El coronavirus y la industria de la muerte

 

Mouris Salloum George*

Lo cierto es que, hablando en cobre puro, del coronavirus todos quieren servirse, sin compadecerse de millones víctimas del contagio o los cientos de miles de muertos por la pandemia. Unos, para desencadenar conflictos diplomáticos entre potencias; otros, para sacar rendimientos electorales. Terceros, para capitalizar especulaciones de naturaleza económica y política. Los aviesos manipuladores de redes sociales, simplemente por joder.

 

En el trágico cuadro destacan los grandes corporativos trasnacionales que controlan la industria químico-farmacéutica que, un día sí, y otro también, revelan investigaciones con hallazgos de vacunas o supuestas curas que no han pasado los protocolos para acreditar las patentes.

 

Esos reportes sin son ni ton, han dado pie a una odiosa guerra de ofertas entre líderes de naciones con poder de compra, para tratar de acaparar los mercados inmediatos y a futuro de la eventual producción de esos fármacos, sin valorar el empeño de aquellos científicos de buena fe que pensarían -antes que en dólares o en euros- en el dolor de la Humanidad.

 

Remedios falsos y utensilios a precios de mercado negro

En el México globalizado ha aparecido una nube de charlatanes, sólo superados por los mercaderes de la Salud. En cadenas de farmacias, en tiendas de conveniencia, en tienditas de barrio o en tendidos sobre las banquetas, proliferan remedios o utensilios de prevención,en cuya eficacia no creen ni sus vendedores, que dejan de lado cualquier medida cautelar y regatean con potenciales compradores con las narices y la boca al aire libre.

 

En el mercadeo, un cubrebocas que estaba a disposición del público en ocho o diez pesos, ahora cuesta hasta 70 y 250 pesos, porque éste si está hecho de material e impregnado de fórmulas químicas a la par de seguros. El alcohol y el gel se venden a precios de mercado negro con aumentos hasta de 300 y mil por ciento. Hasta el precio del algodón y del agua oxigenada se ha disparado de manera exorbitante.

 

La cuestión son los riesgos, que potencian los explícitos de la pandemia. Los médicos que tienen consultorios privados, no sólo han aumentado el precio de la consulta hasta el triple, sino que con toda ligereza recetan menjurjes de dudosa manifactura y calidad.

 

Infertilidad de las mujeres y reacciones antifálicas

Un caso alarmante, es la prescripción de fórmulas cuyos precursores son el dióxido de cloro o las sales de amonio,que en tiempos normales tienen aplicaciones industriales para la elaboración de desinfectantes, como agentes tensoactivos, suavizantes de telas y o para evitar la estática en el uso de champús, etcétera. Se les prueba también como espermicidas y antimicrobianos.

 

De acuerdo con análisis de laboratorio, el uso de esos químicos y otros similares puede derivar en infertilidad de las mujeres. Más común, son las irritaciones en la piel o dificultades respiratorias. Ingeridos en altas concentraciones directamente, quemaduras cáusticas, gastrointestinales, en la epidermis, y hasta reacciones antifálicas.

 

No es casual que en consultorios y clínicas privados esas fórmulas se receten clandestinamente. Grave cuestión.

* Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

 

Foto: AFP