La Reserva Federal sigue con la irrigación monetaria

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Mario Lettieri y Paolo Raimondi (MSIA informa)

El oráculo de Jackson Hole habló por la boca de la presidente de la Reserva Federal de los EUA (Fed), Janet Yellen, organismo que se ha convertido en un verdadero sistema internacional. Pero, como siempre, desde los tiempos del Templo de Delfos, el mensaje no es muy claro. Sobre el caso de la posibilidad de un pequeño reajuste hacia arriba de la tasa de descuento del banco central estadounidense, puede ser que sí, quizá, tal vez no, ¿quién sabe?

 

Organizado todos los años por la Reserva Federal de Kansas City, hacia finales de agosto, el cónclave de banqueros y especialistas financieros internacionales acostumbra ser ardientemente esperado por todos los agentes financieros del mundo. Saber de las intenciones monetarias estadounidenses, ha sido un factor crucial para los mercados, para que puedan tomar sus decisiones sobre las grandes transacciones financieras –principalmente, las especulativas.

 

En su análisis, la Sra. Yellen reconoció que la debilidad persistente en la recuperación de las inversiones, la baja productividad y la alta propensión al ahorro, está frenando la economía, a pesar del aumento del nivel de empleo registrado en los EUA, en los últimos tres meses. Por tanto, los diferentes y variados indicadores económicos no permiten apuntar claramente si hay una intención de aumentar las tasas de interés, como se ventiló anteriormente, incluso en documentos oficiales del Comité Federal del Mercado abierto (FOMC, siglas en inglés), de la Reserva Federal.

 

La lectura de las proyecciones y de los escenarios elaborados por el propio banco central indica una probabilidad del 70% de que la tasa de interés podría variar entre cero y 4.5%, ¡hacia finales de 2018! Ahora, esta es la más vaga de las estimativas, que no justifica la incomodidad de centenas de especialistas. La razón para esta indefinición, obviamente, debe ser buscada en las cuestiones económicas, que, con frecuencia, son afectadas por turbulencias imprevisibles. Así, dijo Yellen, “cuando ocurren fuertes choques y cambia el desempeño económico, la política monetaria tiene que adaptarse”.

 

NO ES EXACTAMENTE LO QUE SE ESPERA DE UN ORÁCULO VERDADERO

Sin embargo, una lectura más atenta de su discurso permite vislumbrar un mensaje bastante claro: la política monetaria acomodaticia de la “flexibilización cuantitativa” (QE, siglas en inglés) continuará sin límite de tiempo. Hasta ahora, según una investigación hecha por el Bank of America, los bancos centrales de todo el mundo despejarán el equivalente de 25 billones de dólares en sus respectivas economías.

 

En el plano concreto, por encima de todo, la “Fed” decidió sustentar los títulos inmobiliarios, en especial, los más complejos y potencialmente peligrosos, como los ABS (asset-based securities, títulos basados en activos), librando a los bancos de sus activos de riesgo y dándoles más liquidez para el sistema bancario. En este contexto, Yellen reconoce que los activos de “Fed” subirán al menos de un billón hasta 5 billones de dólares, por lo que su reducción tendría consecuencias imprevisibles sobre la economía.

 

Es evidente que para ella, la política de adquisición de títulos podría permanecer muy cercana a cero y la política de adquisición de valores inmobiliarios y guidance seguirá siendo un componente esencial de la estrategia global de “Fed”. Por guidance (orientación), se entiende también el anuncio que las tasas permanecerán vecinos al cero por un largo período de tiempo. ¡Más que una cuestión monetaria, se trata de una política de comunicación!

 

Pero el anuncio más importante fue la consideración de la utilización de nuevas herramientas de intervención monetaria, incluyendo la ampliación de una gama de compra de valores inmobiliarios y otros activos financieros. Esto, inevitablemente, significaría la compra hasta de títulos de mayor riesgo, como derivados. Según ella, se considera, también, la posibilidad de elevar la meta de inflación de 2% a 3%, alargando, así, el período de aplicación de la QE. Hoy, esto no parece ser una perspectiva rosada.

 

No obstante, Yellen debe admitir que una política prolongada de intereses cero podría incentivar a los bancos y otros agentes financieros a emprender operaciones excesivamente arriesgadas.

 

Según estimados, la “irrigación monetaria” hace que títulos de cerca de 11 billones de dólares tengan, tasas cero o negativas. ¡Esto representa cerca del 20% de deuda soberana del mundo! Un tercio de todos los títulos de deuda pública emitidos en 2106 y tengan tasas negativas.

 

Es claro que la continuación de esta política monetaria “irrigadora” refleja “el miedo en que estamos ante un prolongado período de estancamiento económico secular”, como lo admitió el vice-presidente de “Fed”, Stanley Fischer. Y, también es evidente que la tasa cero en interés no siempre se revela como eficaz para fomentar la recuperación y el crecimiento económico.

 

Por esta razón, sin jactancia, hemos reiterado en varias ocasiones la necesidad de que los gobiernos no dejen las políticas monetarias y a los bancos centrales la tarea de recuperar sus economías, sino que asuman plenamente esa responsabilidad, con políticas de inversión y asociaciones público-privadas en las áreas de infraestructura y nuevas tecnologías.