abril 19, 2021

#Europa y la necesidad de una nueva #ArquitecturaDeSeguridad ante #EU, #Rusia, #China, #OrienteMedio y #África

#Europa y la necesidad de una nueva #ArquitecturaDeSeguridad ante #EU, #Rusia, #China, #OrienteMedio y #África

Un libro recién publicado en Alemania brinda un oportuno panorama del escenario internacional y de sus grandes dificultades, en especial para Europa. Escrito por el excanciller alemán Gerhard Schröder (1998-2005) y por el historiador y editor George Schöllgen, el libro se titula Ultima oportunidad – ¿Por qué necesitamos un nuevo orden mundial ahora (¿Letzte Chance, Warum wir jetzt eine neue Weltordung brauchen? Deutsche Verlag-Anstalt, 2021), y esboza un futuro posible para el continente europeo en sus relaciones con Estados Unidos, Rusia, China, Oriente Medio y África, en el marco de las enormes dificultades que enfrenta el mundo.
Ente ellas, epidemias como la del covid-19, cambios climáticos, distribución de recursos naturales, conflictos internacionales y el foso cada vez más grande entre ricos y pobres.
Los autores hacen una reflexión sobre una Europa futura y, las lecciones luego del fin de la Guerra fría, e identifican una paradoja esencial, representada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en su forma actual.

A tres décadas del fin de la Guerra fría, afirman los autores, Europa se muestra esencialmente incapaz de mantener una unión política, económica y militar. Las recientes disputas dentro de la OTAN, entre Turquía y Francia, en el Mediterráneo, son tan sólo un ejemplo de entre muchos, como lo son las ocurridas entre miembros de la Unión Europea (UE), por ejemplo, de Hungría y Polonia y algunos países de Europa Occidental. De acuerdo con ellos, en lugar de disponerse de un “Ejército europeo movilizable”, Europa es totalmente “dependiente de Estados Unidos”, cuando se trata de organizar movilizaciones militares mayores de la OTAN.

 

Señalan una paradoja evidente: por un lado “La OTAN, fundada al final de la Segunda guerra mundial, marca del inicio de la Guerra fría (1949), se fundaba en las dificultades específicas de la época. En cuatro décadas, fue una de las alianzas más exitosas de todos los tiempos -por un lado, nunca tuvo que invocar el acto de defensa mutua y, por otro, el “adversario global -la Unión Soviética y sus aliados- dejó el escenario mundial casi silenciosamente luego de 1989.

 

Sin embargo, aunque el propósito de la alianza se hay cumplido, ella no sólo siguió existiendo después del derrumbe de la URSS, en 1991, sino que extendió todavía más, en términos geográficos y militares. Esto tuvo consecuencias enormes. Estados Unidos mantuvieron su supremacía militar y la “tutela” sobre Europa. Todos los presidentes estadounidenses desde 1991 siguieron ese principio.

 

Aunque el presidente que sucediese a Donald Trump -en este caso, Joe Biden- escogiese un lenguaje más conciliador con Europa -por ejemplo, retomando un procedimiento más multilateral-, su política europea tendría el mismo proceder general, aunque con pequeños ajustes. De esto, concluyen que “mientras la OTAN exista en su forma actual, no tiene sentido que Estados Unidos cambien su percepción respecto a Europa, y esto significa: Rusia sigue siendo el adversario potencial de Occidente, así como lo era (la URSS) antes de su disolución, en 1991”.

 

La desafiante entrevista de Macrón a The Economist (2019)

Una referencia para las reflexiones de los autores del libro fue la entrevista del presidente francés, Emmanuel Macrón, a la revista británica The Economist en noviembre de 2019. “Fue el presidente francés Emmanuel Macron quien, en una entrevista a The Economist en 2019, señaló las graves consecuencias posibles, si la OTAN continuase en su forma actual. Fue la primera vez, desde el fin de la Guerra fría, que un destacado representante de Occidente señalaba ese hecho”, afirman.

 

Macron afirmó a la referida revista que la OTAN en su forma actual padecía de “muerte cerebral”, lo que generó una tempestad de protestas en muchos países miembros de la alianza. El presidente francés calificó sus observaciones de “alerta” y dejó claro que quería pedir un “diálogo claro y robusto con Rusia, para garantizar la paz y la estabilidad en Europa, es decir, desarrollar con Rusia una nueva arquitectura de seguridad para Europa”.

 

Un aspecto destacado de la entrevista fue que Macron se concentró en la necesidad de ayudar a Europa a “recuperar su soberanía militar”. Según él, la imagen de la “muerte cerebral” se justifica, dado que, “esencialmente, no existe ninguna coordinación en la toma de decisiones estratégicas entre Estados Unidos y sus aliados de la OTAN”. Macron exhortó a Europa a: 1) hacerse autónoma en términos de estrategia y capacidad militar; y 2) iniciar el “diálogo estratégico con Rusia”.

 

Señaló también un hecho que fue captado directamente en el libro de Schröder y Schöllgen: “La OTAN fue creada originalmente como una respuesta al Pacto de Varsovia y, en los años noventa, no reevaluamos en nada ese proyecto geopolítico, cuando nuestro enemigo inicial desapareció. (…) Lo que quedaba era la suposición no articulada de que nuestro enemigo todavía era Rusia. (Así que el propósito presente de la OTAN es una cuestión real que debe ser encarada, en especial por Estados Unidos: Europa tiene que pensar en sí misma como un poder de equilibrio, donde se deben hacer mucha inversión y expansión”. Con respecto a Rusia, Macron destacó que, a largo plazo, ve la opción de que Rusia desarrolle un “proyecto de sociedad con Europa. Si quisiésemos construir la paz en Europa, para reconstruir la autonomía estratégica europea, tenemos que reconsiderar nuestra posición con Rusia”.

 

Sobre Europa, Estados Unidos, Rusia y China

El libro ofrece una visión general que analiza el momento actual de Europa, Estados Unidos, Rusia, China, Medio Oriente y África, además de los problemas relacionados a los recursos naturales. Los autores recuerdan la fundación de la OTAN en 1949 por Estados Unidos, Canadá y diez estados europeos para defender la libertad y la independencia de cada miembro en un campo definido. Como dijera cándidamente después el secretario general de la OTAN de 1952 a 1957, el británico Lord Ismay, el propósito de la Alianza Atlántica era “mantener a los rusos fuera, a los estadounidenses adentro y a los alemanes abajo”.

 

Alemania Occidental se unió a la OTAN en 1955. De acuerdo con los autores, los aliados de la OTAN se mantuvieron bajo la tutela de Estados Unidos (un aspecto peculiar fue que Francia y Gran Bretaña querían que las Fuerzas armadas estadounidenses permaneciesen en Europa después de 1989, como condición para aceptar la reunificación de Alemania). En 1993, el veterano diplomático estadounidense Goerge Kennan había pugnado por la retirada de las tropas estadounidenses de Europa y consideraba que la expansión de la OTAN al Este de Europa era “el más desastroso error de la política estadounidense desde el fin de las Segunda guerra mundial”.

 

Reflexión, señalan los autores, semejante a las consideraciones de Macron en 2019

Rusia se describe como un “gigante en una encrucijada”: el país más grande del mundo, con 17 millones de kilómetros cuadrados de superficie, 11 husos horarios y la mayor cantidad de materias primas. Con 144 millones de habitantes, es un país de baja densidad poblacional. Nadie, jamás, logró penetrar profundamente en Rusia, en términos militares, ni Napoleón ni los ejércitos de Hitler, cuya ofensiva contra Rusia fue una “ofensiva militar de conquista, saqueo y una campaña de destrucción motivada por el racismo, inusitada en la Historia moderna, que dejó destruidas 70 mil aldeas, 1 700 ciudades, 100 000 grandes empresas agrícolas, 2 900 estaciones de máquinas agrícolas y 67 000 durmientes ferroviarios, además de casi 30 millones de muertos”.

 

La ofensiva alemana no tuvo precedentes y, luego de la guerra, Stalin creo un cordon sanitaire de estados satélites en el Este europeo, lo que forzó a un rearmamento convencional y nuclear. Como afirmara el presidente Putin en un discurso pronunciado en 2018, al final de la Guerra fría, la URSS perdió 23 por ciento de su territorio, 45 por ciento de su población, 41 por ciento de su PIB, 39.4 por ciento de su potencia militar, en términos de la división de las Fuerzas Armadas soviéticas. Y el hecho de que varios países del Pacto de Varsovia buscaran ingresar a la OTAN y a la Unión Europea hizo que la situación se tornase todavía peor. El libro destaca en varios puntos que Rusia, la cual -contrariamente al Derecho Internacional, afirman- tomó Crimea y se empeña en una guerra en el Este de Ucrania, está en una posición defensiva, lo que, sin embargo, nadie quiere comprender.

 

La serie de sanciones impuestas a Rusia desde 2014, los pedidos para estacionar tropas de la OTAN en régimen de rotación en los países bálticos y en Polonia, todo eso equivale a una situación en la que Rusia queda relativamente débil y Estados Unidos superiores en todos esos renglones, afirman los autores. Mientras tanto, China se destaca como líder mundial. A causa de las actitudes de Occidente, tanto contra China como contra Rusia, los dos países se unieron de una forma sin precedentes. Desde 2019 está operando un gasoducto binacional con capacidad para 38 mil millones de metros cúbicos de gas natural al año y, en el mismo periodo, los dos países han realizado maniobras navales conjuntas.

 

Rusia vendió el sofisticado sistema de defensa contra misiles S-400 a China y China ha apoyado a Rusia durante la guerra en Siria. De forma paralela, China está expandiendo con éxito su iniciativa Cinturón y Ruta, un vasto programa de infraestructura euroasiático, con ramificaciones a África y el Medio Oriente. Cuando el coronavirus Sars-Cov-2 surgió, a principios de 2020, el país, luego de un periodo inicial de titubeos, reaccionó rápidamente y ahora construye “una nueva ruta de la seda de salud”, dice el libro. Un buen ejemplo fue que, en abril de 2020, China aisló herméticamente la ciudad de Wuhan, de 12 millones de habitantes, y construyó en pocos días tres hospitales de campaña con 3 400 camas cada uno, al mismo tiempo que ayudaba a otros países en la lucha contra la pandemia.

 

En el epílogo, los autores resaltan: “Occidente tuvo su oportunidad. Pero este tiempo acabó ahora: la OTAN y la UE nacieron en una época que ya pasó. Fueron las respuestas específicas, de parte de Estados Unidos y de algunos países de Europa Occidental, a desafíos específicos que surgieron durante la Guerra Fría”. Califican la situación actual de “anacrónica y peligrosa”. Si la OTAN quisiera escapar de esa trampa, necesita por encima de todo de una “reestructuración”. Ellos ven una “deficiencia estructural”, que, por un lado, se debe a la “dependencia unilateral de Europa de Estados Unidos, que perdió su legitimidad con el fin de la Guerra fría”.

 

El hecho de que 140 bombas atómicas estadounidenses estén albergadas en Europa -20 de ellas en Alemania-, para mantener unida a la OTAN, es “anacrónico y peligroso. Así que el futuro comenzó sin la OTAN en su forma actual. Como Macron correctamente diagnosticó, la OTAN en su forma actual está en “muerte cerebral”. Y esto ofrece la oportunidad de disolver políticamente la OTAN, lo que, por otra parte, no implica que se pierdan las estructuras técnicas o logísticas. El Centro Euroatlántico de Coordinación de Respuesta Desastres, creado en 1998, cuya existencia se conoció durante la pandemia, pasó la prueba”.

 

Lo que es necesario, según ellos es “una nueva perspectiva para Europa. Europa debe salir de la tutela de Estados Unidos”. Esto no significa librarse de la sociedad con Estados Unidos, sino “compartir una sociedad vital con recursos propios y con un Ejército Europeo integrado”. La pandemia abre la posibilidad de avanzar en esa dirección, lo que incluye también a Rusia y el diálogo con el país, que todavía es el más grande del mundo y un puente para Asia, donde se incluye a China, así como hacia el Oriente Medio y Cercano. Y el diálogo solo podría funcionar si el socio (Rusia) no fuese denunciado y tratado con arrogancia”.

 

Los beneficios de un orden mundial multilateral

Una ojeada alrededor del mundo muestra que, a causa de la pandemia, muchas veces los líderes mundiales parezcan estar sentados en un barco sin timón, mientras todas las certezas del pasado se esfuman. Muchos de ellos tan sólo tratan de luchar por sí mismo. El 25 de enero, una importante contribución fue hecha por el presidente chino, Xi Jinping, en una videoconferencia dirigida al Foro Económico Mundial. Por desgracia, el discurso fue abordado de una forma bastante distorsionada por gran parte de la prensa de Europa Occidental.

 

Xi Jinping señaló a la pandemia como el desafío más grande de todo el mundo, pero también como una oportunidad. Sin embargo, dijo tener confianza en que “la humanidad prevalecerá sobre el virus y saldrá aún más fuerte de este desastre”, para lo cual delineo cuatro tares principales:

  • 1) definir el ritmo para un crecimiento sólido, estable y de largo plazo de la economía mundial (que enfrenta la peor recesión desde la Segunda guerra mundial, como él recalcó:
  • 2) abandonar prejuicio ideológico y seguir en conjunto un “camino de coexistencia y beneficio mutuo”; en ese contexto, criticó con firmeza los intentos de algunos países de “imponer arrogantemente una jerarquía a la civilización humana”)
  • 3) eliminar la brecha entre los países desarrollados y los en desarrollo y promover el crecimiento del conjunto; “se deben fortalecer los derechos iguales, oportunidades iguales y reglas iguales para que todos los países se beneficien de las oportunidades y frutos del desarrollo”, afirmó; y 4) enfrentar juntos los problemas mundiales y, en conjunto, crear un futuro mejor para la humanidad.

 

Xi Jinping abogó por una fuerte “perspectiva multilateral” de la economía mundial, resaltando que “debemos fortalecer el G-20 (este año presidido por Italia) como el principal foro de las actividades de gobierno económicas internacionales, comprometernos en una coordinación más estrecha de la política macroeconómica y mantener las cadenas industriales y de abastecimiento mundiales estables y abiertas”.

 

También pidió un papel más fuerte para la Organización Mundial de la Salud (OMS) y anunció que China seguirá una “nueva filosofía de desarrollo”, además de promover un nuevo paradigma de desarrollo tanto en el ámbito nacional como en el internacional: “Es especialmente importante aumentar la cooperación en la producción y distribución de vacunas y convertirlas en bienes públicos, que sean verdaderamente accesibles y económicamente accesibles a las personas de todos los países.

 

Hasta ahora, China ya brindó asistencia a más de 150 países y a 13 organizaciones internacionales, envió 36 equipos médicos a países necesitados y dio un fuerte apoyo y sostuvo una participación activa en la cooperación internacional en vacunas contra el covid”. Para él, “el avance científico y tecnológico debe beneficiar a toda la humanidad, en lugar de usarse para contener el desarrollo de otros países”.

Foto: Especial

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