La #CasaEmbrujada de la #ColoniaRoma con un #fantasma que adoraba los #zapatosdeplataforma

 

Esta historia no tiene ningún parecido con la novela de Isabel Allende quien se hizo famosa con ese bello texto, publicado en Buenos Aires en 1982 por la editorial Sudamericana.

 

Existen muchas casas habitadas por espíritus o presencias como suelen denominarlas los cazafantasmas. Y cobran mucho dinero por “limpiar” de esas presencias las viviendas “embrujadas”.

 

Esta historia es muy real y no tiene relación con el más allá, sino más bien con el más acá.

 

EDUARDO Y MAGALY

La pareja de este joven matrimonio está conformada por Eduardo y Magaly, ambos treintañeros, sin hijos pero sí con perrijos varios.

 

Eduardo es diseñador gráfico y trabaja en casa desde antes que el teletrabajo se hiciera popular y obligatorio por la pandemia del COVID. Y le va bastante bien, gana buenos honorarios por sus diseños.

 

Eduardo es hijo único de una madre soltera, quien crió a ese niño con muchos cuidados y exageradas atenciones para evitarle frustraciones en la vida. Madre e hijo estuvieron muy apegados de día y de noche, en una simbiosis enfermiza.

 

La madre de Eduardo era una funcionaria intermedia en Petróleos Mexicanos (Pemex), con un buen salario el que invertía en ropa y calzado de calidad, además de joyas y no de fantasía.

 

La madre de Eduardo tenía un ritual cotidiano que era el acicalarse con esmero y dedicación, al grado de invertir dos horas en su arreglo: maquillaje, cepillado de su larga cabellera y selección del vestuario y calzado que combinarán perfectamente.

 

Sus ropas eran de marcas famosas, y su calzado de tacón alto eran de diseñador reconocido.

 

Eduardo Niño fue testigo de ese ritual de su madre cada mañana, él ayudaba a escoger la lencería y sobre todo los zapatos de tacón alto que eran su pasión.

 

Admiraba a su madre por joven y bella

Y la miraba extasiado y con profunda admiración. Era un tanto edípica esa relación madre e hijo. Eduardo era el vivo retrato de su padre decía su madre, pero nunca lo conoció por decisión de su progenitora.

 

Eduardo y su madre vivieron toda la vida en la colonia Roma en la calle Guanajuato cerca del parque Luis Cabrera.

 

Eduardo y Magaly se conocieron en la Universidad de la Comunicación localizada en la Roma, muy cerca de la casa de Eduardo. Y por esa razón Magaly empezó a ir a casa de su novio a estudiar todos los días. Magaly vivía en la colonia Del Valle en la Diagonal de San Antonio. Y ella tenía un auto nuevo regalo de sus padres.

 

Un día Eduardo pidió hablar con su madre acerca de sus planes matrimoniales con Magaly, y la madre se opuso tajantemente. “No piensas en la soledad de tu madre?” Le dijo ella gimiendo. “Me vas a abandonar como un trapo viejo?” , ya con un llanto desbordado.

 

Eduardo se conmovió ante la nueva situación de su madre y le ofreció vivir cerca de ella, y se fue con Magaly a tres cuadras nada más, a la calle Chihuahua.

La vida marital de Eduardo y Magaly era normal, con un poco de “mamitis” de parte de Eduardo, sin exageraciones.

 

Magaly trabajaba en un diario muy famoso ubicado en Av. Universidad. Y Eduardo en casa.

 

En el primer año de casados no hubo nada extraordinario que contar, ya que era una vida muy convencional y rutinaria.

 

En varias ocasiones

Magaly llegaba a casa intempestivamente, sin previo aviso, y cuando subía las escaleras al tercer piso donde estaba su departamento, ella alcanzaba a escuchar pasos dentro de su casa, pero eran sin duda pisadas de mujer con zapatos de tacón alto.

 

Nunca comentó nada acerca de esos pasos misteriosos que ella escuchaba en su hogar al llegar del trabajo.

 

La sospecha de infidelidad de Eduardo era una real posibilidad. Que en su ausencia metiera una mujer a su casa, podría ser factible. Pero no había desacuerdos ni insatisfacciones dentro de la pareja.

 

Un día 

Dio la casualidad que ella volvió temprano a casa y subió las escaleras en forma silenciosa y al introducir la llave en la cerradura con tres chapas, escuchó claramente los pasos de unos tacones lejanos que se retiraban con prisa.

 

El misterio se descubrió de golpe.

 

Eduardo estaba vestido con ropa de mujer y con zapatos de tacón alto.

Mi amor te puedo explicar esto con claridad, no soy gay, soy fiel a ti. Soy un fetichista desde Niño…

 

*La vaca filósofa

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