EU contra el Nord Stream II: nadir de las relaciones transatlánticas

 

MSIa Informa

El presidente Donald Trump y su secretario de Estado, Mike Pompeo, se embarcaron en un ataque de muchos frentes contra China, contra Rusia y contra Europa, además de contra la población de varias ciudades estadounidenses. Con seguridad Trump se imagina que tal maniobra mejorará  sus posibilidades de victoria en las elecciones de noviembre próximo.

 

Simultaneo a la “guerra” en las ciudades de Estados Unidos, donde las fuerzas federales fuertemente armadas se enfrentan a manifestantes descontrolados en Portland, Louisville y otras, Trump ordenó el cierre del consulado chino en Houston, Texas, con el pretexto de la necesidad de proteger la propiedad intelectual y la información privada estadounidenses. La medida tiene un significado bastante simbólico, ya que el consulado de Houston fue la primera representación diplomática china en Estados Unidos, luego del restablecimiento de las relaciones diplomáticas bilaterales en 1972, durante el gobierno de Richard Nixon.

 

A su vez, Pompeo fue enviado en misión a India, el Reino Unido y Dinamarca. En Londres, luego de una reunión con el premier Boris Johnson y el secretario de Relaciones exteriores, Dominic Raab, el gobierno británico prohibió oficialmente a la empresa china Huawei participar en la construcción de la red de comunicaciones 5G en el país y decretó más sanciones contra Rusia. Ya en Copenhague, Pompeo presionó al primer ministro Mette Fredriksen para reducir los negocios con China y dar marcha atrás a la decisión danesa favorable al gasoducto ruso-alemán Nord Stream II, que atraviesa el mar Báltico.

 

En un discurso pronunciado el 23 de julio en la Biblioteca Presidencial Richard Nixon, California, Pompeo se refirió nada menos que 27 veces al Partido Comunista Chino (PCC), para afirmar: “Si queremos tener un siglo XXI libre y no el siglo chino soñado por (el presidente) Xi Jinping, el antiguo paradigma del enfoque ciego hacia China ya no funcionará”. En otras palabras, sentenció el fin de la política de aproximación iniciada por Nixon en 1972. La respuesta de Pequín fue inmediata, con la determinación del cierre del consulado estadounidense de Chengdu. No obstante, los pragmáticos chinos tratan de evitar el agravamiento de la situación.

 

Rusia y China

Los ataques de Estados Unidos reforzaron la determinación rusa de hacer más intensas las relaciones con China. El ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, sostuvo el 17 de julio una larga conversación con su colega ruso, Serguei Lavrov, en la que afirmó que los “Estados Unidos perdieron la cabeza, la moral y la credibilidad”, y recalcó que Pequín y Moscú deberían trabajar juntos en asuntos de alcance mundial, como la pandemia del covid-19 y la seguridad regional. Wang afirmó que Pequín quiere aumentar su coordinación estratégica con Moscú, en la que se inscribe la relación bilateral en calidad de “prioritaria”, con el acuerdo pleno de Lavrov.

 

Europa y China

En Alemania, varias reacciones recientes han demostrado que, definitivamente, a la industria y a la política oficial alemanas no les interesa seguir la política de Trump hacia China.

 

Por ejemplo, un estudio del Instituto de Economía de Colonia (Institut der Wirtschaft, Köln) indica que la pandemia del convid-19 aceleró el proceso por el cual China podrá convertirse en el principal destino de las exportaciones alemanas. Según el informe, escrito por la veterana economista GalinaKolev, en mayo, las exportaciones alemanas a China se redujeron 11.2 por ciento, lo que representa un monto de 7 200 millones de euros, mientras que las destinadas a Estados Unidos se redujeron 36.5 por ciento, lo que representa un monto de 6 600 millones de euros. En junio, las exportaciones chinas tuvieron un alza de 2.7 por ciento. Kolev estima que China podrá convertirse en un país clave del destino de las exportaciones y que la Unión Europea sería  su mayor socio comercial.

 

Del lado de la política oficial, la Canciller alemana, Angela Merkel, luego de una video conferencia con la Comisión Europea, el 11 de julio, afirmó que “no hay razón para no tener un diálogo con China”, y que las relaciones con Pequín “son de importancia estratégica”.

 

A su vez, el ministro de Economía, Peter Altmaier, dijo a la revista Wirtschaftswoche (11/07/2020) que las relaciones comerciales no pueden orientarse con un criterio unilateral sobre cuán democrático es un país. Altmaier rechazó las presiones para excluir a Huawei de las licitaciones de la red 5G de Alemania. “No excluiremos a Huawei de la red 5G. Sólo puede haber exclusión si la seguridad nacional estuviese en peligro”, concluyó.

 

Por lo que toca a la industria alemana, el gerente general de la empresa química Lanxess, MatthiasZachert, observó que China es el mayor mercado para los productos químicos del mundo: “40 por ciento del mercado está allá y tiene el mayor crecimiento. Tenemos 1 000 empleados allá y estaremos claramente presentes en el futuro. Es claro que nosotros, los alemanes, estaríamos felices de que todos los países tuvieran el mismo entendimiento sobre el Estado de Derecho y de los patrones de gobierno que los nuestros. Pero China tiene 1 300 millones de habitantes y nosotros, en el mundo occidental, tenemos dificultades para entender un país tan grande” (Frankfurter Allgemeine Zeitung, 14/07/2020).

 

Nord Stream II: el chantaje de Estados Unidos

De forma paralela a la nueva Guerra fría de Trump contra China y su intento de formar una nueva alianza contra Pequín, en los moldes de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), las presiones de Washington se hicieron más intensas particularmente contra Alemania y varias empresas involucradas en el gasoducto Nord Stream II.

 

La escalada más reciente se inició con la aprobación de la Cámara de Diputados estadounidense de una resolución para prolongar y agravar las sanciones contra esa obra, con una enmienda llamada Ley de autorización de defensa nacional, que exige sanciones más intensas contra las empresas que participen en la construcción del gasoducto. Esto sucedió a pesar de que el vicepresidente de la Unión Europea, Joseph Borrell, había advertido que la medida sería un paso inaceptable con relación a terceros países que participan en negocios legítimos. No obstante, expresó dudas sobre los efectos de la amenaza de sanciones contra empresas e intereses europeos.

 

La presión se autoriza en el ámbito de la Ley de contención de los adversarios de Estados Unidos por medio de sanciones (CAATSA, por sus siglas en inglés). Además de la empresa rusa Gazprom, las sanciones se dirigen contra sus cinco socias europeas, la francesa Engie, la austriaca OMV, la anglo-holandesa Royal Dutch Shell y las alemanas Uniper y Wintershall. Al gasoducto de 14 billones de euros, con capacidad de transportar 55 mil millones de metros cúbicos de gas al año, de Rusia a Alemania, le faltan instalar tan sólo 160 kilómetros de los 1 230 del total de la obra.

 

Washington decidió en los últimos días hacer más intensas las presiones, al convocar a ejecutivos europeos a video conferencias individuales con un grupo de 12 representantes de los departamentos de Estado, del Tesoro y de Hacienda, para amenazar a las empresas con sanciones inmediatas, entre ellas la prohibición de viajes de los ejecutivos a Estados Unidos.

 

El chantaje fue claro: instar a los europeos a terminar su participación en la obra multimillonaria y, a cambio, comprar el costoso GLP estadounidense, lastimosamente llamado el “Gas de la libertad” (Freedom Gas). El presidente del Comité de Relaciones Orientales de la Economía Alemana (Ost-Ausschuss der DeutschenWirtschaft), Oliver Hermes, consideró el episodio “el punto más bajo absoluto en términos de relaciones transatlántica”, pues Estados Unidos pisotea la competencia justa y usa vergonzosa mente las sanciones para promover sus propios intereses económicos. Exhortó a la Comisión Europea a reaccionar con fuerza a ese chantaje y a impedir ataques contra su soberanía.

Foto: clarin.com