octubre 25, 2021

El día que amé a AstraZeneca y el calvario de la vacunación en Guatemala

El día que amé a AstraZeneca y el calvario de la vacunación en Guatemala

 

Bolivar Hernandez*

Guatemala.- La quinta farmacéutica mundial es AstraZeneca, cuya base de operaciones está en la Ciudad de Cambridge, en el Reino Unido. Ese laboratorio farmacéutico creó una vacuna contra el COVID-19, con altos grados de eficacia. Son dos dosis las qué hay que aplicar a los sujetos.

 

Sin embargo, en el llamado Viejo Continente, el fármaco de AstraZeneca ha tenido efectos colaterales graves en adultos mayores, generando trombosis cerebrales. Por ello, algunas naciones europeas decidieron postergar la vacunación por un corto tiempo. Se pudo comprobar que los sujetos afectados tenían problemas cardiovasculares previos a la vacunación.

 

En la finca donde vivo

Corrió la noticia por las redes sociales que los adultos mayores podían vacunarse esta primera semana de abril. Ello, después de haberse inoculado ya el personal sanitario o de primera línea.

 

Pues resulta que, según la Ministra de Salud, todo eso está fuera de la programación, debido a que no han sido vacunados aún todos los trabajadores de la Salud.

Los adultos mayores, según el plan original, deberían empezar a vacunarse hasta la tercera semana del presente mes de abril.

 

¿Qué sucedió entonces?

Qué la noticia de que los adultos mayores, con más de 60 años, ya podían vacunarse de inmediato, corrió como reguero de pólvora por toda la capital guatemalteca.

 

Este viernes santo, miles y miles de ancianos acudieron al sitio de vacunación desde las tres de la madrugada, para hacer fila y recibir una ficha con un número. Y esperar pacientemente su turno de pie, por muchas horas.

 

Previamente los adultos mayores debían darse de alta en un padrón del Ministerio de Salud de la Finca-País, dizque, para mayor control.

Yo no hice nada de eso. Y me lancé con mis hermanas al sitio de vacunación como un acompañante. Yo dormí muy bien, y me levanté sin ninguna intención de vacunarme, ni mucho menos.

 

Yo tenía cita en la CDMX, el jueves 1 de abril

Para vacunarme en el centro histórico de la capital mexicana. Cita que perdí por no poder viajar todavía. Pero esa vacuna la iba a solicitar en cuanto yo llegara a la Ciudad de México.

 

Llegué con mis hermanas al centro de vacunación instalado en los campos del deportivo Roosevelt, en la zona 11 capitalina, al filo de las 10 de la mañana.

 

Al llegar al lugar indicado, observamos dos filas. La de la derecha era corta y solo había ancianos en sillas de ruedas, o con andaderas o bastones. Y en  la otra fila, kilométrica, miles de personas con una ficha o número en la mano.

Yo uso un elegante bastón por un problema serio en la pierna izquierda, por lo que cojeo notablemente, y debo apoyar mi mano derecha en el bastón de cedro que poseo.

 

Me acerco a la entrada en donde dos individuos mal encarados y muy groseros para responder preguntas de los ancianos, ordenan con violencia verbal ir a hacer las filas correspondientes, a todos.

 

Yo estoy en la puerta de acceso

De pronto dice un empleado de salud, pasen los viejos que no pueden caminar por su cuenta. Es decir, discapacitados. Y yo, con mi bastón en mano, doy un paso al frente y puedo ingresar al recinto de la vacunación, junto con muchos ancianos en sillas de ruedas.

Adentro, viene un calvario para todos. Hay un desorden total, hay que hacer de nuevo otra fila, nadie organiza nada al respecto, están rebasados los empleados de salud por completo.

 

Yo ya estoy dentro, hago una fila con cien personas más, y avanzan lentamente todos.

 

De pronto, como me suele suceder con frecuencia, después de beber café, me dan deseos muy fuertes de orinar. Y me movilizo e investigo si hay sanitarios cercanos y sí hay. Le pido a los que están próximos en la fila, que me aparten el lugar, porque voy a orinar por ahí cerca.

Voy al baño de hombres, muy sucio por cierto, orino junto con otros caballeros y conversamos brevemente, y salimos para integrarnos de nuevo a la fila.

 

Voy en camino hacia la fila de donde salí para ir al WC

Y paso por el sitio donde están aplicando la vacuna, y me dice una enfermera, pase señor y espere su turno frente a ese escritorio.

Ya no volví a mi lugar en la fila, y ya estaba yo sin querer frente al burócrata que me tiene que entrevistar sobre mis enfermedades y alergias; que no tengo ninguna, por cierto.

 

Un médico viejo me vacuna en el brazo izquierdo, cierro los ojos y hago repetidas respiraciones para poder relajar el cuerpo, y me introduce la aguja finísima en mi brazo y no experimento ningún dolor.

Me piden que repose media hora para observar alguna reacción molesta. ¡Nada, absolutamente, nada!, y medito mientras tanto, en medio de ese bullicio de tantísimos ancianos.

 

Luego me otorgan un certificado de vacunación, y yo me siento como en el día de mi graduación universitaria. Me emociono tanto, que un poco de agua escurre de mis ojos.

 

Camino hacia la salida y observó los rostros exhaustos de los viejos que aún no ingresan al sitio indicado. Y me miran con extrañeza y se preguntarán: y como le hizo este señor del bastón para pasar tan pronto…

Miro a ambos lados del portón principal y las dos filas, derecha e izquierda, han crecido monstruosamente…

 

Me voy caminando a mi casa

Al llegar loco de contento a mi residencia escuchamos la radio y, en cadena nacional, la ministra de salud, se extraña que los viejos se estén vacunando.

 

Ahora, ella desautoriza esa vacunación anticipada de los viejos, no les tocaba su turno todavía. Alguien le jugó una mala pasada a la ministra de salud y ordenó algo incorrecto, según ella.

El clamor popular exige ya la renuncia de la ministra de salud, por inepta.

 

No pude indagar qué país donó mi vacuna AstraZeneca, porque compras de vacunas aún no empiezan a surtir.

Sólo me queda por decir que Amo a AstraZeneca, sin duda.

*La Vaca Filósofa

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