abril 20, 2021

#EstadosUnidos regresa con su #Artilleríapesada al #Amazonas

#EstadosUnidos regresa con su #Artilleríapesada al #Amazonas

MSIa Informa

Es muy claro que el retroceso estratégico global de Estados Unidos, ante la pérdida de credibilidad luego de tres décadas de intervenciones militares en busca de implantar un nuevo orden mundial, está obligándolo a buscar el dominio absoluto de los recursos estratégicos del hemisferio occidental. Dentro de esta óptica resulta evidente que la escalada de presiones sobre la cuenca del Amazonas, con la ayuda de la enorme red de organizaciones no gubernamentales del aparato ambiental-indigenista internacional, tiene el propósito de limitar el acceso al desarrollo de los enormes potenciales de recursos de la estratégica región brasileña.

 

Con esto, la anunciada campaña estadounidense alega la supuesta incapacidad nacional de proteger adecuadamente el bioma de la cuenca del Amazonas y a sus habitantes (en especial los indígenas) y comienza a delinearse de forma abierta y provocadora.

 

Además de las manifestaciones previas de sus dos titulares, el presidente Joe Biden y la vicepresidente Kamala Harris, el gobierno de Washington recibió en los últimos días refuerzos de peso con sugerencias de las pautas para el enfrentamiento con el gran “villano ambiental” sudamericano. La primera propuesta provino del grupo denominado Climate Principals (Algo como Directores Climáticos, en traducción libre), cuyos integrantes se presentan como “ex funcionarios de gabinete y altos negociadores climáticos, que representan a gobiernos demócratas y republicanos en política ambiental mundial por casi tres décadas, de la Cumbre de la Tierra de Río de 1992 al Acuerdo de París de 2015 y más allá de él.”

 

Todos son integrantes veteranos del aparato ambientalista internacional de varias capacidades: el ex gobernador de Arizona y el ex secretario del Interior, Bruce Babitt (actual curador del WWF-EEUU); el diplomático y ex secretario del Tesoro Stuart Eizenstat; el diplomático Frank Loy, ex director de la organización no gubernamental Nature Conservancy y fundador de Climate Speakers Network (luego absorbida por Climate Reality Proyecto, del ex presidente Al Gore); el ex director de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), William Reilly; el abogado Todd Stern, ex enviado especial de la presidencia para Cambios Climáticos; el ex senador y ex subsecretario de Estado para Asuntos Globales Tim Wirth; y Christine Whitman, ex gobernadora de Nueva Jersey y ex directora de la EPA.

 

El plan tiene un título ambicioso: “Plan de Protección de la Amazonia -recomendaciones para la intervención de Estados Unidos para los bosques amazónicos”.

 

Los autores “endosan el compromiso de Biden-Harris de movilizar 20 mil millones de dólares para proteger el bosque amazónico, que está desapareciendo a un ritmo alarmante y que es crítico para el sistema climático, para la salud pública, para los derechos humanos y para la biodiversidad, por una serie de razones”. En seguida presentan la lista de tales “razones”:

 

-La cuenca del Amazonas absorbe más carbono que el que el mundo emite en muchos años; la liberación de carbono en la atmósfera en la atmósfera desataría consecuencias climáticas catastróficas.

 

-Hoy, las emisiones por la deforestación de la cuenca del Amazonas son una importante fuente de contaminación del clima (sic), a la par de las grandes economías, como la de Japón y de Alemania.

 

-La cuenca del Amazonas regula los patrones de lluvias de zonas agrícolas globalmente importantes, tanto en América del Sur como en Estados Unidos.

 

-La deforestación de la cuenca del Amazonas amenaza con desencadenar una nueva pandemia global, ya que la mayoría de las nuevas enfermedades infecciosas surgen en la frontera de la selva, donde las personas y la vida silvestre colindan.

 

-La cuenca del Amazonas es la región más biodiversa de la Tierra.

 

-La conservación de la selva tropical goza de gran apoyo del público y de la comunidad de negocios estadounidenses, así como del apoyo bipartidista del Congreso.

 

Como puede verse, el documento sigue el patrón invariable de los “estudios” motivados por el catastrofismo ambientalista, con formulaciones imprecisas (“emite en muchos años”; contaminación del clima”) y afirmaciones sin ningún sustento científico, pero de gran efecto psicosocial. Por ejemplo, todos los estudios sobre supuestas consecuencias de la deforestación del bioma de la cuenca del Amazonas sobre los patrones de lluvias de América del Norte (a pesar de que se encuentra casi todo en el hemisferio Sur), no pasan de ejercicios de modelaje matemático a partir de algoritmos semejantes a los modelos de clima que predicen una catástrofe climática para las siguientes décadas.

 

Las recomendaciones se agrupan en cuatro líneas principales:

1)Financiamiento público y privado: en lo elemental proponen la conjunción de esfuerzos entre la Casa Blanca y las grandes empresas estadounidenses para realizar un vasto programa de “financierización” de las reducciones de las emisiones de carbono provenientes del bosque amazónico, en particular con recursos de los “antiguos intercambios de deuda por naturaleza” (debt-for-nature swaps), vieja pretensión del aparato ambientalista que nunca se materializó plenamente. De forma paralela, sugieren que los programas de ayuda de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y el financiamiento de las entidades multilaterales, como el Banco Mundial, se orienten al “apoyo de la conservación y de la restauración forestal y al desarrollo sustentable amigable al clima de la región amazónica”. Entre las medidas necesarias, señalan el condicionamiento de los desembolsos a los resultados obtenidos y al refuerzo del derecho de los pueblos indígenas a sus tierras.

 

2)Comercio amigable hacia la selva (Foresto-Friendly Trade): Proponen, en esencia, la armonización de la política comercial estadounidense con la política climática destinada a la cuenca del Amazonas. Una de las recomendaciones llega a ser ultrajante: “Aumentar el financiamiento para la aplicación de la Ley Lacey (de 1900, referente a la prohibición de comercialización de productos forestales ilegales), de la Ley de Prácticas extranjeras corruptas y otras leyes que combaten delitos forestales en el exterior”. En la práctica, los firmantes proponen ni más ni menos que la extensión de las leyes estadounidenses al exterior, como se ha hecho en varias oportunidades políticas de interés del gobierno en turno.

 

3)Cadenas de abastecimiento transparentes y limpias: se trata de profundizar las campañas el aparato ambientalista-indigenista junto a las grandes multinacionales que operan en la exportación de commodities brasileñas, con el compromiso del gobierno federal estadounidense, para vincular a productores y exportadores a los criterios “antideforestación” establecidos por las organizaciones no gubernamentales del aparato.

 

4)Diplomacia robusta: Sugerencia que se explica a sí misma. Como ya Biden afirmara que Brasil experimentaría “consecuencias económicas significativas” si no se empeñase en detener la “devastación” de la selva -como hizo en su único debate electoral con el entonces presidente Donald Trump (Valor Econômico, 29/09/2020) -, los “Pincipals” están batiendo el hierro ahora que está caliente.

 

Otros protagonistas

A la par del documento de los “Principals”, Biden y Harris recibieron un extraño dosier de 31 páginas elaborado por la US Network for Democracy in Brazil, red de académicos y de activistas político brasileños residentes en Estados Unidos, en el que les recomiendan una serie de medidas de castigo contra el país, entre ellas, la restricción de las importaciones de madera, de soya y de carne de Brasil, “a menos que se pueda confirmar que las importaciones no están vinculadas a la deforestación o a abusos de los derechos humanos” (BBC Brasil, 03/02/2021).

 

El documento conta con el endoso de más de 100 académicos de varias universidades y por organizaciones no gubernamentales del aparato ambientalista-indigenista, como Greenpeace, Amazon Watch, Friends of the Earth y Articulación de los pueblos indígenas de Brasil (APIB).

 

El texto ataca de forma contundente al presidente Jair Bolsonaro cuando afirma: “Estados Unidos tiene la obligación moral y el interés práctico (sic) de oponerse a una serie de iniciativas de la actual presidencia de Brasil. La reciente ‘relación especial’ entre los dos países por medio de la ampliación de relaciones comerciales y de la ayuda militar hizo posibles las violaciones de los derechos humanos y ambientales, además de proteger a Bolsonaro de las consecuencias internacionales”.

 

Independientemente de las divergencias que se puedan tener con un jefe de Estado, afirmar que una potencia extranjera tiene la “obligación moral” de oponerse a él es un lenguaje más apropiado de un panfleto político de una quinta columna política que de un texto elaborado por académicos con capacidad para trabajar o estudiar en una economía rica. Tal actitud denota la reducida estatura moral de los que se esfuerzan en hacer recomendaciones que más se asemejan a un acto de traición nacional. De cualquier forma, la campaña está empeorando, y urge, pues, que el país se prepare adecuadamente para ella.

Foto: Especial

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