ESTADO ISLÁMICO: “CHOQUE DE CIVILIZACIONES” AD HOC

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(MSIA INFORMA)

Después del sangriento ataque terrorista en Niza, en el feriado nacional del 14 de julio, el cual dejó 84 muertos y más de 300 heridos, el presidente Francois Hollande proclamó que Francia estaba “en guerra” y que el ataque tendría una respuesta militar.

 

Al día siguiente, el Departamento de Defensa de los EUA anunció que la respuesta estaría coordinada por las autoridades militares de ambos países, que ya operan juntos contra los yihadistas del Estado Islámico (EI), en Irak y en Siria.

 

A pesar de que un sitio electrónico asociado al EI afirmó que el atacante era tunecino –con una historia de violencia doméstica y delitos menores- era uno de sus “soldados”, hasta ahora las investigaciones no revelan algún vínculo efectivo con la entidad.

 

Aun así, el 20 de julio, aviones franceses y estadounidenses desataron un pesado ataque contra la ciudad siria de Manbij, un reducto del EI en el norte del país, causando más de 120 muertes de civiles, incluyendo mujeres y niños.

 

El día 26, después de otro ataque, esta vez en una pequeña ciudad de Normandía, donde dos jóvenes menores de 20 años invadieron una iglesia católica y mataron al padre de 84 años, Hollande reforzó la advertencia, diciendo a los franceses que “esta guerra será larga”.

 

Por su parte, el primer ministro Manuel Valls fue más preciso, afirmando que se trata de “una guerra religiosa”. A pesar de que los jóvenes terroristas fueron muertos por la policía, como ellos anunciaron que estaban al servicio de la lucha del EI contra los “enemigos de la verdadera fe”, se puede esperar alguna venganza del Palacio del Elíseo contra algún objetivo extranjero, posiblemente en Siria o en Irak, donde la aviación francesa ya se encuentra posicionada.

 

Aunque un gran número de franceses y europeos concuerde con la afirmación de Valls, el rótulo de “guerra religiosa” al terrorismo yihadista es engañosa y desorientadora. A propósito, vale la pena observar la reacción del papa Francisco al asesinato del padre francés.

 

papa

 

 

HABLANDO A LOS PERIODISTAS QUE LO ACOMPAÑABAN EN EL VIAJE A POLONIA, PARA LAS JORNADAS MUNDIALES DE LA JUVENTUD, EL PONTÍFICE HIZO UNA ESCLARECEDORA ADVERTENCIA SOBRE LA NATURALEZA DEL CONFLICTO:

 

“(…) El mundo está en guerra, una guerra fragmentada. Hubo la guerra de 1914, con sus métodos, después, la de 1939-45 y ahora, esta. No es muy orgánica (estructurada), pero está organizada, es guerra. El santo sacerdote, muerto exactamente en el momento en que estaba ofreciendo plegarias por la paz. El es una víctima, pero cuantos cristianos, cuantas personas inocentes, cuántos niños…Pensemos en Nigeria, por ejemplo. Nosotros decimos, ¡Bien, esto es África! Es guerra. Nosotros no estamos asustados para decir la verdad, el mundo está en guerra, porque perdimos la visión de la paz”.

 

Luego enfatizó:

“Hay una palabra que deseo aclarar. Cuando yo hablo sobre “guerra”, estoy hablando de una guerra real, no una “guerra de religiones”. Es una guerra sobre intereses económicos, dinero, recursos naturales y la dominación de los pueblos. Todas las religiones desean la paz. Otras personas quieren guerra” (Radio Vaticano, 27 de julio de 2016).

 

Difícilmente se puede hacer una definición más sintética y exacta del escenario en que el yihadismo desata el terror.

 

De hecho, el yihadismo es un subproducto planeado desde la bizarra tesis del “choque de civilizaciones”, elaborada en la década de 1990 por ideólogos del Establishment oligárquico anglo-americano del calibre del fallecido Samuel Huntington, para justificar la preservación de la colosal industria militar, de inteligencia y financiera construida en la Guerra Fría por los EUA y sus aliados europeos, que ha funcionado como el núcleo de su hegemónico poderío desde el final de la II Guerra Mundial.

 

Al finalizar formalmente la Guerra Fría, después de la implosión de la Unión Soviética, la confrontación con el mundo islámico fue rápidamente elegida como el motivo ideal para el mantenimiento del status quo, en sustitución de la confrontación ideológica.

 

Para concretizar el “pronóstico” de Huntington et alii, los estrategas del Establishment se aprestaron a crear las condiciones necesarias para el surgimiento y la expansión del yihadismo islámico hasta sus actuales proporciones.

 

Primero, trataron de cultivar la experiencia de combate real de los militantes movilizados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para combatir al Ejército Rojo en Afganistán, en la década de 1980, aprovechando, entre otros, los conflictos en los Balcanes, en la década siguiente. De ahí proviene, por ejemplo, la famosa red terrorista al-Qaeda.

 

En segundo lugar, se empeñaron en destruir los regímenes seculares de ciertos países clave del mundo árabe, abriendo camino a la penetración y proliferación de las organizaciones islamistas, como fue el caso del Irak de Saddam Hussein, la Libia de Muamar Kadafi y la intentona en curso en la Siria de Bashar al-Assad. Por si las dudas, el EI es oriundo de una disidencia de al-Qaeda en Irak, así que los yihadistas infestaron después de la destrucción del régimen de Saddam Hussein por la invasión anglo-americana de 2003-08.

 

De misma forma, la destrucción de Libia, en 2011, encabezada por la Francia de Nicolas Sarkozy, transformó el país en un gigantesco campo de entrenamiento y plataforma de lanzamiento para los yihadistas movilizados contra Siria y otros países en la mira de los mentores del “choque de civilizaciones”.

 

Es decir, sin la destrucción de Irak, y después de Libia, este conflicto difícilmente se habría manifestado en sus actuales proporciones.

 

informe

 

Por cierto, esta fue también una de las conclusiones del devastador “Informe Chilcot”, divulgado a inicios de julio por la comisión que investigó la decisión del entonces premier británico Tony Blair de llevar a su país a la guerra en Irak, secundando la decisión ya tomada por el gobierno del presidente estadounidense George W. Bush.

 

Como lo afirmó en el parlamento el líder laborista Jeremy Corbin. “la ocupación fomentó un sectarismo letal –como el informe deja claro- que se convirtió en una guerra civil. En lugar de promover seguridad doméstica o en el extranjero, la guerra alimentó y expandió el terrorismo por toda la región”.

 

LAS RAÍCES CRISTIANAS DE EUROPA SE IGNORAN

Por otro lado, no deja de ser irónico que parte de la reacción ciega al yihadismo por parte de líderes europeos, como Hollande, se deriva de la disyuntiva verdaderamente patológica que acomete el Viejo Continente, cada vez más “descristianizado” y donde la radicalización del laicismo se coloca como un tosco contrapunto a los excesos del islamismo.

 

A esto se suma un cuadro económico semi-estancado e incapaz de ofrecer perspectivas de vida decente a un gran número de jóvenes entrando en la vida adulta, situación que afecta en especial a las comunidades musulmanas mal integradas en las sociedades europeas.

 

En un artículo comentando el ataque en Normandía, el corresponsal del diario O Estado de S. Paulo, Gilles Lapouge, llama la atención hacia este doble dilema:

 

“En la oscura jerarquía del EI, Francia ocupa el primer lugar. Y hay una explicación para esto. La fricción fue de Francia y de la religión cristiana, lo que, para el EI, es la misma cosa. No es por casualidad o fútil, el hecho de que en los comunicados exhortando a sus crímenes, los yihadistas llame constantemente a los franceses los “cruzados”. (…)

 

“Los combatiente del EI acusan también al país de un pecado inverso. No tener religión. Y para ellos es necesario liberar la tierra de los impíos, como los agricultores deben erradicar los escarabajos e insectos dañinos de la tierra.

 

“Aparentemente, se trata de una gran contradicción. A los ojos del Estado Islámico el crimen de Francia es ser cristiana y no ser cristiana. ¿Impensable? No. Este veredicto paradójico no es totalmente falso. El hecho que los franceses son cada vez menos cristianos, pero al mismo tiempo, y paradójicamente, la sociedad francesa, su filosofía, su memoria, su moral, su historia su poesía, su inconsciente, todo es fundamentalmente, absolutamente, cristiano. (…)

 

“(…) La integración de esas minorías fue la peor posible. Francia faltó espectacularmente a este encuentro extraordinario con la Historia. Áspera, irascible, indiferente, dogmática, legalista, aristócrata, nada hizo para facilitar esa adaptación. Así, las periferias francesas, como las belgas, se volvieron incubadoras de yihadistas. Son fabricados en serie.

 

siria

 

“Y cuando el EI se instaló en Irak y en Siria, un buen número de franceses despreciados volaron hacia esos dos países. Con los reveses sufridos por el EI, esos franceses recibieron órdenes de no viajar ya para Siria y pasaron a operar en Francia, en ciudades y pueblos de los cruzados. Sórdida orden y, desgraciadamente, escuchada” (O Estado de S. Paulo, 27 de julio de 2016).

 

Difícilmente, Europa podrá superar esta fase, si los europeos no se deciden a revisar el abandono de sus raíces históricas y no se disponen a dejar atrás su adhesión casi incondicional a la agenda hegemónica encabezada por el eje anglo-americano.