octubre 28, 2021

La gran lección del terremoto del 19 de septiembre de 1985

La gran lección del terremoto del 19 de septiembre de 1985

 

La Ciudad de México fue sacudida por un terremoto de cinco minutos de duración con una intensidad de 8.1 en la escala de Richter. Era un jueves a las 7.19 am, del 19 de septiembre de 1985.
Esta es una crónica personal de lo vivido ese fatídico día, por cierto fue un día memorable por muchas razones.
I.- La Ciudad no estaba preparada para una tragedia provocada por la naturaleza. No había lo que hoy se denomina Protección Civil.
2.- Los damnificados se calculan en más de un millón de capitalinos, que tuvieron daños en sus viviendas.
3.- No hay cifras oficiales y verdaderas sobre el número de fallecidos. Las cifras son dispares, unos datos ofíciales afirman que fueron 5 mil los muertes, y otros datos oficiales posteriores arrojan el doble de decesos, 10 mil.
4.- Los rescatados de los escombros fueron aproximadamente 4 mil capitalinos.
5.- Los reglamentos de construcción eran obsoletos y poco rigurosos en el uso de ciertos materiales y de las normas de cimentación. Y se descubrieron obras públicas realizadas con materiales de baja calidad y con varillas metálicas de escaso grosor, y que terminaron colapsados .
6.- Las autoridades capitalinas “ignoraban” que el subsuelo de la urbe era acuoso por ser el lecho del lago de donde fundaron la ciudad los ancestros.
7.- Fue notorio y tardía y desesperante la reacción del gobierno federal, el gobierno de Miguel de la Madrid no actuó con prontitud ni con eficacia.
8.- El 19 de septiembre de 1985 nació la llamada Sociedad Civil.
9.- Años después del terremoto se inventó una Alarma Sísmica, para advertir a los capitalinos que se avecina un temblor de cierta magnitud, cuyo epicentro se localiza en la costa del Pacífico por el acomodo de la Placa de Cocos, frente al puerto de Acapulco.
10.- Este 19 de septiembre del 2021, hubo un simulacro de terremoto, sonando la alarma sísmica a la misma hora del terremoto del 85. Estos simulacros son organizados por la autoridad capitalina y se hacen con relativa frecuencia.
11.- Los capitalinos sufren un trauma por el sonido de la alarma sísmica que se emite frecuentemente por ser el centro del país una zona sísmica. Abundan las crisis de nervios entre los habitantes por tener que salir de sus viviendas en menos de un minuto antes de sufrir las ondas sísmicas y sus consecuentes sacudidas oscilatorias o trepidantes.
12.- El colmo de toda esta historia de sismos en la Ciudad de México, es que en dos ocasiones han ocurrido terremotos en las mismas fechas, uno el 19 de septiembre de 1985, y el otro fue el 19 de septiembre de 2017.
13.- El 19 de septiembre del 2017 se programó un simulacro a media mañana, y todo funcionó con orden; y al mediodía sonó la alarma sísmica y ahora era real, no un simulacro.
14.- A partir del 19 de septiembre del 85, se crearon varios grupos de rescatistas amateurs, sobresalientes como Los Topos, quienes siguen operando dentro del país y en el extranjero también con gran eficacia y profesionalismo.
El jueves 19 de septiembre de 1985 a las 7.19 am
Me percaté que estaba temblando fuertemente. En esa época radicaba en el barrio de Coyoacán, una zona con suelo volcánico, duro y firme. La intensidad del terremoto fue menos violento con respecto a la zona central.
Ese día, los periodistas del diario de izquierda La Jornada nos preparábamos para festejar nuestro primer aniversario de estar circulando en todo el país con gran éxito.
En lo personal, no tenía ni idea de la magnitud de la tragedia porque Coyoacán no reportaba daños mayores. Pero las noticias de lo ocurrido en el centro histórico de la Ciudad de México, eran catastróficas.
Decidí dejar el automóvil en el garaje y monté en la bicicleta para trasladarme al edificio del periódico La Jornada, en la calle de Balderas, en pleno centro de la ciudad. Hice el recorrido en la bicicleta desde Coyoacán distante unos 10 kilómetros hasta el centro, y fui constatando la destrucción física de la urbe.
Dos horas después llegué al periódico y nos pusimos manos a la obra para cubrir la tragedia con crónicas escritas y gráficas, y asignar a los reporteros y fotógrafos las órdenes de trabajo. Al poco tiempo nos enteramos de la muerte de un reportero nuestro por el derrumbe del edificio que habitaba en el centro.
Obviamente los festejos de nuestro primer aniversario de la fundación de nuestro diario se cancelaron por la emergencia que vivíamos a partir de ese día.
La prioridad de la sociedad civil, ante la evidente parálisis gubernamental, era organizar el rescate de los sobrevivientes dentro de los escombros de los edificios derrumbados por todo el centro histórico.
Aparte de organizar las funciones de los reporteros de nuestro diario, me incorporé a las brigadas de rescatistas para colaborar en recuperar a personas con vida debajo de los escombros, dentro de esas miles de toneladas de materiales sólidos.
En mi larga vida en la Ciudad de México he sido testigo de varios terremotos y temblores, y los últimos me ocurrieron en un edificio situado en Regina, donde me negué a salir despavorido desde el tercer piso bajando a toda prisa por las escaleras inseguras hasta la calle.
En los sismos me encierro en el baño, que es el espacio más pequeño y más seguro.
Me producen miedos y temores los sismos, pues ¡claro que si!
Ahora vivo en una zona sísmica con gran actividad volcánica como es Centroamérica, y los enjambres sísmicos son frecuentes. Entre 200 y 300 sismos al día, ocurren en este país.
¡Hasta pronto desobedientes que insisten en ir a ver de cerca las erupciones volcánicas!, sin tomar en cuenta que los ríos de lava pueden cercarlos y matarlos por sus osadías.
*La Vaca Filósofa

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Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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