octubre 28, 2021

Leyendas de Guatemala: De espantos, encantos y monstruos

Leyendas de Guatemala: De espantos, encantos y monstruos

 

Cuando era un niño viví en el pueblo de mi padre; un lugar pequeño con mucha parentela mía. Pueblo católico entonces, y lleno de leyendas e historias terroríficas, trasmitidas por tradición oral. Pueblo supersticioso, con pensamiento mágico. Creen en toda historia por increíble que parezca.

 

Escuché muchas leyendas e historias de espantos y encantos, mientras estudiaba ahí en el pueblo de mi padre la educación primaria en una escuela pública, de boca de otros niños y de mis parientes adultos también.

 

Los niños de mi edad vivían aterrorizados

Por todas esas leyendas que les contaban sus ancestros y tenían pánico el poder comprobar la existencia de algún personaje siniestro o diabólico. Mi familia paterna hacía eco de esas leyendas para asustar a los niños de nuestro clan, y pudieran medio dormir con pesadillas. Lo lograban eficazmente.

 

Estaba cursando el sexto de primaria en la escuela federal del pueblo, y un día le dije a mis compañeros que salieran una noche conmigo a buscar los espantos. Algunos aceptaron salir una noche oscura y encontrarnos en la vera del minúsculo riachuelo de aguas negras que circula a medio pueblo.

Como hijo de un comunista y ateo, no creía en espantos ni en cosas sobrenaturales, era muy racional para juzgar la cultura local tan llena de supersticiones.

 

Nos reunimos una decena de niños de mi edad, nueve o diez años, y nos dirigimos al riachuelo asqueroso, al filo de las 11 de la noche. La idea era convocar a los espíritus malignos. Y lo intentamos sin suerte, no apareció ningún espanto esa noche. Los niños sudaban de miedo y sus ojos estaban desorbitados ante cualquier ruido extraño . Esa noche no ocurrió nada digno de contar.

 

Días después

Convoqué a mis amiguitos para reunirnos en el panteón, en el cementerio del pueblo, que no está bardeado y se puede recorrer entero entre los sepulcros a flor de tierra. Mis amiguitos tenían mucho miedo de los muertos, y yo les dije qué hay que temer a los vivos y no a los muertos.

 

Esa noche que fuimos hacia el panteón del pueblo llevamos velas para iluminar el camino, ya que del pueblo al cementerio había que caminar un par de kilómetros a oscuras.

 

Permanecimos ahí sentados sobre los sepulcros una hora y conversando sobre esos espantos en los que ellos creían ciegamente. Y no ocurrió absolutamente nada esa noche, tampoco.

 

Investigué si esos espantos eran de la tradición española, y no. Estas leyendas son guatemaltecas y muy propias de esta cultura.

 

Haré un repaso somero de las leyendas de Guatemala

El Cadejo

Es una especie de perro negro con mezcla de otros animales.

Es un tipo  de espíritu protector de los borrachines, bolos les dicen aquí localmente. El Cadejo los cuida y los protege cuando los encuentra tirados en la calle.

 

La Llorona

Mujer vestida de blanco que aparece cerca de los ríos, porque ahí ahogó a un hijo. Y por eso fue condenada a vagar por todos lados en busca de su hijo muerto.

Los pobladores aseguran haber escuchado los lamentos de esa mujer en las noches más oscuras.

 

La Siguanaba

Es una mujer atractiva de lejos, sensual, y habita cerca también cerca de los ríos, y su encanto desaparece cuando alguien se le acerca demasiado, en ese instante su bella cara se transforma en cara de caballo, dientuda.

Atrae a los hombres infieles, los seduce y los mata.

 

El Sombrerón

Es un hombre de baja estatura, un enano, viste todo de negro y usa un sombrero de ala grande, un sombrerón.

Se monta en caballos ajenos y les hace trenzas en la cola y en las crines, y son imposibles de deshacer.

Persigue a mujeres de cabellos largos y negros, y las seduce absolutamente con sus encantos.

 

La Tatuana

Mujer joven y bella, pero loca y bruja.

Es muy mala. Atrae hombres y los mata.

 

Este relato mío está basado en remembranzas personales de hechos ocurridos hace 70 años. Nunca me topé con algún espanto en ninguna parte del mundo.

Debo admitir que sí conocí varias lloronas, que eran unas simples mujeres hermosas que se quejaban de todo, todo el tiempo. No eran espantos, pero sí espantosas.

 

El premio Nobel de literatura el guatemalteco, Miguel Ángel Asturias, le dedicó una de sus obras a las leyendas de Guatemala.

Leyendas que constituyen un mundo de revelaciones, mitad mito, mitad verdad. Es una obra para ser leída en voz alta por su cadencia musical, su ritmo poético.

*La Vaca Filósofa

Imagen: Especial

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