septiembre 21, 2021

El Grito: Un vistoso carnaval cívico ahogado por la pandemia

El Grito: Un vistoso carnaval cívico ahogado por la pandemia

Bolivar Hernandez*
El grito es un cuadro muy famoso mundialmente, creado por el pintor noruego Edward Munch, en 1893. En realidad son cuatro cuadros los que pintó Munch, en una prueba extraordinaria del expresionismo, cuya corriente estética dominaba en el siglo XIX.
El artista padecía de ansiedad y le conmovía lo que le ocurría a la naturaleza que lo rodeaba. De ahí discurrió pintar su obra El grito, para expresar su sentir en cuatro cuadros con un cielo rojo atrás; y lo más importante y que el mundo entero no conoce, la verdadera interpretación de esos cuadros, es que el personaje se tapa los oídos para escuchar el grito profundo de la naturaleza.
El personaje no grita, sino que escucha en su interior el grito que viene de la naturaleza.
El grito al cual haré referencia en esta historia se trata de nuestro Grito de Independencia de la noche del 15 de septiembre, para conmemorar la proclama independentista del cura Hidalgo en el pueblo de Dolores en Guanajuato, México, en el año de 1821.
En el calendario cívico de la República mexicana aparece la noche del 15 de septiembre como un motivo de celebración de nuestra independencia de España. A esa ceremonia cívica se le denomina El Grito.
En todos los poblados, ejidos, alcaldías, y palacios de gobierno de los estados de la federación, la noche del 15 de septiembre se da El Grito ante los ciudadanos, y los gobernantes agitan el lábaro patrio, y lanzan vivas a los héroes que nos dieron patria y libertad.
Después viene la verbena popular
Que incluye juegos pirotécnicos, música de mariachi, antojitos regionales, bandas norteñas y marimbas que interpretan La marcha de Zacatecas, el Son de la negra, y el infaltable Huapango de Moncayo.
Este acto nacionalista se repite en todo el mundo, mediante las embajadas mexicanas y con sus diplomáticos al frente de la ceremonia, ante los compatriotas que viven lejos de la patria.
Jalisco ha dado a la nación los símbolos de la mexicanidad más vistosos, como son los charros y el mariachi. Los desfiles militares del día 16 de septiembre siempre culminan con los charros y adelitas a caballo.
Quiero relatar mis experiencias en las noches del 15 de septiembre como un asistente frecuente a esa conmemoración patria, tanto en el Zócalo de la CDMX, como en la delegación de Coyoacán; y también los festejos patrios en el extranjero, tanto en Chile, España, Grecia y Guatemala.
En mi larga vida
Me han tocado 12 presidentes mexicanos, desde Don Adolfo Ruiz Cortines, 1952- 1958, pasando por Adolfo López Mateos, Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto, López Obrador; todos ellos han impuesto su sello personal en la noche del Grito, han lanzado vivas a personajes diferentes de la historia nacional. Y han organizado verbenas populares espectaculares con multitudes de mexicanos entusiastas y patriotas en exceso.
He participado en la ceremonia de El Grito en el Zócalo, desde que llegué a la Ciudad de México, en 1954 y en 1964, la primera vez como un niño de 10 años y luego como un jovencito de 20 años, y me emocionaba tanto estar metido en la multitud de mexicanos henchidos de patriotismo.
En una suerte de carnaval cívico, con los colores verde, blanco y colorado en todo lo que nos rodea en el campo visual propio, los hombres con grandes sombreros de ala ancha, bigotes falsos al estilo de Emiliano Zapata, las mujeres con pestañas postizas enormes y decoradas con diamantinas, y hermosos rebozos mexicanos sobre sus hombros.
anncapicturesEn cierta época se puso de moda la noche del 15 de septiembre, lanzar cascarones de huevo llenísimos de confeti a los cráneos de quien fuera, y arrojar puños de harina a las bocas abiertas de los despistados. Un carnaval patriótico, con desfogue lúdico de esos miles de verdaderos patriotas; una suerte de catarsis colectiva.
Asistía solo a las celebraciones patrias en el zócalo de la CDMX, ya que mis pocos amigos eran reacios a participar en ellas; luego llevaba a mis hijos siendo niños aún.
En el extranjero acudí a nuestras embajadas la noche del 15 de septiembre, principalmente a la embajada en la Ciudad de Guatemala, donde el embajador daba el grito de independencia, entonábamos el Himno Nacional, y yo lloraba de la emoción tan grande. Nunca pude evitar derramar lágrimas, soy sensible y patriota, ni modo.
En Chile, acompañé al embajador y me tocó agitar la bandera nacional ante los tres mil mexicanos ahí reunidos, mientras el embajador daba el grito.
En España y en Grecia
Las colonias de mexicanos son muy numerosas, y las fiestas patrias tienen mucho sabor nacionalista; y como dato curioso en Grecia la colonia mexicana es numerosa y está integrada por una mayoría de mujeres veracruzanas.
La explicación me la dio el embajador, quien me dijo que la razón de este fenómeno consistía en que los marinos griegos se trajeron a esas veracruzanas, porque las conocieron y se enamoraron de ellas, quienes trabajaban en los numerosos bares y cantinas del bello Puerto de Veracruz.
Ahora que estoy viviendo en la finca llamada Guatemala, por segundo año consecutivo y por causa de la pandemia del COVID-19, la embajada mexicana ha cancelado los festejos patrios.
Me conformaré viendo la televisión mexicana y la transmisión de la noche del grito en la Ciudad de México; ignoro si habrá celebración o no, presencial o virtual, pero estaré atento para poder gritar: ¡Viva México, cabrones!
¡Hasta pronto compatriotas míos, cuídense mucho y vacúnense ya! El año próximo estaremos en el Zócalo de la Ciudad de México, dando el grito de Dolores. ¡Estoy seguro que así será!
*La Vaca Filósofa

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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