septiembre 23, 2021

Los pasos de López y el nivel de rebaño con la vacunación mundial

Los pasos de López y el nivel de rebaño con la vacunación mundial

 

Bolivar Hernandez*
En esta oportunidad no voy a referirme a la novela del escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia, ese hombre de letras con un fino humor para tratar los temas históricos, tal como lo hizo con su obra Los pasos de López, editada en España en 1981 con el título de Los conspiradores; donde narra los acontecimientos de la gesta de la Independencia de México.
Tampoco voy a narrar la presencia e importancia de tantos López en la política mexicana: López de Santa Anna, López Mateos, López Portillo, López Obrador; en esta ocasión se trata de López Gatell.
El doctor Hugo López Gatell
Realizó una extraordinaria labor informativa acerca del COVID-19. Para estos fines de divulgación de la pandemia con un enfoque científico y accesible a todo el público, y fue necesario organizar un número importante de conferencias de prensa, que sumaron 451, para contrarrestar la otra epidemia la de la desinformación a cargo de los medios de comunicación masiva, prensa, radio y televisión.
El doctor López Gatell, experto en epidemiología, es una de las personas mejor preparadas en esa especialidad en México, y cuyos conocimientos científicos fueron expuestos con una didáctica particular, en forma clara y concisa, tarde a tarde desde el Palacio Nacional en la Ciudad de México.
Para mi gusto fue un acto cotidiano de divulgación de la ciencia médica que no todo el mundo apreció en su justa medida. La prensa acudía a esas conferencias con un afán exclusivo de buscar las noticias sensacionalistas al respecto de COVID-19, para obtener la nota de ocho columnas.
Puedo decir que soy de los pocos mexicanos que siguió puntualmente las 451 conferencias del doctor López Gatell, tarde a tarde, con mucha atención y dedicación para aprender sobre infectología.
En tono de broma les decía a mis amigos, los dejo porque me voy a mi curso de epidemiología por televisión.
Fue un hábito el mío de escuchar a la ciencia y sus explicaciones provisionales sobre un virus desconocido y que causó estragos en toda la humanidad y en todo el planeta. Era un asunto delicado cuya mortalidad fue creciendo por el rápido contagio entre las personas.
A diferencia de la epidemia de principios del siglo XX
Que causó 50 millones de muertos, aquella mal llamada influenza española, que no tuvo la posibilidad de generar un antídoto o vacuna, en esta ocasión la ciencia biológica descubrió la manera de obtener en el corto plazo una serie de vacunas contra el COVID-19, varios países desarrollados se aplicaron en encontrar una vacuna eficaz. China, Rusia, Inglaterra y EU generaron sus vacunas con mucha celeridad.
Las vacunas de una sola dosis o dos, vinieron a disminuir los riesgos de gravedad y muerte en la población vulnerable: los adultos mayores, los viejos, y las personas con males previos: obesidad, sobrepeso, diabetes, cáncer, y otras más.
Cualquier persona ya vacunada puede contraer el nuevo coronavirus, pero su mal será infinitamente más leve en sus efectos. Los hospitales, principalmente las áreas UCI, serán sitios con más camas disponibles de ahora en adelante.
Hay muchas nuevas variantes, que no cepas, que son altamente contagiosas pero no tan graves. Esas variantes conocidas con los nombres de algunos países, de ahora en adelante ya se han eliminado esos apelativos y han sido sustituidos por términos griegos, como variante Delta.
Los países más ricos del planeta
Acapararon la producción mundial de vacunas para proteger a sus habitantes, pero los países pobres, la mayoría lo son, no han podido obtener vacunas para su población. La desigualdad es un factor inherente al capitalismo, donde unos pueden ser beneficiados y el resto, la mayoría, no.
La ignorancia y desinformación sobre el nuevo coronavirus es algo que llama la atención y ocurre en todo el mundo.
Mi experiencia personal es reveladora del oscurantismo en que viven muchos en el mundo. Por ejemplo, entrevisté a médicos y público en general, y me aseguraron que el virus del COVID-19 no existe, que es un invento chino. Y, por supuesto, también opinan que las vacunas son placebos, agüitas, inicuas. Falsas vacunas, que son una tomadura de pelo.
Otros más ignorantes afirman que con las vacunas le introducen al individuo un chip, que modifica el ADN, o que borra la memoria. A esos que opinan qué las vacunas introducen un chip en el organismo, les pregunto que si ese chip puede recibir saldo para el teléfono también.
Las creencias populares son fantásticas con respecto al nuevo coronavirus. Por ejemplo: que el virus se arrastra por los suelos y quE hay que desinfectar los zapatos, y las llantas de los automóviles.
Al principio en todos lados había una alfombra húmeda para pisar con los zapatos y poder ingresar al sitio, era obligatorio por parte del ministerio de salud local.
Recuerdo que al principio todo el mundo desinfectaba todo lo que lo rodeaba, en una forma obsesiva y compulsiva.
El virus no vive pegado en los objetos. Solo vive y se recrea en las vías respiratorias de los individuos.
Inclusive el presidente Trump recomendaba a sus compatriotas a ingerir cloro para combatir el virus, el absurdo criminal más grande.
Tampoco el virus anda volando por los aires así como así
Se contagia de persona a persona, a corta distancia, si por aerosoles, gotículas, pero cuando la cercanía es menor a un metro de distancia entre uno y otro.
Para mi el único antídoto, aparte de la vacuna, obviamente, es la sana distancia, y evitar las multitudes. Lo demás es lo de menos.
El uso de mascarilla, tapaboca, o barbijo, es un tema controversial
Esto lo aprendí en las conferencias de López Gatell. La mascarilla solo sirve para el que esté contagiado con el virus y que no lo expanda al exhalar los fluidos, tos, estornudos, etcétera. La mascarilla, para el infectado, impide que ande por la vida difuminando el virus. Para los que no tienen el virus, no le sirve de nada. Y menos si están al aire libre.
Veo a muchos deportistas haciendo ejercicio con el tapabocas puesto, eso es un absurdo y una gran incomodidad.
Otro disparate actual es ponerse miles de litros de gel con alcohol en las manos cada cinco minutos. Se van a ocasionar una alergia con tanta sanidad.
Salgo todas las mañanas del mundo a rodar en la bicicleta al aire libre y voy sin mascarilla, y los colonos de la finca me miran con asombro y dirán: ¡Como se atreve!
Me he vacunado dos veces ya con AstraZeneca
¡Con la salud no se juega!, este viernes 11 de junio fue la última conferencia de prensa del doctor Hugo López Gatell, y al salir del Palacio Nacional, un grupo de mexicanos lo esperaban con música de mariachi y un pastel. ¡Gritos de júbilo!
Este esquema informativo fue único en todo el mundo, agotador y extenuante para el personal de la Secretaria de Salud de México, pero valió mucho la pena.
En la finca-país donde vivo actualmente, al principio de la pandemia por COVID-19, el inepto ministro de salud, salía en la televisión solo a decir que se lavarán las manos, que guardarán la sana distancia y que usaran tapaboca, y pedirle a Dios que bendijera a Guatemala.
Eso ocurrió unas cinco veces y el ministro fue defenestrado de inmediato. Pronto alcanzaremos el nivel de rebaño con la vacunación mundial, pero con los enormes rezagos y desigualdades en el combate al virus que puso de cabeza al planeta entero, eso será algo más lento de lo deseable.
*La Vaca Filósofa
Foto: Pixabay

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