abril 20, 2021

La #desesperación del #excepcionalismo #produce #monstruos

La #desesperación del #excepcionalismo #produce #monstruos

MSIa Informa

 Hay una posibilidad real de que una crisis regional con Rusia o China pueda agravarse rápidamente para convertirse en un conflicto que involucre el uso de armas nucleares, si perciben que una derrota convencional amenazaría al régimen o al Estado.

 

La frase sintetiza el mensaje claro del jefe del Comando Estratégico de Estados Unidos (Stratcom), vicealmirante Charles Richard:

Estados Unidos necesita preparase para una guerra nuclear si quiere preservar su posición hegemónica en un mundo marcado por la competición de grandes potencias.

 

Para él, Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos deben cambiar su principio de que el empleo de las armas nucleares no es posible al de que el empleo de armas nucleares es una posibilidad muy real, y actuar para hacer frente y disuadir aquella realidad.

No podemos abordar la contención nuclear de la misma forma. Se debe ajustar y evolucionar para el ambiente dinámico que enfrentamos.

 

El mensaje fue entregado en el artículo La forja de la contención estratégica en el siglo 21, publicado en la edición de febrero de la revista Proceedings del Instituto Naval de Estados Unidos, disponible en inglés en internet.

 

El artículo de Richard refuerza la percepción de que los sectores más radicales del Deep State estadounidense están dispuestos a llevar a sus últimas consecuencias su apego férreo al plan hegemónico justificado por la ideología excepcionalista de Estados Unidos como la nación indispensable, la ciudad en lo alto de la colina imbuida de la responsabilidad de amoldar el mundo a su imagen.

Para los excepcionalistas que ven al país como el principal agente del Bien en el mundo, cualquier resistencia externa a tal visión y a tal plan representa una amenaza existencial que debe ser tratada como tal.

 

Rusia y China, los obstáculos

Esto es lo que sucede con Rusia y China, que no sólo se niegan a someterse a este plan hegemónico, sino que se articulan para ofrecer al mundo una pauta de cooperación y no hegemónica para el desarrollo compartido, a partir de la integración físico-económica de Eurasia -que, para aquellos círculos del poder estadounidense, se asemeja cada vez más a un casus belli.

 

Como era de esperar, el autor les atribuye a ambos países el plan promovido por él y sus pares del Estado de Seguridad Nacional estadounidense:

Mientras el foco del Departamento de Defensa ha sido el contraterrorismo, Rusia y la República Popular de China (RPC) comenzaron a desafiar agresivamente las normas internacionales y la paz mundial con el uso de instrumentos de poder y de amenazas de fuerza de forma no vista desde el auge de la Guerra fría -y, en algunos casos, de forma no vista durante la Guerra fría, como ataques cibernéticos y amenazas en el espacio. No sorprende que estén tratando incluso de aprovecharse de la pandemia mundial para promover sus planes nacionales. Estos comportamientos son desestabilizadores y, si no se les hace frente, aumentarán el peligro de crisis o conflictos de grandes potencias. (…)

 

Aquí vale preguntar cuántos países fueron invadidos por la Federación Rusa y por la República Popular de China desde el fin de la Guerra fría, y compararlos con los que sufrieron alguna forma de agresión militar de Estados Unidos. Además, los ataques cibernéticos también han sido una especialidad estadounidense, como lo demuestran las sucesivas agresiones contra el programa nuclear de Irán, sin hablar de la reciente creación del Comando Espacial, el sexto brazo de las Fuerzas Armadas Estadounidenses, cuyo objetivo explícito es proporcionar libertad de operación para Estados Unidos en el ambiente espacial. Igualmente vale la pena comparar el número de bases y de instalaciones militares de los tres países en el exterior (Estados Unidos más de 800 en más de 80 países -ni el Pentágono tiene una lista completa; Rusia y China: dos cada una).

 

Richard afirma:

Debemos competir activamente para mantener las agresiones de ellas en jaque; ceder a sus iniciativas implica el riesgo de reforzar su percepción de que Estados Unidos no tiene la disposición o las condiciones para responder, lo que podría hacerlas todavía más osadas. Además, nuestros aliados pueden interpretar la inacción como una falta de disposición o incapacidad de liderear.

Permanecer pasivos puede negarnos oportunidades de mostrar una de nuestras fuerzas más grandes: la proyección de poder estratégico. En el momento en el que una iniciativa de un adversario se convierta en un fait accompli, Estados Unidos sería obligado a decidir si acepta su nuevo estado normal, emplearía su fuerza militar para reestablecer el status quo o establecería el nuevo estado normal.

 

Es evidente que en el ámbito de los grandes negocios que representa el “Estado de Seguridad Nacional” no se puede ignorar la perspectiva de que el artículo refleja también al cabildo de modernización del arsenal nuclear estadounidense, cuyo costo se estima que llegará a cerca de 500 mil millones de dólares en el 2030.

 

Sin embargo, la posición del jefe del Stratcom muestra con claridad la desesperación del Deep State con la inexorable erosión de la posición hegemónica que ha disfrutado Estados Unidos en las últimas décadas, y remite a los delirios de los estrategas de los sesenta y setentas, como Albert Wohlstetter, Herman Kahn y otros, sobre la viabilidad de que Estados Unidos salga victorioso de una guerra nuclear. La hipótesis es todavía más delirante ante la existencia del arsenal de vectores nucleares hipersónicos rusos, contra los que Estados Unidos no tiene defensa -como admite el propio Richard-, y que China también se ha esmerado en reproducir.

 

En entrevista con la red RT, el ex inspector de armas y ex oficial de los servicios de información de los Fusileros Navales estadounidenses, Scott Ritter, afirmó que las posiciones belicosas de Richard son más peligrosas que lo que parecen. Según él, Estados Unidos no tiene condiciones para imponerse a Rusia o a China en un conflicto convencional, por lo que no dudarían en recurrir a las armas nucleares, lo cual llevaría a sus oponentes a responder de la misma forma. “Eso es lo que torna tan peligrosas las declaraciones del almirante sobre la preparación para una guerra nuclear, porque no hay forma de contenerla”, dijo (RT, 06/02/2021)

 

La verdad es que la mera mención pública de tal posibilidad muestra una mentalidad monstruosa, típica de los altos servidores de un hegemón decadente, que prefiere jugar con la perspectiva del fin de la humanidad en el caso de un conflicto mundial “caliente”, como alertó el presidente ruso, Vladimir Putin, en su reciente discurso en el Foro de Davos.

Foto: misiones.minrex.gob.cu

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