Inteligencia Colectiva: El profundo misterio de la Conciencia (audio)

 

Cuauhtémoc Valdiosera*

Dentro de los avances impresionantes sobre el conocimiento del cerebro y de las neurociencias en general, prevalece el profundo misterio de lo que llamamos Conciencia. O sea la percepción de nosotros mismos y de toda la realidad que nos rodea, la esencia misma de la mente humana. Y que es el mayor enigma de la ciencia y la filosofía.

 

Aparte de nuestras experiencias cotidianas existen informes procedentes de estadios cognoscitivos que sugieren que los seres humanos no somos los únicos animales que tienen Conciencia. Quizá seamos los únicos que somos conscientes de que somos conscientes, y, desde luego, los únicos que podemos informar de nuestro estado consciente mediante el lenguaje sintáctico.

 

Parece evidente que la Conciencia surge sobre el sustrato biológico del sistema nervioso y, por tanto, es un estado adquirido a lo largo de la evolución. Se suele distinguir entre una Conciencia sensorial, llamada también “conciencia básica”, probablemente común a muchos animales, y una Conciencia llamada extendida o “conciencia de nivel superior”, única en el hombre.

 

La mayoría de los científicos establecen una distinción entre estas dos formas de Conciencia, que tienen sus raíces en la estructura del cerebro. Los términos y las definiciones varían, pero fundamentalmente la Conciencia extendida se refiere al completo esplendor de la mente humana, totalmente inalcanzable sin lenguaje, sociedad, cultura, etc. Presupone la coexistencia de una conciencia primaria, está acompañada de un sentido de la propia identidad y de la capacidad explícita de construir, en estado de vigilia, escenas pasadas y futuras.

 

Requiere una capacidad semántica y, en su forma más desarrollada, una capacidad lingüística. Y permite desarrollar los conceptos de la propia identidad subjetiva (el yo), el pasado y el futuro.

 

La conciencia básica que es algo en conjunto más animal- emociones, motivaciones, dolor, un sentido rudimentario del yo, vinculado al instinto de supervivencia. Para dos grandes científicos, estudiosos eminentes del fenómeno de la Conciencia, ambos premios Nobel, Francis Crick descubridor del ADN, somos simplemente el producto de nuestras neuronas y sus 100 billones de conexiones.

 

Y para Gerald Edelman, ésta es producto de la experiencia acumulada, los genes especifican el sistema general de circuitos del cerebro, mientras la experiencia especifica el cableado exacto y todos los detalles idiosincráticos que la conforman, una especie de darwinismo neural que evoluciona.

 

Lo primero que debemos destacar es que la Conciencia no es nada de lo que parece. Puede parecer unitaria, es decir no fragmentada en pedazos. No tenemos flujos de Conciencia separados recorriendo nuestra cabeza, sino una sola percepción integrada, que, sin embargo, cambia sin parar, pasando de un segundo a otro, por una interminable variedad de estados.

 

Así la Conciencia parece un película en nuestra mente, con las imágenes compuestas no solo de sonidos y colores, sino también de olores, tactos, sabores, emociones, sensaciones, pensamientos, todo ligado a un sentido personal del yo, afianzando en nuestro cuerpo el conjunto del ser y sus experiencias.

 

La prueba quizás más contundente, de lo que afirma Crick, en su libro La búsqueda científica del alma, de que todo lo concebimos que somos, no es más que el producto de nuestras neuronas y su interacción electroquímica, es la alteración de nuestra Conciencia por medio de un sinnúmero de sustancias psicodélicas, que el hombre ha usado a través de la historia y que hoy constituyen un grave problema de salud pública por su abuso y adicción. La inquietante pregunta es. ¿Por qué buscamos insistentemente alterar la conciencia que nos dio la naturaleza?

 

Y si ha causa de la evolución natural, la materia se volvió imaginación y si todo lo que concebimos, es producto exclusivo de las propiedades fisicoquímicas de las neuronas, las sinapsis y los neurotransmisores, conformado por algoritmos y redes neurales, será tal vez posible que un futuro no muy remoto, el conocimiento profundo de este misterio, nos permita transmitir a nuestras máquinas inteligentes, la conciencia de ellas mismas.

 

Ésta es, quizás, la pregunta fundamental, ante el reto creciente del crecimiento exponencial de la inteligencia artificial que experimentamos actualmente.

 

*Estudioso del fenómeno de la inteligencia Colectiva. Artista digital. Periodista tecnológico y analista geopolítico. Cuenta con una larga experiencia en el campo de la administración del conocimiento, la comunicación organizacional y el análisis geopolítico. Actualmente es el Director Ejecutivo del Centro de Estudios para el Desarrollo de la Inteligencia Colectiva ( CEDIC A.C.). E-mail: [email protected]

 

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