septiembre 21, 2021

La Ópera, Mi Amante, y un Triste Final

La Ópera, Mi Amante, y un Triste Final

Bolivar Hernandez

Por muchos años he sido un melómano apasionado por la música clásica, el ballet y la ópera.  Cada temporada de la ópera asistía, sin falta, al Palacio de Bellas Artes. Ese gusto por la música clásica se lo debo a mi padre, quien me introdujo en ese arte maravilloso desde que yo era un niño de 10 años.

 

Posteriormente, en mi juventud me relacioné con pianistas y cantantes de la Compañía Nacional de Ópera de Bellas Artes, quienes bondadosamente me obsequiaban un boleto gratis para escuchar buena música y magníficas Óperas.

 

Debo reconocer que mis primeras esposas fueron amantes de la música clásica, y ellas mismas ejecutaban algún instrumento musical. E influyeron poderosamente en mi, al cultivar con esmero mi gusto por las bellas artes.

 

¿A qué viene este circunloquio?

Pues para relatar que mi asistencia a la ópera en el Palacio de Bellas Artes, se convirtió en una verdadera odisea, porque los boletos para la ópera son muy caros, una temporada completa significaba un gasto estratosférico para mi.

 

Soltero ya, y con ingresos medianos por mi labor como profesor universitario. Tenía poco margen financiero para pagar mis placeres musicales. Eso implicaba que mis conquistas amorosas no pasaban por Bellas Artes, quizás al cine y luego un sándwich en un Vips.

 

Pero en una ocasión, logré ahorrar unos centavos y compré dos boletos para la ópera en Bellas Artes. Quería sorprender a mi nueva conquista, quien decía gozar de la música clásica.

 

Los boletos eran muy onerosos para mi menguado bolsillo, y además eran para el tercer piso, allá en las alturas.

Se trataba de Turandot, nada menos, esa extraordinaria obra de Giacomo Puccini, en tres actos, que él no concluyó por su muerte inesperada. Es una obra monumental, con un gran reparto en escena.

 

Es la historia de una malvada princesa…

Que para ser conquistada por un hombre, ponía tres enigmas para ser resueltos por los pretendientes, y si fallaban en las respuestas, morían irremediablemente.  Ella era mala y perversa , y gozaba con ello.

 

Pues bien, invité a mi futura novia a presenciar Turandot en Bellas Artes, en el tercer piso, como ya dije en las alturas. Los boletos fueron muy caros ya lo dije también.

Entramos a Bellas Artes muy elegantes los dos, como corresponde a una función cómo ésta. El recinto estaba a reventar, la sala estaba perfumada por tantas mujeres sofisticadas, y con estolas de zorro plateado.

 

Buscamos nuestros asientos, acompañados por una mujer acomodadora de Bellas Artes, quien nos dijo: Estos son sus asientos, y nos entregó el folleto del programa, y tuve que darle unas monedas, pocas….

 

Nos sentamos cómodamente…

Y la función principió con gran majestuosidad, yo feliz como pocas veces, y tomé la mano a mi futura novia, y dije para mis adentros: ¡ya la hice!

 

A los ocho minutos del arranque de Turandot, ella empezó a sudar copiosamente, lo notaba en su mano húmeda. Y la invadió una zozobra incontrolable, muy nerviosa, exaltada, sin lograr apaciguarse, me dijo:

Vámonos! Me siento fatal. No puedo con las alturas. Padezco de vértigo.

 

Salimos despavoridos del recinto, casi corriendo, hasta la calle. Detuve un taxi, la introduje en él, y le dije: Te detesto infinitamente.

 

Cerré la portezuela del vehículo y miré como se alejaba lentamente en aquel caos vial.

Perdí dinero, no vi Turandot, y perdí también, quizás, al amor de mi vida.

*La Vaca Filósofa

Foto: Ezequiel_Octaviano

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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