abril 19, 2021

La #locura, atrae y #seduce a la #Ciencia, #literatura, #cine y #pintura

La #locura, atrae y #seduce a la #Ciencia, #literatura, #cine y #pintura

 

La locura es un asunto fascinante para el mundo entero. Atrae y seduce. Es un tema de la literatura, el cine, la pintura, la psiquiatría y el psicoanálisis.

 

Desde Erasmo de Rotterdam, autor de El elogió de la locura, hasta Michel Foucault con su Historia de la locura. Además del doctor Freud y el doctor Jacques Lacan, quienes también se ocuparon de la locura.

 

En la pintura hay un famoso cuadro de el Bosco, La nave de los locos, cuadro expuesto hoy en el museo parisino del Louvre.

El mundo es el escenario de la locura, es el elemento indispensable que hace posible la vida y la sociedad.

 

En la antigüedad

La locura se asociaba a la estulticia (tontería, insensatez, ignorancia y necedad); a la estupidez de las personas. Y no a la pérdida de la razón.

 

Locos han habido siempre, y existen maneras diversas de enfrentarlos: o bien encerrándolos o dejándolos vagar libremente por las calles.

El encierro y el ocultamiento de los privados de razón, son las maneras comunes de encarar la locura de los hombres.

 

Los manicomios o los asilos psiquiátricos empiezan a desaparecer en casi todo el mundo, y la fórmula es que cada familia se haga cargo de su loco con una pensión del gobierno para que un familiar se ocupe del cuidado de su loco.

 

La locura se disfraza o se oculta en la sociedad y en el seno de las familias, es un asunto que avergüenza mucho a todos, es un asunto tabú del cual no se habla casi nada.

 

Sin embargo, es posible observar a hombres y mujeres enloquecidas vagando por los pueblos y grandes ciudades del mundo entero. Seres despreciados por sus familias de origen, escorias sociales.

 

En mis periplos por el mundo

Me he percatado de esos seres locos, que ríen todo el tiempo, pues es la risa una cosa de locos. Cuando dos locos se ríen uno del otro, ambos se agradan y se producen un inmenso gozo.

 

En Saltillo, Coahuila, había dos locos conocidos. Una era la Virgen del plástico, una señora mayor desnuda, cubierta solamente con bolsas de plástico. Y otro, era un hombre mayor, don Jesús, fundador de “la universidad universo”, seres inofensivos y pacíficos que viven de la caridad pública.

 

En la Ciudad de México, en el centro histórico de la Ciudad, había un grupo de hombres y mujeres integrantes del “Escuadrón de la muerte” , alcohólicos en fase terminal. Todos ellos con demencia y alucinaciones.

Delírium tremens, se le llama a esa fase de los alcohólicos muy deteriorados de su cerebro.

 

Toda familia tiene su loco, o varios

En la mía también hubo un loco de remate. De niño conocí a un tío loco que no hablaba solo reía. No era como el loco de “Cien años de soledad” que lo tenían amarrado a un árbol con una larga cadena fija a un tobillo.

 

¡No!, mi tío Guicho, se llamaba Luis, y en Guate a los que se llaman Luis les dicen Guicho de cariño; mi tío Guicho estuvo muchos años suelto por el pueblo y era muy conocido por todos; los niños se burlaban de él y mi tío los correteaba por todo el pueblo “muerto de la risa”.

 

Hasta que ya era un hombre de unos cuarenta años, la familia, mi familia decidió encerrarlo en la casa grande, y lo colocó en el hueco de la escalera que comunicaba al segundo piso.

 

Yo tendría 9 años y dormía en el segundo piso de la casa grande, forzosamente pasaba frente al tío Guicho a cada rato, lo veía postrado en una miserable cama sin cobijas ni colchón, eran unos tablones pelados.

 

Me veía y sonreía, y emitía unos murmullos y balbuceos incomprensibles. Me acongojaba su vida como de un desecho humano. A mi corta edad, solo sufría ver a mi tío Guicho postrado viendo el techo.

 

A veces se olvidaban de él y no comía. Y otras veces, me consta , le ofrecían alimentos descompuestos o podridos. Que más daba eso, ya que estaba loco y no se daba cuenta de nada. Por fin, un día amaneció muerto el tío Guicho, cadáver rígido, después de una larga enfermedad estomacal, disentería aguda.

 

Mi profesión de psicoanalista freudiano

Motorgó la oportunidad de tratar a jóvenes enloquecidos por consumo de drogas fuertes, psicóticos sin retorno, e internos en clínicas privadas demasiado onerosas. Fascinante ese mundo de la locura para mi.

 

Yo sabia que aparte del cuadro “La nave de los locos “ del pintor El Bosco, existió una leyenda que contaba que en la Edad Media hubo un barco repleto de orates que fueron embarcados en un puerto europeo y los dejaron partir sin rumbo fijo, a la deriva. Nadie quería saber de esos locos de remate. ¿Verdad o ficción.? Nunca lo sabremos.

 

La memoria y los recuerdos  familiares  sobre el tío Guicho se desvanecieron a lo largo de los años, jamás se volvió a mencionar su nombre.  Es más quizás alguien de mi clan diga que el tío Guicho no existió…

*La Vaca Filósofa

Foto: antrophistoria.com/‘La Nave de los Locos’ de El Bosco

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