La diferencia entre un hombre de Estado y un simple estadígrafo

 

Mouris Salloum George*

¿En qué se distingue un estadígrafo de un estadista? El primero se la pasa cantando cuentas de lo bien que el gobierno tiene a la República. El segundo acomete acciones radicales para tener a salvo la soberanía de la Nación.

 

Sería necesario entender la sicología del hombre público para discernir porqué dos paisanos en el ejercicio del poder presidencial y juran sobre la misma Constitución, uno la observa y otro la revierte.

 

La antípoda la representan los mexiquenses Adolfo López Mateos y Enrique Peña Nieto.

 

Peña Nieto ocupa la Plaza de la Constitución como estacionamiento para los invitados a un montaje en donde dirige un mensaje sobre su informe de Gobierno.

 

El 28 de septiembre de 1960, la Plaza de la Constitución  fue tomada por una multitud para expresar su solidaridad con López Mateos por la mexicanización de la industria eléctrica.

 

Un mes después, el Presidente introdujo al Congreso de la Unión una iniciativa de reforma al artículo 27 de la Carta fundamental, para asegurar la exclusividad de la Nación en la generación, transformación y transformación de la electricidad.

 

La reforma estableció categóricamente que, en ese sector, no se otorgarían concesiones a particulares.

 

En 1992, Salinas de Gortari abrió un boquete constitucional para que la Comisión Federal de Electricidad acudiera a empresas privadas para proveer de fluido a la estatal.

 

En menos de cinco años, entre Calderón y Peña Nieto impusieron sus respectivas reformas energéticas. En 2007, la CFE exhibía activos de capital del orden de 449 mil millones de pesos.

 

Para 2015, la CFE había perdido 320 mil millones de sus activos. El gobierno acudió a su salvataje, convirtiendo el déficit en deuda pública.

 

Ahora, la empresa “productiva” del Estado enfrenta la sublevación de los usuarios por los descomunales montos de las facturas de consumo.

 

López Mateos, al poner la electricidad en manos del pueblo, instó a usarla en desarrollo industrial, para llevar a todos los hogares los beneficios de la mexicanización.

 

Así se documenta la diferencia entre un hombre de Estado y un estadígrafo.

*Director General del Club de Periodistas de México, A.C.