octubre 28, 2021

Mamá, te prometo que no haré más travesuras; Pepetoño suma ya tres intentos fallidos de suicidio

Mamá, te prometo que no haré más travesuras; Pepetoño suma ya tres intentos fallidos de suicidio

 

Los niños no son los seres del futuro. No. Son los seres del presente.

 

A los niños suelen endilgarle etiquetas en el entorno familiar; siempre, o casi siempre, utilizan adjetivos calificativos que denigran o humillan a las criaturas.

Por ejemplo: Que niño tan feo, que niño tan bruto, que niño travieso, que niño tan inquieto, que niño, que niño tan flojo, y así hasta el infinito y más allá.

 

Esta historia de un niño real

Me recuerda aquel filme ya olvidado, Mamá, soy Paquito. Película mexicana del año 1982 con Blanca Guerra y el niño Paquito Cuevas. Esa era una canción que decía: Mamá, soy Paquito y ya no haré más travesuras.

 

La escena es desgarradora, esta Paquito cantando ante la tumba de su madre, bañado en lágrimas. Típico melodrama mexicano del siglo pasado.

José Antonio, Pepetoño, es el niño protagonista de esta historia verídica.

 

Él nació en el seno de una familia tradicional mexicana del norte. Su madre una mujer obsesiva con un trastorno severo de conducta. Y el padre un hombre muy mayor, rígido e inflexible como capataz.

 

La niñez de Pepetoño

No fue agradable para nada, tenía que cumplir con un montón de actividades dentro del hogar y observar reglas disciplinarias muy estrictas. De lo contrario, las infracciones a las reglas ocasionaban que los castigos y penas fueran dolorosas.

 

Fue un niño introvertido, muy concentrado en una sola cosa, y sentado siempre hacia movimientos oscilatorios, se balanceaba sin cesar.

 

No escuchaba los regaños cotidianos de sus padres, porque vivía en su mundo interior, y absorto miraba los juguetes.

 

Tenía una memoria prodigiosa. Aprendía cualquier cantidad de información. Pronto fue al kínder, y descubrieron sus maestras qué Pepetoño no se relacionaba con los otros niños. Jugaba en solitario.

 

De inmediato la recomendación de todos los colegios es:

Ese niño, ¡al psicólogo! 

 

Pepetoño pasó por varios consultorios y el diagnóstico era incierto:

O autista o asperger. Síndromes muy parecidos entre sí.

 

Desde muy pequeño Pepetoño se aficionó a los videojuegos y podía pasar muchas horas sin comer o ir al baño, por estar sumergido en su entretenimiento.

 

Los padres castrantes de Pepetoño de inmediato decretaron castigos ejemplares, como quitarle el Nintendo y la prohibición de usarlo por un largo año. Por esa su necedad de no poder parar de jugar. O dejar de ver televisión, ambas cosas fueron proscritas para Pepetoño. Por un año.

El niño entra en crisis de ansiedad a sus cuatro años. Y deja de comer y de dormir.

 

Nuevamente Pepetoño va a los consultorios de los psicólogos infantiles. Logran los expertos convencer a los padres que bajen la temporalidad de los castigos, medio año nada más. Es un exceso aún, sin embargo.

 

En la primaria

Sufre bullying intenso de parte de todo el colegio. Otra crisis de ansiedad y deseos de morir. Y los padres lo castigan por no querer relacionarse con sus compañeritos.

 

En la secundaria Pepetoño de nuevo es abusado por sus compañeros de clase con un tremendo acoso escolar. Golpes, insultos, y robo de sus pertenencias. Sus padres de nuevo reprenden la conducta errática de su hijo y su bajo rendimiento escolar, de las 10 asignaturas, Pepetoño solo aprueba una, la que le interesa y es sobresaliente, el resto de las materias no le atraen nada.

 

La madre insiste en que su hijo debe estudiar y ser un excelente alumno y llegar hasta la universidad y ser un profesional destacado.

Pepetoño declara ante sus padres que no le gusta estudiar y que no desea más ir a la escuela. Está harto de las enseñanzas escolares y que prefiere ser autodidacta.

 

De nuevo los castigos que le imponen, lo desquician bastante. No tiene remedio ni compostura la actitud de Pepetoño y, menos aún, la actitud de sus odiados padres.

 

Es un chico “especial“

Ésa es la etiqueta usual para niños como él. Nadie sabe diagnosticar lo que padece Pepetoño y le recetan medicinas muchas y ansioliticos a manos llenas. Cajas llenas de Ritalin están sobre la mesita de noche en la recámara del chico.

 

Finalmente, un día Pepetoño le escribe a su madre una carta que dice:

Mamá, soy Pepetoño y te prometo que no haré más travesuras.

 

Acto seguido aprovechando que sus padres estaban fuera de casa, Pepetoño se colgó de la regadera con una cuerda atada a su cuello.

Era el tercer intento de suicidio del chico. El primero fue a los cinco años y el segundo intento fue a los nueve.

Y este último fue a las 15 años.

 

Pepetoño falló una vez más en su propósito de quitarse la vida e irse de este mundo cruel, porque casualmente la madre volvió al hogar por algo que había olvidado. Y lo encontró tirado en el baño con la soga al cuello, cianótico. Se puso azul por falta de oxígeno.

 

Actualmente, Pepetoño vive con una tía solterona de 80 años, enferma y postrada en cama desde hace muchos años. Él la auxilia en todo, la alimenta, la asea y conversa con ella todo el día. Pepetoño es verborreico.

Ya avisó a todo el mundo que sólo piensa vivir hasta los 25 años y adiós mundo cruel.

Imagen: radiodiezinternacional.com

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