Los cuentos letales que nos cuentan y que nos creemos

 

 

“Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre
ha inventado todos los cuentos.”
(León Felipe)

 

Efraín Rojas Bruschetta 

A medida que nuestra sociedad se revela más como pesadilla, nos
cuentan más cuentos para tolerarla. No para resistir y cambiarla, sino
para soportarla y perpetuarla.

 

No nos referimos al valioso trabajo de l@s narrador@s profesionales,
ni al valor trascendente que la tradición oral tiene en la
preservación y el procesamiento de la memoria colectiva y la
cosmovisión de los pueblos. Son otros cuentos.

 

Están los que constantemente dicen los gobernantes a sus gobernados.
Los que los expertos inventan desde las oficinas y los cubículos, y
que nos bombardean sistemáticamente en los medios de difusión masiva.
Los que producen los artistas a modo del sistema, para dorar la
píldora cotidiana en la voz melcochosa de quien esté de moda.

 

LOS MÁS PELIGROSOS

Pero los más peligrosos son los que nos contamos a nosotr@s mism@s:
nuestros atavismos, nuestras creencias irracionalmente aceptadas,
nuestras convicciones condicionadas, nuestra voluntad de creer a toda
costa con tal de sentirnos segur@s en la zona de confort de la
irresponsabilidad, la inconsciencia y la incongruencia.

 

Son del mismo material que los otros, pero más letales porque se perciben como
realidades. Mienten, pero sobre todo manipulan: les damos voz desde
nuestros miedos, debilidades e inconsistencias, y nos rendimos ante su
mandato creyendo que obramos con pleno albedrío. Les creemos, creyendo
que no les creemos.

 

Nuestra sociedad enferma de injusticia, opresión y enajenación, nos
(re)produce como individuos enfermos de lo mismo. Se perpetúa gracias
a la instalación sistemática de una falsa conciencia.

 

El sistema cuenta con una máquina de contar, valga la redundancia: los valores de
la cultura dominante (machista, racista, sexista) se nos cuelan en las
canciones, cuentos de hadas, telenovelas, cine, etc., impregnando
nuestra cotidianidad y programando nuestro comportamiento para verlos
como algo “natural y normal”, determinando la forma en que vemos el
mundo y actuamos en él.

 

Sobre todo, se nos inculcan a golpe de experiencias (generalmente traumáticas) que moldean nuestras actitudes. Y cuando el sufrimiento ante lo cotidiano crece y aumenta
la tentación de salir del huacal, el sistema refuerza sus cuentos,ofreciendo escapes ad hoc.

 

OPRESIÓN Y TRAMPAS

Si no ejercemos un cuestionamiento analítico a todo, empezando por las
concepciones y percepciones con las que construimos nuestra historia
de vida y nuestra cotidianidad, nuestros comportamientos tienden a
reproducir las trampas que nos han puesto, por comodidad y miedo.

 

Así, la opresión de la que nos quejamos empieza dentro de nosotr@s mism@s e
incluso las salidas que nos proponemos reproducen lo que repudiamos:
autoritarismo, codependencia, fanatismo, autoengaño, manipulación,
victimización, sumisión, etc. En un descuido, hasta la mitología
revolucionaria puede ser un cuento que haga, de nuestros traumas,
actitudes, ideología, corrientes, doctrinas…

 

Atender críticamente nuestra dimensión emocional, individual y
colectiva, puede hacer la diferencia entre la liberación y el
escapismo. Cambiar la realidad requiere congruencia para cambiar
nuestra realidad interna al tiempo y en la medida que luchamos por
cambiar la realidad externa: el proceso es dialéctico.

 

El reto es construir una autoconsciencia crítica, solidaria y
transformadora, capaz de destruir cuentos y construir sueños, como
propone León Felipe. Va aquí de nuevo su palabra:

 

“Me durmieron con un cuento
y me he despertado con un sueño…
(…) Voy a contar mi sueño…
Es un sueño sin lazos, sin espejos,
sin anillos, sin redes, sin trampas
y sin miedo.
Soñé… ¡sueño!
No soy un cuento:
vengo de más lejos.”

 

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