La OCDE y la OTAN, nidos del movimiento ambientalista

 

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A continuación publicamos  un apartado del libro, Mafia Verde, ambientalismo nuevo colonialismo (tercera edición), de la editorial Capax Dei, que documenta el papel que tuvieron, la OTAN y la entidad que representa la cara del maltusianismo moderno, el  Club de Roma, en la creación del movimiento ambientalista.

 

A mediados de la década de los años sesenta, el escenario se encontraba listo para desencadenar el movimiento ambientalista de masas.  A partir de las determinaciones del Instituto Tavistock, de la UICN y del WWF se analizaron las directrices del movimiento, mismas que se establecieron merced a una serie de reuniones que promovieron en Europa la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).  Cabe la observación de que éstas eran los mismos organismos en cuyo ámbito se analizaban las “reformas educativas” que acabarían luego con los programas de estudio clásicos en casi todo el mundo.

 

Uno de esos cónclaves se llevó a cabo en mayo de 1967, en Deauville, Francia, con el engañoso título de Conferencia sobre el Desequilibrio y la Colaboración Técnica Transatlántica.  Entre los participantes más importantes destacaban Zbigniew Brzezinski, entonces funcionario del Consejo de Planeación Política del Departamento de Estado de los Estados Unidos (después  Consejero de Seguridad Nacional en el gobierno de Jimmy Carter 1977-1981), y el empresario italiano Aurelio Peccei, presidente entonces del Comité Económico del Instituto Atlántico, el organismo de planeación estratégica más importante de la OTAN.  Las conclusiones principales fueron estas:

  1. El progreso científico, definido como el dominio del hombre sobre las leyes universales, tenía que ceder su lugar a la visión del hombre reducido a una parte de la naturaleza de leyes inmutables e incognoscibles.
  2. Los regímenes gubernamentales fundados en los paradigmas industriales predominantes ya no funcionarían en esta “nueva era” post industrial. Los Estados nacionales se disgregarían en la medida en que el hombre criase nuevas maneras más afines de relacionarse con sus semejantes.
  3. La promoción de la contracultura del rock, de los estupefacientes y de la “liberación sexual”, en un periodo superior a una generación, la transformaría en la cultura mundial dominante, lo que significaría el fin de la Civilización Occidental judeo-cristiana, cerrando la “Era de Piscis” y abriendo la “Era de Acuario”.

 

Zbigniew Brzezinski publicó en 1968 el libro The Technotronic Age (La Era Tecnotrónica) [1] en el que argumenta que esa “nueva era” pondría las bases para una dictadura benévola de una élite “globalizada”, y la sociedad, afirma, se caracterizaría por la “revolución de la información”, por la “cibernética” y por la sustitución de la “orientación para las conquistas” (es decir, un sentido de propósito para la sociedad) por un “enfoque de entretenimiento”.

 

Sobre el todavía inexistente movimiento ambientalista, Brzezinski afirma con gran visión: “La preocupación por la ideología está cediendo su lugar a la preocupación por la ecología.  Sus comienzos se pueden ver en la preocupación popular sin precedentes por asuntos como la contaminación del aire, el hambre, la superpoblación, la radiación y la supresión de las enfermedades, los estupefacientes y la atmósfera… Ya existe el consenso de que es deseable la planeación funcional como el único medio para hacer frente a las diversas amenazas ecológicas.”

 

Las ideas de Brzezinski tuvieron eco en el libro The Chasm Ahead (Frente al abismo), escrito por Aurelio Peccei, quien luego habría de crear el Club de Roma.  Peccei dice que la “nueva era” está entre nosotros, así que será necesario hacer cambios radicales a la manera en la que el hombre se gobierna, así como a su relación con la naturaleza.  Lo que se necesita es, pues, una nueva forma de “administración de crisis” y de planeación.

 

El Club de Roma y “los límites del crecimiento”

La creación del Club de Roma, en 1968, fue resultado de las deliberaciones sostenidas en las conferencias de la OTAN y de la OCDE.  Para presidirlo se eligió al italiano Aurelio Peccei, quien ocuparía el cargo hasta el momento de su muerte, en 1984.  Otro de sus fundadores fue el doctor inglés Alexander King, el principal responsable de las “reformas educativas” elaboradas por la OCDE, cuyo contenido retrograda esbozamos más adelante por boca de sus iniciadores. La reunión para la fundación del Club de Roma, sintomáticamente, tuvo lugar en una propiedad de la familia Rockefeller en Bellagio, Italia.

 

El Club de Roma ha actuado desde su fundación como el principal centro de difusión de la ideología maltusiana del “crecimiento cero”.  En 1972 publicó su primer informe, el célebre Límites del crecimiento, que recibió una gran divulgación mundial., pues se publicó en docenas de lenguas.  El informe, resultado de un estudio que partió de un modelo computarizado que elaboró un equipo de investigadores del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), pretendía demostrar la imposibilidad de un crecimiento económico permanente debido a la “escasez de recursos”.

 

Dice el texto que si las tendencias actuales de población mundial -industrialización, contaminación, producción de alimentos y disminución de recursos naturales- continúan inmutables, se llegará al límite de crecimiento del planeta en algún día de los siguientes cien años.  El resultado más probable será la reducción súbita e incontrolable tanto de la población como de la capacidad industrial. [2]

 

A tal conclusión llegaron, entre otros artificios, gracias al fraude maltusiano de considerar una base técnica fija.  El truco fue reconocido más tarde inclusive por el mismo Peccei, con el argumento de que las naciones industriales de Occidente necesitaban una “tratamiento de shock”, que era precisamente el objetivo del estudio.  La misma orientación se mantuvo en los documentos posteriores que divulgó el Club.

 

En otra entrevista a  la revista EIR (27/5/1980), el entonces secretario general del Club de Roma, Maurice Guernier, habla con idéntica desenvoltura de la actuación del organismo:

 

P: ¿Tienen ustedes muchos problemas con la aceptación de sus ideas?

R: El gran problema es el líder nacional de un país.  Por definición, un jefe de Estado es sumamente nacionalista; no está dispuesto a someter el interés nacional de su país a un compromiso más elevado…  Contamos con un grupo de jefes de Estado muy cercanos al Club de Roma.  Por ejemplo, Pierre Elliot Trudeau, del Canadá, Olof Palme, de Suecia… (Bruno) Kreisky, de Austria…  Pero nuestro problema es todavía un problema de poder.  Nuestra llave para el poder es el movimiento ecologista, los partidos ambientalistas.  El Club de Roma comenzó estos partidos.  El movimiento ecológico, dichos partidos, son de enorme utilidad para nosotros porque trascienden fronteras, porque engloban tanto a la izquierda como a la derecha y, también, al centro.  Las personas no creen en los políticos, pero creen en los ambientalistas.  Si el movimiento ecologista fuese bien administrado, con personal bueno…  entonces, verían poblaciones enteras que cambian sus ideas sobre muchas cosas y, entonces, los jefes de Estado tendrían también que cambiar sus ideas.

 

En un documento más reciente, denominado La primera revolución mundial, escrito en 1991 por Alexander King y Bertrand Schneider (por entonces secretario general de la entidad), los “cerocrecimientistas” del Club de Roma llegan al núcleo del problema al afirmar:

En la búsqueda de un nuevo enemigo para unirnos, llegamos a la idea de que la contaminación, la amenaza del calentamiento global, la escasez de agua, el hambre y las cosas de este género harían ese papel…  Todos estos peligros son causados por la intervención humana… El enemigo real, entonces, es la propia humanidad.

 

[1] Zbigniew Brzezinski, América Laboratório do Mundo. Artenova, Rio de Janeiro, 1971.
[2] Donella H. Meadows, Dennis L. Meadows, Jorgen Randers y William W. Behrens III, Limites do Crecimento, Editora Perspectiva, São Paulo, 2 ed., 1978.

 

Foto: youtube.com