El problema de las “empresas zombis” en la pos-pandemia

 

Después de la Gran Crisis de 2008, el fenómeno de las llamadas “empresas zombis” creció enormemente en todo el mundo. La denominación se aplica a empresas que, aunque no puedan administrar bien sus actividades y obtener ganancias mínimas durante varios años, permanecen en el mercado en vez de declarase en quiebra o ser adquiridas por otras empresas.

 

Es fisiológico que algunas empresas, por diversos motivos, no logren dar continuidad a sus actividades. Es importante, sin embargo, que su porcentaje sea contado y que los cierres sean sustituidos por nuevas actividades productivas. Este es el dinamismo normal de la iniciativa privada.

 

Cuando, por otro lado, las “empresas zombis” permanecen “vagando” por varios años, terminan causando grandes y peligrosos  desequilibrios en los mercados, generando una excesiva competencia y afectando negativamente el crecimiento de empresas saludables.

 

En la última década, esto fue posible, particularmente, por la reducción a casi cero de las tasas de interés por parte de los principales bancos centrales  y una consecuente propensión al “riesgo moral”, con el aumento de las deudas corporativas. En el pasado, los préstamos a tasas bajas ayudaron a la economía en tiempos difíciles, pero, al mismo tiempo, contribuyeron a mantener vivas empresas sin futuro, las cuales corren el riesgo de convertirse en obstáculos reales al crecimiento económico.

 

Esto es un planteamiento muy claro hecho por un reciente estudio sobre los “zombis corporativos” publicado por el Banco de Liquidaciones Internacionales (BIS) de Basilea, Suiza. Se analizaron los datos referentes a 32 mil empresas enlistadas en 14 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), desde 1980, la mayoría de ellas de tamaño mediano.

 

Los resultados obtenidos se atribuyen principalmente a los llamados mercados anglo-sajones, donde el porcentaje de las empresas contadas es ciertamente superior a las de Europa y de Japón. De hecho, en Europa, la gran mayoría de las firmas integra el grupo de las llamadas pequeñas y medianas empresas (PMEs), que raramente tienen acciones en las bolsas de valores. En realidad, de todas las PMEs enlistadas analizadas por el estudio, 50% pertenecen a cuatro países anglo-sajones –EUA, Canadá, Australia y Reino Unido- y 28% a nueve países europeos.

 

Según el estudio, el número de “empresas zombis” del 4% en la década de 1980 hasta el 15% en 2917. En Estados Unidos, el porcentaje de empresas medianas entre las “zombis” es de 30%; en Gran Bretaña, 20%; en Europa continental, 10-15%; y en Japón, apenas el 3%.

 

A este respecto, la situación de Italia solamente puede ser calificada como bastante preocupante. Es sabido que, desde hace algún tiempo, nuestro sistema económico viene demostrando una grave situación de pérdida de productividad. Y este es un factor determinante para llevar empresas más débiles hacia una “zombificación”. De hecho, anteriores estudios avalan que el capital absorbido por “empresas zombis” italianas subió del 7% en 2007, hasta el 19% en 2013.

 

En 2019, el Banco de Italia también abordó el problema, reconociendo la gravedad de la situación, pero, acertadamente, cuestionando el método utilizado. De hecho, el banco central italiano consideró necesario tomar en cuenta el parámetro de ganancias antes de calcular la depreciación. De lo contrario, se corre el riesgo de penar a las empresas que más invirtieran en la modernización de sus líneas de producción y, también, de aumentar el número de “zombis”.

 

La investigación del BIS especifica más precisamente los parámetros para clasificar una empresa enlistada en bolsa como “zombi: una falta de lucro por lo menos de dos años –es decir, cuando las ganancias no son suficientes para pagar los intereses de la deuda corporativa –y una falta de expectativa de recuperación, manifestada en la pérdida prolongada del valor de sus acciones. Estas empresas son generalmente menores, menos productivas, sin crecimiento de capital y empleo y sin grandes inversiones en modernización e investigación. El estudio mostró también que, a pesar de esto, ellas consiguen obtener subsidios y préstamos –lo que, objetivamente, crea distorsiones en el mercado.

 

Se estima que 25% de las empresas calificadas como “zombis” perecen definitivamente, mientras el 60% logran recuperarse, permaneciendo, sin embargo, extremadamente débiles y frágiles. De cualquier manera, el estudio demuestra que una empresa clasificada como “zombi” tenía 70% de probabilidad de permanecer así, en la década de 1980 y 85% e 2017.

 

La tendencia de crecimiento se mantuvo en los últimos años antes de la pandemia. En este sentido, los efectos de Covid-19 pueden ser chocantes, lo que representa un desafío importante para las autoridades gubernamentales de todos los países comprometidos en contener el impacto recesivo de la pandemia en las empresas, en el PIB y en los niveles de empleo, además de la gestión de fondos disponibles para la recuperación económica. Será una tarea muy delicada: apoyar todas las empresas sin distinción ¿o tener el coraje de concentrar recursos en las realmente productivas?

 

Ya en 2018, la OCDE había solicitado que los países procedieran de forma decisiva en la eliminación o, por lo me nos, en la reducción de las “empresas zombis”. El lucro de una empresa debe ser el principal criterio de acceso a recurso de los bancos centrales y de gobierno.

*MSIa Informa

Foto: REUTERS/Christian Hartmann