agosto 05, 2021

#G20 2021: #Italia, los #paísespobres y la cuestión de la #deuda

#G20 2021: #Italia, los #paísespobres y la cuestión de la #deuda

MSIa Informa

A partir del primero de enero, Italia ocupa la presidencia del G-20. Será un año muy difícil, pero también decisivo, porque el mundo tendrá que derrotar en conjunto la pandemia de covid-19 y preparar el terreno para la recuperación económica, la futura seguridad sanitaria y la reforma financiera global. Estos son solamente algunos de los desafíos inevitables a confrontarse.

 

Se trata de una oportunidad única para que Italia pueda desempeñar un papel fundamental. Además de las acciones necesarias para una implementación eficaz y rápida del Fondo de Recuperación de la Unión Europea (UE), en el ámbito del G-20, nuestro país podría ser uno de los principales actores del programa de reducción de deuda, comenzando por los países pobres del Sur del mundo.

 

La confiabilidad y autoridad de los líderes del G-20 se confirmarán, precisamente, en lo que digan al respecto de su compromiso y solidaridad con los países más débiles expuestos a las tempestades de todas las crisis, ya sean militares, económicas, alimentarias o geopolíticas.

 

Por ejemplo, los países de baja renta (LDCs siglas en inglés para less developed countries) están luchando para encontrar recursos que les permita bregar con la pandemia y la consecuente crisis económica. Sus paquetes de estímulo no sobrepasan el 1.1% de su PIB, en promedio.

 

Desde mayo del año pasado

La emergencia económica generada por la pandemia en los países más pobres presionó al G-20, al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Club de París (mecanismo formado por los miembros de la OSCE –Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa y Rusia, para la reestructuración de las deudas bilaterales), para la concesión de una moratoria sobre el pago de la deuda hasta diciembre, la llamada Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda (DSSI). Los 74 países ya apoyados por la Asociación de Desarrollo Internacional del Banco Mundial (IDA) se beneficiaron de ella.

 

Es una iniciativa indudablemente positiva, pero el impacto, por ejemplo, en los países del África Subsahariana, es de un modesto 0.6% de su PIB. Por otro lado, el FMI, incluso antes de la pandemia, había encuadrado a 16 de 36 naciones de baja renta de aquella región en la categoría de “alto riesgo y sufriendo con las deudas”.

 

Esto también porque, en los últimos años, después de la crisis financiera global de 2008, hubo un cambio importante en las relaciones financieras de los países pobres y de baja renta. Por ejemplo, si en 2010 el porcentaje de la deuda en manos privadas era en promedio de un 5%, en 2019, ya había crecido hasta el 17%.

 

Lo mismo ocurrió, específicamente, en los países subsaharianas. Gran parte de sus deudas acabó siendo más “desviada” hacia los mercados de capitales y acreedores privados. Hoy, 25% de su deuda externa, equivalente a 117 mil millones de dólares, está en manos de los mercados financieros internacionales. Esto también se aplica a la deuda con China. Después de 2008, Pekín concedió 30 mil millones de dólares en créditos a los países subsaharianos, pero apenas un 5% de esta cantidad fue de créditos gubernamentales directos y el restante vino de bancos y grandes empresas chinas que, como todas las entidades privadas, aplican las reglas del mercado.

 

Es, por ende, necesario que el G-20 haga escuchar su voz de Roma. En primer lugar, la mencionada moratoria debe prorrogarse en 2021; no será mucho, pero es fundamental.

 

En segundo lugar, es urgente que el G-20 promueva otras iniciativas para acompañar una reducción y reestructuración de la deuda. Se necesita implementar programas que busquen apoyar las inversiones y el relanzamiento de sectores de la economía real. Por ejemplo, la Comisión Económica de Naciones Unidas para África (UNECA) propuso la creación de un Vehículo de Propósito Especial (SPV, en inglés), una estructura financiera de 44 mil millones de dólares para orientar el pago de deuda privada hacia gastos e inversiones previstos en los Objetivos de desarrollo Sustentable (ODS) para los próximos dos años.

 

Existen otras propuestas relevantes para África, pero todavía no son operativas. Por ejemplo, títulos de “desarrollo sustentable” (SDB) parcialmente garantizados por alguna institución financiera internacional, para apoyar inversiones productivas. Y también un Fondo ODS, apoyado por diversas instituciones internacionales, para absorber parte de las deudas y atraer, así, más inversionistas en los países involucrados. O los llamados cambios de “deuda por naturaleza”, una reestructuración de deudas sujetada a inversiones en el medio ambiente.

 

No es del todo apropiado, entretanto, considerar cambios de deuda por materias primas –el sueño de grandes multinacionales y especuladores.

 

Otra propuesta es la creación de una estructura denominada Fondo DOVE (Debts of Vulnerable Economies –deudas de economías vulnerables), con la cual otros países podrían comprar parte de la deuda del continente, volviéndose acreedores influyentes y actuando como mediadores entre acreedores y deudores.

 

El ministro de Economía italiano, Roberto Gualtieri, habló recientemente sobre la reducción de la deuda de los países pobres. Participando en un seminario en Asís sobre “La economía después de la Covid”, alertó que los efectos de la pandemia podrían hacer que la pobreza global aumentara “para 500 millones de personas”, casi un 8% de la población humana total y 100 millones de personas podrían ser empujadas hacia una condición de pobreza extrema”.

 

El G-20, según dijo, debe abordar con determinación la cuestión de la reducción de la deuda y, también, promover mecanismos de resolución y reestructuración, involucrando a todos los acreedores, públicos y privados, de las economías occidentales y más ricas.

 

Gualtieri recordó que es fundamental “identificar nuevas formas de financiar el desarrollo, que se apalanquen recursos públicos y atraigan inversiones privadas responsables para la implementación de la Agenda de Desarrollo Sustentable de los países”.

 

En este contexto, el ministro afirmó que también “sería adecuado que el FMI emita por lo menos 500 mil millones de dólares en Derechos Especiales de Giro nuevos, un activo de la reserva internacional basado en una canasta de cinco monedas, la cual reforzaría las reservas de los países miembros y, consecuentemente, la estabilidad financiera y monetaria de los más frágiles”.

 

Al respecto de la deuda de los países pobres, el papa Francisco también se manifestó en su encíclica Fratelli tutti, pidiendo que “se garantice el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso, a veces, gravemente perjudicado por las presiones resultantes de las deudas externas. El pago de la deuda, en muchos casos, no solamente no favorece el desarrollo, sino que fuertemente lo limita. Aunque se mantenga el principio de que cualquier deuda legítimamente contraída debe pagarse, la forma de cumplir este deber, que muchos países pobres tienen para con los países ricos, no debe llevar a comprometer su subsistencia y su crecimiento”.

 

“Todavía estamos lejos de una globalización de los derechos humanos más esenciales”, lamenta el Pontífice, recordando que “cuando la especulación financiera afecta el precio de los alimentos, tratándolos como cualquier mercancía, millones de personas sufren y mueren de hambre. Por otro lado, se descartan toneladas de alimentos. Esto constituye un verdadero escándalo. El hambre es condenable, la alimentación es un derecho inalienable”.

 

En esta perspectiva, Francisco afirma que “se necesita una reforma, tanto de la Organización de Naciones Unidas, como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé sustancia real al concepto de familia de naciones”.

 

En el G-20 además de Europa, que debe ser muy sensible y atenta a los problemas de los países pobres, principalmente de África, está el grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y África del Sur), que no pueden dejar de importarles sus mejores aliados, los países emergentes y los más pobres. La presidencia italiana debe tomar esto en consideración y confiar en esta alianza.

Foto: Especial

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