Los mexicanos votaron por un cambio en la paz

 

Mouris Salloum George*

Visto el crispado escenario previo a las elecciones generales de 2018, lo rescatable y gratificante de las jornadas de ayer, es que el proceso se desarrolló en un ambiente relativamente pacífico.

 

En ese sentido, el comportamiento ciudadano, a pesar de las incitaciones activas todavía la noche del sábado, constituye un ejemplar mensaje de civilidad a partidos y candidatos beligerantes, y aun a las autoridades gubernamentales que bajaron al llano los obtusos móviles grupales e individuales de la pugna.

 

Con independencia de los resultados sujetos aún a escrutinio y de quienes resulten finalmente favorecidos por la voluntad popular, las elecciones fueron, sí, las más grandes de la historia de México, pero, sobre todo, sientan un saludable precedente para futuras pruebas en la lucha de los contrarios.

 

Piso de legitimidad

El llano habló y se pronunció por un cambio en la paz, que por si solo brinda un sólido piso de legitimidad a quienes pronto empezarán a ejercer el poder público. La paz es un anhelo común, solo viable con justicia.

 

Vale recordarle a los políticos que suelen olvidarlo,  que no quedan rendijas por donde eludir el compromiso democrático: El pueblo, como titular de la soberanía, es el mandante y, aquellos que reciben un poder delegado, no son más que mandados o mandatarios.

 

Mandatario no es título o Patente de Corso para ejercerla como don regalado por la Providencia: Es la elevada misión de servicio que debe ceñirse al imperativo republicano, sujeto a la transparencia y a la rendición de cuentas.

 

Una parte del proceso,  no es todo el proceso

Ha pasado una parte del proceso, pero no todo el proceso: Allanada en la concordia la elección presidencial, resta aún la formación del Congreso de la Unión y la definición de las gubernaturas que regirán en nueve entidades federativas.

 

Es deseable que las formaciones partidistas que ya han reconocido sus derrotas, antes de poner la carreta delante de los bueyes se apliquen a un ejercicio de autocrítica, ensayen en su interior la operación cicatriz para reconstruirse con miras a próximos combates y muestren, en los hechos, su disposición al consenso. Este es el mandato popular.

 

La democracia no se conquista ni se implanta de una vez y para siempre. Es una construcción del día a día, que sólo los francotiradores políticos fingen desconocer y pretenden quemar etapas para lograr sus fines, sean legítimos o bastardos.

 

Si hoy fue un espléndido amanecer, dese a la Nación un mínimo aliento de esperanza.  Hasta en  el mundo zoológico por intuición, y aún por mero instinto, se sabe pactar la tregua de Dios. Vale.

*Director General del Club de Periodistas de México, A.C.