El filme Los Miserables, más actual que nunca debido al covid-19

 

Amigos míos, retened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos.

No hay más que malos cultivadores (Víctor Hugo)

 

María Guadalupe Salazar Mondragón

La cinta homónima de la obra de Víctor Hugo llegó a la cadena Cinépolis en febrero pasado y hoy día, tras crisis epidemiológica y económica por la pandemia de Covid-19 es tan contundente en cada escena, que no hay rincón del planeta que escape de verse reflejado en tanta y dolorosa realidad.

 

Dirigida por Ladj Ly, Los Miserables muestra la otra cara de la moneda  de un problema social de desigualdad y falta de oportunidades  vivido en el día a día de un joven adolescente que sólo conoce la marginalidad.

 

La cotidianidad de este adolescente sin rumbo, sin directriz, cuyas figuras parentales  se perciben como una presencia opaca que existe, y que de repente, al menos la madre, aparece a cuadro para negar su presencia, es el retrato del desamparo, de la soledad, del abandono, el mismo retrato que profusamente describiera en su obra Víctor Hugo y que ahora, las caravanas migrantes y los migrantes de todo el mundo padecen.

 

En la marginalidad, Issa, el protagonista del film, sólo tiene por actividad jugar con sus amigos del barrio y en el ocio, planear hazañas asombrosas para ser aplaudido y admirado por ellos. La necesidad de aceptación, reconocimiento y liderazgo, rigen los actos de este joven que roza la criminalidad pero siempre es amonestado e indultado por la autoridad policial debido a que también goza de la protección de los grupos del barrio que controlan la zona en un constante desafío para quienes se dedican a mantener el orden.

 

Un evento fortuito

La visita de un circo, desata la violencia contenida en el barrio cuando se da la desaparición de un cachorro de león que osa robar precisamente Issa. Al percatarse de que huye y notar la ausencia del cachorro, el domador busca y persigue para castigar al culpable sin piedad, adivinando en su búsqueda el barrio en el que se refugia. Ahí se encuentra con los líderes adultos que le impiden el ingreso al barrio por su prepotencia, su actitud racista y los gestos de violencia con los que llega a reclamar que se le entregue su tesoro perdido y que se castigue el delito.

 

A punto de un enfrentamiento mayor, aparecen tres policías que tienen como misión patrullar la zona, con un miembro recién integrado y puesto a prueba por sus compañeros. Los tres representantes de la autoridad logran imponer el orden entre los adultos con el compromiso de encontrar y dar su merecido al truán, misión que se les complica porque los adolescentes se unen en defensa de quien sustrajo al león del circo, y al superarlos en cantidad, uno de ellos dispara salva directo a la cara del perseguido y a una corta distancia, justo ahí el film da un vuelco hasta la violencia extrema.

 

El contexto es lo de menos, la película muestra un suburbio al este de París, un equipo policial que impone el orden a la fuerza sin respeto a los derechos individuales de los infractores de la ley, grupos organizados de jóvenes y adultos que entre ilícitos chantajes y alianzas internas sortean su estilo de vida siempre al margen de la legalidad y la vida. América, África, Europa, la India o Turquía, el escenario es lo de menos, la realidad expresada en la obra de Víctor Hugo pareciera eternamente continua. Más en tiempos del nuevo coronavirus.

Imagen: cinepremiere.com.mx