septiembre 21, 2021

Los XV años de la hija de Alfredo, delatan su doble moral cristiana

Los XV años de la hija de Alfredo, delatan su doble moral cristiana

 

Esta historia es común en nuestras sociedades conservadoras, nada extraordinario como fenómeno social contemporáneo. Sin embargo refleja algunas maneras de ser virtuosos sin mostrar el lado oscuro de sus actos.

 

Alfredo y Silvia constituyen una pareja como muchas otras, que se conocieron en la escuela secundaria , se enamoraron y se casaron muy dichosos, pensando en que eso sería para toda la vida, más aún cuando ellos militaban en grupos religiosos, como por ejemplo “Jóvenes en Cristo” y mucho después en “Matrimonios en Victoria”

 

Fueron novios,  y antes nunca tuvieron otros pretendientes. Eran primerizos e inclusive llegaron vírgenes al matrimonio, porque así se los exigió la familia y los curas de su movimiento católico. Esa pareja ejemplar, aparte de asistir a misa en su barrio, hacían labores sociales para su comunidad cristiana. Por ejemplo, recolectaban juguetes para regalarlos el día de reyes a los niños pobres de aldeas lejanas, y también en navidad y Año Nuevo elaboraban sándwiches para los menesterosos que viven en las calles de su ciudad. O regalaban cobijas o cobertores para los indigentes de la urbe. Muy nobles y caritativas personas eran Alfredo y Silvia.

 

Los lazos sociales se refuerzan mucho en los grupos católicos y evangélicos a tal grado de constituirse en auténticas hermandades.  Son grupos de ayuda mutua, son solidarios con sus hermanos de culto.

 

Entre tantas reuniones y convivios que ocurren en los grupos matrimoniales, las relaciones se estrechan y se generan amistades íntimas entre todos.

 

Cuando por fin Alfredo y Silvia deciden ser padres, la euforia por el embarazo de ella fue grandioso y socialmente compartido con sus grupos de oración.

 

Alfredo cambió su comportamiento súbitamente ante la noticia que pronto se convertiría en padre. Se le notaba irritado , nervioso, Y  muy ansioso con la situación vivida durante todo el embarazo de Silvia.

 

De la irritabilidad de Alfredo solamente Silvia lo notó con nitidez, porque convivían todo el tiempo juntos dentro y fuera del hogar.

 

Los ratos que no estaban juntos

Alfredo y Silvia eran cuando él se iba a trabajar a su empresa de fumigación de plagas en el hogar. Por lo menos cuatro o cinco horas se ausentaba de la casa conyugal.

 

Durante el embarazo Silvia se percató que Alfredo ponía especial cuidado en su arreglo personal, en su cabello y en sus uñas, se hacía pedicure y manicura como nunca antes .

 

Estrenaba camisas y botas vaqueras muy seguido, y siempre con el argumento de que estaban en oferta de “Tres X Dos” , llévese tres y pague solo dos.

 

En fin, Alfredo parecía un soltero, y nuca un hombre a punto de ser padre de familia, serio y responsable.

 

Nunca faltó a casa

Llegaba tarde pero llegaba a dormir con Silvia. Aunque después de parir ya no le volvió a interesar eróticamente su amada esposa.

 

Pero eran felices y nada enturbiaba su matrimonio, por cierto ejemplar ante los ojos de su comunidad cristiana.

 

Los domingos después de oír misa, iban a pasear a un parque con la bebé en su carriola, y él con la pañalera al hombro. Eso sin dirigirle  la palabra a Silvia, como si fuera él solo en ese paseo dominical. Muy metido en sus propios pensamientos, se ponía meditabundo y melancólico.

 

Pasaron los años, y la bebé creció y estaba a punto de cumplir sus quince años. Fue hija única. Muy consentida por sus padres que le cumplían todos sus caprichos infantiles y de adolescente, igualmente.

 

El sueño dorado de la hija de Alfredo era bailar el vals de sus quince años con su papá. Esa propuesta de la hija se le atragantaba y lo hacía sudar de nervios, y no porque no supiera bailar el vals si era un gran bailarín.

 

La fecha de la fiesta de los quince años de la hija de Alfredo estaba acordada desde muchos meses antes, y no era la fecha de su nacimiento sino otra .

 

LOS XV AÑOS

Llegó la hora de los quince años de su hijita, y los nervios de Alfredo se aceleraban a mil por hora.

 

Un centenar de invitados llegaron a la fiesta y todo el ritual iba en perfecto orden, y cuando tocan él vals que la chica escogió, Alfredo bañado en sudor baila con su hija y fingía una sonrisa. No estaba cómodo, y no lo podía ocultar.

 

Al momento del banquete Alfredo habla a los invitados y dice que su hija ya es una señorita y que la sociedad debe ser enterada de ese gran acontecimiento.

 

Y  de pronto Alfredo sale presuroso de la fiesta sin explicar absolutamente nada a Silvia ni a su hija.

 

La causa de la prisa de Alfredo por salir huyendo de aquella fiesta era porque había otra celebración de quince años en la misma fecha y hora, y él tenía que bailar el vals como padre de esa otra señorita.

 

Más tarde Alfredo confesó a Silvia su falta.

 

Alfredo ahora vive solo, y repudiado por sus actos en su comunidad cristiana.

 

Un pecador más en la Tierra…

Foto: vuongbibiptp

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