abril 21, 2021

Julio Ricardo, #pésimoestudiante de acaudalada #familiazapatera de #León; no se #graduó, pero qué #Pachangón hizo

Julio Ricardo, #pésimoestudiante de acaudalada #familiazapatera de #León; no se #graduó, pero qué #Pachangón hizo

 

Esta historia verídica no tiene nada en común con aquella película del año 1967, El Graduado, en la que Benjamin un joven recién graduado de la universidad vuelve a casa de sus padres y ahí conoce a una mujer muy mayor y atractiva, la señora Robinson, y viven un tórrido romance.

 

No, el graduado de esta historia da pie a una situación lamentable y chusca en su vida estudiantil.

 

Julio Ricardo era un chico proveniente de unas de las familias más adineradas de León, Guanajuato. Pudientes empresarios  y dueños de las famosas zapaterías “ Tres hermanos”, dispersas por toda la República mexicana.

 

Estos empresarios del ramo de los zapatos nunca estudiaron sino que con base en su esfuerzo y trabajo, lograron crear un imperio en Guanajuato. Y que deseaban que al menos uno de sus vástagos estudiara una carrera universitaria.

 

En la universidad iberoamericana de León, inscribieron a su descendiente más listo y con visión de futuro, según ellos. Y así fue como Julio Ricardo cursó la carrera de Administración de Empresas en la prestigiosa universidad de los jesuitas.

 

Julio Ricardo era un junior

Joven impetuoso para hacer deportes y divertirse con sus amigos todo el tiempo. Muy noviero sin compromisos, ya que la familia le puso como condición para tener una relación formal y seria con alguna chica leonesa rica, primero lo primero, tener un título universitario.

 

Julio Ricardo entendió que su misión en la vida era cumplir con los deseos de su familia, ser un graduado universitario.

 

Julio Ricardo era muy popular y conocido en todo León y sus alrededores, inclusive en Guadalajara a donde solía ir de fin de semana con sus amigos y amigas y él pagaba todo. Julio Ricardo obtuvo como regalo de cumpleaños un automóvil de lujo italiano, un Alfa Romeo. Eso ocurrió cuando cumplió 18 años, y ya era un hombre mayor de edad, al menos para ejercer el voto en alguna elección importante.

 

Julio Ricardo no era un chico a quien le agradara estudiar, siempre tuvo maestros particulares en casa para reforzar su bajo rendimiento escolar. Inclusive sus padres tuvieron que comprar el certificado de preparatoria, ya que Julio Ricardo reprobó casi todas las materias en el último semestre de la preparatoria. Y sus padres preocupados porque sin el certificado de la preparatoria no había modo de que el chico ingresara a la Ibero de León, ni a ninguna otra institución de educación superior.

 

Sus padres eligieron para Julio Ricardo la carrera de Administración de Empresas, por ser una profesión que goza de gran prestigio entre los ricos de León.

 

Él, sin embargo, tenía como deseo ser futbolista profesional en el Club Leon FC. Pero jamás dedicarse a estudiar. Estudiar nunca fue su anhelo, ni en sueños. Y el chico  era un buen deportista, alto y fuerte y con gran dominio del balón. Su posición favorita era extremo izquierdo.

 

Pero tuvo que entrar a la universidad por la fuerza y porque él es el heredero de la empresa familiar. No había escapatoria.

 

Durante toda la carrera

Julio Ricardo se apoyó fuertemente en su mejor amigo y compañero de banca Arnulfo, un chico de clase media originario de Celaya. Arnulfo muy inteligente y estudioso, aceptó colaborar con su rico y burro amigo Julio Ricardo, a cambio de una especie de beca para poder pagar las costosas colegiaturas de la Ibero.

 

Arnulfo hacía todas las tareas de los cursos, leía todos los textos obligatorios  de cada una de las materias, y elaboraba excelentemente unos resúmenes y compendios de esas lecturas, y se las pasaba a Julio Ricardo quien no las leía. Julio  Ricardo sufría en los exámenes y sacaba pésimas notas aprobatorias, apenas pasaba de “panzazo”.

 

Pero Julio Ricardo era de los alumnos que pagaba puntualmente las colegiaturas y por ello tenía siempre muchas consideraciones de las autoridades de la Ibero. No era un alumno sino un cliente espléndido para la Ibero.

 

A empujones terminó la carrera, con un pésimo historial académico.

 

Y había que  hacer una tesis para comprobar su habilidad profesional en el manejo de la bibliografía y de un marco teórico novedoso.

 

Julio Ricardo estaba en la luna, no sabía cómo resolver ese trámite engorroso. Y ¡Eureka!, Arnulfo era la clave para resolver ese requisito. Y le encargó a Arnulfo que le hiciera la tesis de licenciatura

 

Arnulfo hizo una excelente tesis a nombre de Julio Ricardo.

 

El día del examen profesional 

La familia de Julio Ricardo se organizó para hacer una tremenda fiesta para él graduado y para ello contrataron el salón de recepciones del Hotel Real de Minas. Con una cena-baile celebrarían este gran acontecimiento académico de Julio Ricardo.

 

Llegó el gran día, en el auditorio de la Ibero se preparó el jurado de cinco miembros para examinar al alumno Julio Ricardo.  Mientras la familia cuidando todos los detalles de la ceremonia de graduación tanto en la universidad como en el hotel donde irían todos después a celebrar el triunfo académico de Julio Ricardo.

 

Los jurados que examinaron al estudiante cuestionaron duramente al examinado con preguntas complicadas, que Julio Ricardo no supo responder. Ni una sola interrogante planteada al examinando tuvo respuesta.

 

La tesis era excelente, pero Julio Ricardo no pudo defender su contenido.

 

Se reúne el jurado a deliberar el asunto, se encierran y pasan dos horas y salen a dar su veredicto. El público expectante, toda la familia muy elegantemente vestidos, muy emperifollados. Tronándose los dedos por los nervios.

 

El presidente del jurado examinador, fue tajante y dijo:

¡REPROBADO!

La familia se ahogaba en llanto, cómo eso podía ser posible!  Gritos histéricos de la madre de Julio Ricardo. Ella exclamaba: “ Bastardos, dios los va a castigar”. El jurado examinador se retira de inmediato y dejan atrás una batahola.

 

Arnulfo que estaba atónito, se acercó a Julio Ricardo y le dijo: amigo, la tesis era un trabajo magnífico, era un planteamiento novedoso, ¿Qué te pasó?

 

Julio Ricardo le confiesa al autor de la tesis: “Amigo, nunca leí la tesis y no supe de qué se trataba el asunto. Por eso no respondí a ninguna pregunta”.

 

La gran fiesta para el graduado se realizó de todas maneras, estuvo alegre y divertida, porque la orquesta siguió tocando como durante el hundimiento del Titanic, ignorando la tragedia del graduado.

*La Vaca Filósofa

Foto: Especial

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