estos son activos creados con una contracción de nuevas deudas.

 

De acuerdo con el Instituto de Finanzas Internacionales (IFI) de Washington, la deuda pública y privada agregada, que ya era equivalente a tres veces el PIB mundial, debe aumentar en promedio 20% en 2021, en las llamadas economías avanzadas y en los países emergentes.

 

Para sorpresa de muchos

El expresidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, es, quizá, el primer economista que ya ocupó altos puestos financieros en el ámbito internacional en reconocer un cambio de paradigma.

 

En el llamado Encuentro de Rimini, realizado el 18 de agosto pasado, dijo, a propósito de la deuda:

La reconstrucción, en que los objetivos a largo plazo están íntimamente vinculados a los de corto, es esencial para devolver la seguridad a las familias y a las empresas, pero será inevitablemente acompañada por stocks de deuda destinados a permanecer elevados por mucho tiempo.

Esta deuda, suscrita por países, instituciones, mercados y ahorradores, será sustentable, es decir, seguirá siendo suscrita en el futuro, si se utiliza para fines productivos, por ejemplo, inversiones en capital humano, en infraestructura crucial para la producción, investigación, etc., esto es, si es una ‘deuda buena’. Por otro lado, su sustentabilidad fracasará si se utiliza para fines improductivos, si se considerara como ‘deuda mala’.

 

En realidad, Draghi ya había comentado el asunto a inicios de la cuarentena en Europa. En una carta publicada en 25 de mayo en el Financial Times, afirmaba:

Diferentes países europeos tiene diferentes estructuras financieras e industriales, la única forma eficaz de responder inmediatamente a una quiebra económica es movilizando todos sus sistemas financieros.

Y esto debe hacerse de inmediato, evitando atrasos burocráticos…Los niveles de deuda pública aumentarán. Pero la alternativa –una destrucción permanente de la capacidad de producción y, por tanto, de la base tributaria- sería mucho más perjudicial a la economía y, posiblemente, al crédito público.

 

Con razón, pidió una manera diferente de pensar e intervenir:

Ante las imprevistas circunstancias, se necesita un cambio de mentalidad en esta crisis, como ocurriría en tiempos de guerra…Es necesario que nos inspiremos en el ejemplo de quienes reconstruyeron el mundo, a Europa, a Italia, después de la Segunda Guerra Mundial. Pensemos en los líderes que inspirados por (John Maynard) Keynes, se reunieron en Bretton Woods, en 1944, para la creación del Fondo Monetario Internacional.

 

De ahí, la ineludible necesidad de reflexionar de una manera nueva e innovadora, no solamente sobre la gestión, sino también de una posible reducción e incluso de la cancelación de por lo menos parte de la deuda pública.

 

En los últimos meses surgieron algunas propuestas relevantes

Recientemente, más de 100 economistas, principalmente, franceses, italianos y españoles, divulgaron un manifiesto argumentando que “la deuda detentada por el BCE puede y deber cancelarse” Cerca del 25% de la deuda pública europea la tiene el BCE, es decir, algo así, así como 2.5 billones de euros, que los ciudadanos europeos se deben a sí mismos.

 

A lo largo de la Historia, la cancelación de la deuda siempre fue un tabú; por ejemplo, en la Conferencia de Londres de 1953, los participantes encabezados por Estados Unidos decidieron cancelar dos tercios de la deuda pública de Alemania, iniciando así su jornada de recuperación y prosperidad.

 

La propuesta es clara. Los países europeos y el BCE firmarían un acuerdo en que este se comprometería a cancelar la deuda pública que detenta (o transformarla en deuda perpetua sin intereses), mientras los Estados se comprometen a invertir la misma cantidad en la reconstrucción ambiental y social. Una receta simple, retadora y eficaz.

 

También existen otras propuestas semejantes, como la que prevé que las deudas contraídas para enfrentar la actual crisis sean emitidas bajo la forma de obligaciones no rescatables, sin vencimiento y sin intereses, garantizadas por el BCE.

 

Al final, incluso un país grande como Japón tuvo que lidiar con su situación de deuda. A pesar de ser un país avanzado y con tecnología, quizá, más que Europa, tiene la mayor deuda pública del mundo, equivalente al 252% de su PIB. En 2020, su balance aumentó en 20% con la emisión de nuevos títulos gubernamentales. Pero, en Japón, más del 40% de toda la deuda pública es detentada por el banco central y el resto, en la mayor parte, es propiedad de bancos y familias japonesas. Es decir, no es una situación idílica, pero, al controlar su deuda, Japón no está sujeto a presiones externas o especulación de los mercados internacionales.

 

En síntesis, el factor decisivo es que la “deuda buena” sea utilizada para el crecimiento económico. De esta forma, al aumentar el denominador, la tasa deuda/PIB, inevitablemente, cae. Pero no es la fracción matemática lo que importa; con la recuperación económica, los problemas reales de las familias y de las empresas pueden, finalmente, enfrentarse con éxito.

 

En cuanto a Italia, el hecho de que Draghi se haya convertido en jefe de gobierno proporciona esperanza. Es claro, que, también nosotros, como ciudadanos e individuos, debemos cambiar nuestro comportamiento, inspirándonos en respetar las leyes y los valores constitucionales.

*MSIa Informa

Foto: enriquelopezgarre

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