La impaciencia

Javier Solórzano es un periodista egresado de la Universidad Iberoamericana. Actualmente es conductor del noticiero estar en Canal Once. Compartimos su columna publicada en La Razón.

 

Uno de los grandes problemas que está enfrentando el Gobierno es que con la gran cantidad de promesas y esperanzas que ha provocado y se ha planteado, la impaciencia puede explotar en cualquier momentos.

Son situaciones que no tienen lógica de movimiento. En el momento menos esperado puede surgir la protesta y la inconformidad que lleve a cambiar los escenarios de forma inesperada. La impaciencia no se puede medir, se presenta y no hay manera de acotarla.

Existe un agotamiento derivado de las altas desigualdades económicas y sociales, las cuales transitan cotidianamente entre nosotros. Por más que se hayan convertido en parte de nuestras vidas esto no significa que se deba vivir entre ellas.

Esto es algo que a López Obrador le queda claro. Denunciar las desigualdades ha sido una constante a lo largo de su vida política. Es uno de los factores por los cuales ganó de manera tan contundente las elecciones. Se le ve como la esperanza para que las cosas sean verdaderamente distintas.

Como la apuesta es importante, ambiciosa y trascendente, se espera que los resultados se puedan ver lo antes posible. Existe conciencia general de que las cosas están a contracorriente en más de un sentido, pero también queda claro que la impaciencia puede llegar en cualquier momento.

El tiempo desde hace un buen rato está corriendo y, si bien está claro que andamos entre el beneficio  de la duda y que la casa está en graves problemas y muchas grietas, no tanto como a menudo se dice, tarde que temprano se tendrán que ver resultados concretos.

López Obrador gobierna con una gran popularidad, de la mano de la urgencia social de que haya salidas a la situación bajo la que viven millones de personas en el país.

También se encuentra el hecho de que está en la mira de sus detractores. El lance de la semana pasada con el periodista de Univisión-Televisa, más allá de lo que pensemos sobre ello, fue una nueva prueba de cómo están los ánimos en las redes y también de la evidente tendencia de grupos que tratan bajo cualquier pretexto de desacreditar al Presidente.

En medio de esta infinidad de escenarios, el Gobierno se ha ido, inevitablemente, desgastando, propio del ejercicio del poder; nadie está exento de ello.

A pesar de esto y de que mantiene una popularidad evidente, en cualquier momento puede aparecer la impaciencia, un poco alimentada por los hechos mismos y otro tanto por el ruido que hacen los opositores al Presidente, lo cual no se debe soslayar.

La sociedad mexicana de estos días es ansiosa y está necesitada de esperanzas y, sobre todo, de cambios.

Esto es lo que representa para muchos López Obrador. Es la personificación de lo que la gente aspira, se le ve como el medio para ello como hace mucho tiempo no lo representaba un político. Es, sin duda, una rara avis de la política nacional y, si nos apura, también a nivel internacional.

Da la impresión que a menudo se pasa por alto que el Presidente es de carne y hueso, no todo lo que dice es “la verdad”.

Suponemos que se habrán dado cuenta él y su equipo de las dificultades que existen para la gobernabilidad del país. También se habrán percatado de la complejidad que es el poner en marcha muchos de los proyectos que habían diseñado e imaginado.

La impaciencia puede brincar en cualquier momento. Hay que estar al tanto de cómo andan los ánimos y las reacciones.

Siguen estando vigentes el beneficio de la duda, la esperanza y la credibilidad en buena parte del país, la cuestión es que se va asomando la impaciencia que, si alguien debe evitar, es el Gobierno, porque a veces se le nota.

 

RESQUICIOS

Pase lo que pase en Acapulco los turistas no dejan de visitarlo. Todo lo que le pasa tiende a sobredimensionarse, sin dejar de reconocer la violencia que se está tratando de erradicar. Hay que cuidar y cuidar el puerto, es parte de la vida e historia de muchas y muchos, que no se olvide que Acapulco es Acapulco.