Lograr la sustentabilidad económica, social y ambiental de México, el reto en la renegociación del TLCAN: Francisco Giner

 

Bernardo Méndez Lugo e Ivette Sosa

Francisco Giner de Los Ríos es un experto en el tema ambiental. Ha participado en el diseño de instrumentos de política, instrumentos regulatorios, instrumentos económicos y gestión de la política a nivel federal, en épocas en que el tema ambiental no tenía un único eje ni en el ámbito nacional ni internacional, como ahora que se engloban en el cambio climático.

 

Esta multiplicidad de temas prioritarios refleja la complejidad del problema pues no solo hay preocupaciones de largo plazo, sino también de corto y mediano plazos, reconoce el Consultor en temas de Medio Ambiente, Consultor independiente, del Banco Mundial y El Colegio de México.

 

-¿Cuál es la relevancia del tema ambiental en la renegociación del TLCAN?

“El tema ambiental tiene múltiples facetas que provienen de una preocupación de largo plazo, que es la sustentabilidad económica, social y ambiental. Si el tema económico abandona los otros dos aspectos, de la sustentabilidad estaremos replicando muchos de los errores del Tratado actual, al no considerar ventajas y desventajas que derivan de  las condiciones ambientales de nuestro país y que se vinculan de manera clara al ámbito comercial.

 

“La Comisión de Cooperación Ambiental (CCA) ha desempeñado un papel ambiguo en el ámbito del TLCAN. Por una parte ha sido un mecanismo eficaz de cooperación entre los tres países, particularmente en lo referente a estudios científicos y definición de áreas de interés común, tanto binacionales en la frontera como trinacionales, en aspectos de defensa de hábitat y de especies migratorias.

 

“En esta misma línea, ha sido un foro fundamental para el intercambio de experiencias entre sectores sociales de los tres países y para ser un espacio de resolución de controversias entre la sociedad civil y los gobiernos nacionales. En cambio, su impacto sobre la cooperación entre los gobiernos ha sido mucho menor (e incluso en momentos casi inexistente), y en general referidos a una agenda casi exclusivamente ambientalista dictada por las ONGs más poderosas y en buena medida divorciada del TLCAN”.

 

 

INCORPORAR REGLAS CLARAS DE COMERCIO JUSTO

-¿Cómo compaginar el comercio con la materia ambiental?

“Es importante vincular de manera más clara el acuerdo paralelo ambiental a las preocupaciones comerciales y darle a la CCA mayor incidencia como mecanismo de cooperación para la sustentabilidad y no mantenerlo exclusivamente en el ámbito ambiental, sino relacionarlo con tendencias comerciales, económicas y sociales en general entre los tres países.

 

“En particular, el ámbito agrícola y el minero fueron negociados sin consideraciones ambientales ni tomaron en cuenta impactos sobre los ecosistemas, así como efectos de largo plazo de relocalización de la actividad económica hacia zonas con creciente escasez de agua y la negociación automotriz que permitió la creciente importación de vehículos con severos problemas ambientales que impactan la calidad del aire en zonas urbanas y el consumo nacional de combustibles en todo el territorio.

 

“En otros ámbitos no se aprovechó el TLCAN para inducir cambios de conducta que podrían haber aumentado la competitividad mexicana en muchos sectores, tales como la inducción de prácticas de reciclaje y reúso, optimización en el uso de recursos y materiales altamente riesgosos por sus impactos ambientales, la sustitución paulatina de fertilizantes y plaguicidas por otros de menor toxicidad o incluso con sinergias orgánicas.

 

“No se negociaron prácticas de legal procedencia en vida silvestre (tanto flora como fauna) e incluso reglas de aplicación mundial como CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) no se aplicaron en el ámbito del TLCAN, por no haber sido negociadas.

 

“Es importante incorporar reglas claras de comercio justo, por su fuerte impacto potencial ambiental, social y en muchos casos de género. La carencia de estas reglas claras lleva a que se pierdan oportunidades para sectores que podrían beneficiarse y satisfacer realmente las demandas de muchos consumidores. Peor aún, que bajo esta bandera se lleven a cabo transacciones dolosas e incluso fraudulentas que le quitan atractivo a esta forma particular de comercio que sectores cada vez más amplios de consumidores demandan como un atributo adicional”.

 

-Háblanos sobre la laxitud regulatoria para no perjudicar sectores y atraer inversión extranjera directa (IED) de Canadá y Estados Unidos.

“Este es un planteamiento ingenuo en la medida en que la laxitud regulatoria no es un determinante de la atracción de IED, salvo en el cortísimo plazo y en ausencia de un mercado internacional que demande cumplimiento de normas ambientales. Si partimos del principio que todo desperdicio de un proceso productivo es contaminación y que las emisiones de desechos son contaminación en el mediano y largo plazos, la minimización de contaminación y desechos no  solo no es obstáculo para la IED, sino que a través de un adecuado de normalización debe ser a la larga un atractivo para la IED.

 

“Normas no diseñadas con la finalidad de lograr la aplicación de mejores prácticas en la producción  motivadas por intereses particulares, no son regulaciones ambientales adecuadas y ocasionan fuertes costos a los regulados, pero la ausencia de normas adecuadas también provocan costos a mediano y largo plazos y desincentivan la búsqueda de soluciones que son en el fondo cambio tecnológico adecuado y sostenible”, subraya quien fuera Subsecretario de Gestión para la Protección Ambiental de la Semarnat durante el gobierno foxista.

 

 

FALTA DE NORMAS EQUILIBRADAS

-¿Qué pasa en el ámbito turístico?

“En el ámbito turístico es cada vez más claro que la falta de una política adecuada de respeto al entorno, es a la larga una presión que atenta contra el crecimiento del propio turismo, además de tener impactos sociales y productivos muy significativos,  costos crecientes de provisión tanto de materias primas como de agua y alimentos.

 

-Se acusan faltas de reglas claras en materia minera, ¿así lo consideras?

“En el ámbito minero la falta de normas equilibradas entre la necesidad de transformar el entorno para obtener minerales cada vez más escasos a escala mundial y las demandas sociales y ambientales de las comunidades, es fuente de conflictos crecientes que encarecen la producción minera y pueden llegar a paralizarla totalmente, como ha sucedido con empresas mexicanas en el extranjero (Perú).

 

“También, la mala disposición de residuos mineros genera enormes pasivos ambientales que pueden, incluso, superar el valor presente de los flujos mineros generados, de manera que el valor presente neto de la actividad puede llegar a ser negativo en algunos casos.

 

“La laxitud regulatoria puede ser benéfica para algunos productores si son capaces de trasladar los costos a terceros o a la sociedad en su conjunto, pero a la larga tiene efectos negativos tanto en lo ambiental como en lo social y lo económico. Es similar a los efectos de la corrupción sobre el entramado social y el crecimiento económico, si bien genera beneficios inmensos para unos pocos”.

 

 

“ALGUNAS ONGs UTILIZAN ARGUMENTOS FALACES”

-Francisco Giner, ¿en tu opinión, cuál es el papel que han jugado y juegan las ONGs ambientalistas, realmente representan intereses genuinos?

“En la mayoría de los casos reflejan intereses legítimos de sectores de la sociedad, pero muchos de los planteamientos detrás de posturas legítimas o bien representan problemas de información sesgada o excesivo énfasis en algún aspecto.

 

“También algunas ONGs hacen argumentos falaces para beneficiarse de pagos de partes o de productores interesados en inhibir competencia o anular algún producto. En algunos casos crean un rechazo que se torna ideológico al aprovechamiento de especies o materiales, y que persiste una vez superado el problema que provoca su mal aprovechamiento.

 

“Esto puede llevar a una sobreprotección de especies particulares y desequilibrios en algunos ecosistemas, o bien, a la imposibilidad de aprovechamientos regionales sustentables por los problemas que el mal aprovechamiento genera en otras regiones. Las ONGs tienen una influencia creciente en la vida económica y social de los tres países y a escala mundial, pero ésta no se basa en el TLCAN”.

 

-¿Cómo renegociar el Tratado ante el claro anti ambientalismo de Donald Trump, donde se habla de la posible desaparición de EPA (Agencia de Protección Ambiental de EU)?

“Se debe replantear el papel de la Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA) para que asuma de manera creciente el papel de un mecanismo de cooperación entre gobiernos y de cooperación científica y tecnológica y un espacio de resolución de controversias ambientales.

 

“Ello sería visto con beneplácito por los gobiernos de México y Canadá y muy amplios sectores del gobierno estadounidense, así como en círculos universitarios y de investigación tecnológica y por muchas empresas que crecientemente basan sus estrategias de mercado en las bondades ambientales de sus productos o procesos”.

 

-En el contexto actual no debemos olvidar la construcción del Muro Fronterizo, promesa esencial de campaña de Trump. ¿Qué y cómo negociar? ¿Existe espacio?

“Sin duda un muro tiene impactos ambientales severos, al impedir la migración de especies de fauna y en muchos casos de flora al interior de ecosistemas que en gran parte de la frontera son binacionales y que, al fragmentarse con obstáculos como un muro, entran en procesos de cambio significativo y frecuentemente irreversible, sin mencionar los efectos directos sobre la flora y fauna silvestre mismas.

 

“El espacio para negociar es limitado, pero la defensa de flujos de vida silvestre libres en grandes partes de la frontera puede tener apoyos fuertes de condados e incluso estados limítrofes, y particularmente de agricultores y de ganaderos diversificados. Cabe señalar que la ganadería para fines cinegéticos tiene gran importancia en Texas, llegando en algunos condados a ser tan importante como la ganadería tradicional.

 

“Si los negociadores estadounidenses son realmente representantes de los intereses de los productores y no de la postura gubernamental, si existirán espacios para la negociación. En cambio, si predomina la postura ideológica del actual presidente, es obvio que el muro y sus impactos ambientales no tendrán espacio dentro de la renegociación del TLCAN”.

 

 

A 25 AÑOS

-¿Cuál es tu balance del TLCAN en materia ambiental?

“25 años de un tratado comercial como el TLCAN no han pasado en vano y han provocado relocalización de industrias, nuevas cadenas productivas, mayor integración de cadenas productivas preexistentes y simplificación de muchos procedimientos de importación y exportación de mercancías.

 

“En ese sentido, un fracaso en la renegociación del TLCAN puede tener efectos negativos importantes sobre sectores muy dinámicos de la economía mexicana y sobre regiones que han ido aprovechando los beneficios para sus productores de menores trabas comerciales.

 

“Sin embargo, el efecto global no sería tan catastrófico, dado que aún bajo nuevas reglas comerciales, como las que seguramente impondría  la Organización Mundial de Comercio, muchas de las cadenas binacionales seguirán siendo más rentables que la especialización nacional y su crecimiento dependerá más de la competitividad de las industrias integradas que del tratado mismo.

 

“Dado que los aranceles son un mecanismo discrecional de los gobiernos y están en gran medida sujetos a presiones de los productores a los que directa o indirectamente afectan. Adicionalmente hay sectores amplios de la economía mexicana que han tenido que adaptarse a condiciones que les fueron muy adversas inicialmente y para los cuales un cierto grado de proteccionismo explícito podría ser un motor de crecimiento importante, entre los cuales destacan algunos sectores de la agricultura mexicana.

 

“La negociación es importante, pero ceder en aspectos clave e ignorar la resiliencia de los procesos de integración vertical y horizontal entre las economías de los dos países al margen del tratado, puede conllevar costos económicos, políticos, sociales y ambientales mayores que la defensa a ultranza de la necesidad  de un tratado, aun cuando vulnere sectores clave de la economía mexicana.

 

“Lo ideal posiblemente sea lograr una negociación que implique beneficios tangibles para los tres países sin modificar aspectos sustantivos de gran importancia para el crecimiento económico y creando nuevas oportunidades comerciales, pero si hay sacrificios muy fuertes que afecten desfavorablemente a sectores amplios de la sociedad mexicana en la renegociación o que signifiquen renunciar a aspectos de soberanía y de independencia, sería un sacrificio que resultaría ética y políticamente mucho mayor que el de romper con el estado de cosas que 25 años de relativo libre comercio entre los Estados Unidos y México han ido creando y consolidando.

 

“Muchas de las cadenas comerciales que han surgido por el TLCAN van mucho más allá de políticas arancelarias y además es sabido que se han usado políticas no arancelarias para restringir flujos comerciales, mismas que pueden volverse práctica corriente, incluso ante un nuevo TLCAN, si la política proteccionista de Estados Unidos ante las exportaciones mexicanas alcanza la importancia política que el presidente Trump busca que tenga”.

 

 

SERÍA UN ERROR, LAXAR LA REGULACIÓN PARA ATRAER INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA

-¿Podrías dar tres consejos para los negociadores de México en el tema ambiental?

“El más importante de todos es el de desestimar el canto de sirena de laxar la regulación para atraer inversión extranjera directa, o su símil por oposición, que es el de aceptar adoptar regulaciones estadounidenses para problemas ambientales mexicanos.

 

“El problema del laxar regulaciones fue cubierto en alguna medida anteriormente, pero el de adoptar normas y regulaciones norteamericanas es igual de riesgoso en muchos casos, dado que se trata de medios diferentes y de un sistema regulatorio con muchas deficiencias y de altísimo costo, que al igual que el sistema de salud ha beneficiado más a los abogados que a la solución de problemas.

 

“Baste señalar que más del 85% del Superfund, fondo creado para la remediación de sitios contaminados críticos,  se ha gastado en abogados y tribunales y no en su verdadera finalidad. Además, las reglamentaciones y normas de EPA requieren una simplificación y armonización mucho mayor, incluso que las europeas, y su grado de complejidad las hace en algunos casos casi indescifrables.

 

“Un segundo consejo es el de asumir una postura adecuada con los intereses nacionales de largo plazo, ya que si bien es cierto que, como dijo Lord Keynes, “en el largo plazo todos estamos muertos”, no es menos cierto que el costo de la destrucción del capital natural, del capital cultural y del aprovechamiento económico, social y ambientalmente sustentable no es un resultado de largo plazo, sino un martirio cotidiano con un triste final, con manifestaciones adversas cotidianas para la mayor parte de la población.

 

“Finalmente tener siempre en cuenta que las mejores prácticas productivas suelen ser a la vez las mejores prácticas ambientales, tanto para la industria en conjunto como para la agricultura, por lo que antes que enfatizar aparentes obstáculos ambientales, se deben sopesar los costos y los beneficios de procurar inducir mejores prácticas a través de la regulación ambiental a corto, mediano y largo plazos.

 

“Esta actitud, a diferencia de plantear abandonar regulaciones, puede llevar a que muchos obstáculos aparentes sean en realidad elementos para inducir mejores prácticas que aumentan la competitividad a través del reconocimiento de ventajas comparativas naturales”, finaliza el experto en materia ambiental Francisco Giner.

 

¿QUIÉN ES FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS?

Es consultor ambiental que incorpora perspectivas económicas y sociales desde una perspectiva de sustentabilidad.

Mexicano, economista de la Universidad Católica de Chile con posgrados en Economía en El Colegio de México A.C., y en Desarrollo Económico en la Universidad de Sussex en Inglaterra.

Fue profesor-investigador hasta 1994, primero en El Colegio de México y luego en la Universidad de las Américas A.C.   Llevó a cabo la primera investigación sobre microindustria en México y contribuyó a incorporar esta definición de tamaño en las estadísticas nacionales.

En 1995 se incorpora al sector medio ambiente en el Instituto Nacional de Ecología de SEMARNAP, como director general de regulación ambiental, teniendo a su cargo la normalización ambiental, la creación de una Licencia Ambiental Única y el área de economía ambiental.

En 2001 pasa a la secretaría de Hacienda como Director General Adjunto de Derechos, Productos y Aprovechamientos y tiene el encargo de los temas ambientales de la SHCP en conjunto. En 2003 regresa a SEMARNAT como subsecretario de Gestión Ambiental, hasta junio de 2005.

En 2005 y 2006 es asesor de diversos organismos internacionales (Banco Mundial, CEPAL) y de la Secretaría de Salud, y en 2007 se incorpora a Grupo México Minera México, donde ocupa el puesto de Director de Medio Ambiente.

Desde 2010 a la fecha se ha desempeñado como consultor tanto en organismos internacionales como en el Gobierno Federal y en organismos privados.

Recientemente ha publicado sobre temas muy diversos, y es investigador asociado ad-honorem en El Colegio de México A.C.

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