Es hora de reducir el déficit de soberanía en la Amazonía

MSIA Informa

“La Amazonía no es patrimonio de la Humanidad, y si un patrimonio de Brasil.” Las palabras del general de la reserva, Augusto Heleno, ex comandante militar de la Amazonía y uno de los militares más respetados por sus pares, tanto retirados como en activo, reflejan el malestar causado en los cuarteles por la humillante visita del presidente Michel Temer a Noruega.



 

En ese viaje, además de escuchar un regaño de la primer ministro Erna Solberg por la corrupción de Brasil, tuvo que tragarse el anuncio de la suspensión de la mitad de la ayuda anual de Noruega destinada al Fondo Amazonía, programa destinado al financiamiento de iniciativas de protección ambiental en la región amazónica, supuestamente porque no se ha evitado el aumento de la deforestación.

 

Para Heleno, el gobierno brasileño no debería aceptar dinero de otros países para la conservación de la selva amazónica (Blasting News, 28/06/2017).

 

Además de lo expresado por el general Heleno, días antes, como ya lo había hecho en otras oportunidades, el mismo comandante del Ejército, general Eduardo Villas-Bôas, aprovechó su participación en la audiencia pública realizada por la Comisión de Relaciones Exteriores y de Defensa Nacional (CRE) del Senado, el 22 de junio, para reiterar las preocupaciones de las Fuerzas Armadas con algunos acontecimientos que ocurren en la estratégica región amazónica , principalmente, las intromisiones externas en la política ambiental e indigenista brasileña, tanto de organizaciones no gubernamentales como de gobiernos extranjeros.

 

SER UNA POTENCIA

Villas-Bôas afirmó que “Brasil es un súper dotado en un cuerpo de adolescente. La Amazonia continúa prácticamente abandonada, falta un proyecto y densidad de pensamiento”:

 

“Si fuésemos un país pequeño, nos podríamos agregar a un proyecto de desarrollo de otro país. Como ocurre con muchos. Pero Brasil no puede hacer eso, no tenemos otra opción que la de ser una potencia. No uso ese término en su connotación negativa, relacionada al imperialismo, sino en el sentido de que necesitamos de una densidad muy grande”. (Agencia Senadom 22/06/2017).

 

En una declaración anterior ante la misma comisión, en julio de 20215, Villas-Bôas afirmó que Brasil padece un “déficit de soberanía” en la Amazonía.

 

 

NORUEGA ANUNCIA SUSTANCIAL RECORTE

Al llegar a Oslo, el presidente Michel Temer fue sorprendido con el anuncio hecho por el ministro de Clima y Medio Ambiente, Vidal Helgeser, de que Noruega recortará por la mitad las transferencias anuales para el Fondo Amazonia, cuantía equivalente a los 196 millones de reales.

 

Noruega es el mayor financiador del fondo. Desde el inicio del programa, en 2008, ha desembolsado 2 800 millones de reales, Alemania, 60 millones 700 mil reales y Petrobras, 14 millones 700 mil reales. Además del fondo, hay instituciones oficiales y cuasi oficiales noruegas que financian activamente a varias organizaciones no gubernamentales que actúan en Brasil.

 

En coordinación con Noruega, el gobierno de Alemania anunció también su intención de reducir su “mesada ambiental” al gobierno brasileño. El mensaje fue entregado por el director de Política Climática del Ministerio del Ambiente alemán, Karsten Sch, en su visita al país:

 

“Queremos aumentar nuestra cooperación con Brasil, porque tenemos una larga y buena tradición. Pero lo que decidió Noruega fue consultado con nosotros, porque trabajamos muy próximos, y esa medida es una consecuencia de lo que acordamos desde el comienzo con el gobierno brasileño –pagos de acuerdo a los resultados. Como el ritmo de desforestación creció en los dos últimos años, Brasil recibe menos dinero. Eso es sencillamente una consecuencia automática del aumento del ritmo de deforestación” (O Estado de S. Paulo, 28/6/2017).

 

NO ES FILANTROPÍA

Tal y cual hemos reiterado, tal “generosidad” de las naciones ricas del Hemisferio Norte no tiene nada de gratuita o de humanitaria. En entrevista con el diario Valor Econômico(07/06/2017), antes del viaje de Tremer, la embajadora noruega en Brasilia, Aud Marit Wiig, dejó claro el interés de los europeos:

 

“La creación de zonas protegidas fue una medida muy eficiente para mantener el bosque. Y mientras se debilite ese instrumento, tememos que los resultados puedan ser negativos. Estamos preocupados. El servicio de reducción de emisiones de CO2 (bióxido de carbono) que Brasil entrega es muy importante, no podemos desistir”

 

En buen español, la “preservación” del ambiente brasileño es una contraparte fundamental de las articulaciones financieras internacionales que involucran el comercio de créditos de carbono, centrado principalmente en Europa.

 

Mientras tanto, el país se somete a un astuto programa de restricciones a su soberanía en la determinación del uso físico de los recursos naturales de su territorio, lo que afecta la ejecución de grandes obras de infraestructura; obstaculizar su realización es una campaña permanente de ONG ambientalistas e indigenistas, financiadas a manos llenas desde el exterior.

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