Eje del poder mundial encabeza una Guerra de Cuarta Generación contra los Estados Nacionales de AL

 

MSIA INFORMA

En la edición del 26 de noviembre el periódico brasileño O Estado de S. Paulo publicó un editorial de la revista británica The Economist sobre la actitud de Iberoamérica ante el movimiento separatista de Cataluña. Titulada “América Latina de ojo en la cuestión catalana”, el texto es típico de un órgano mediático del “establishment” anglo-americano, revelando sus preocupaciones del momento.

 

En un tono casi de lloriqueo, el editorial admite, “para la mayoría en América Latina, es obvio que Cataluña es parte de España”. Y observa:

 

“El asombro existe también porque el separatismo es ajeno a América Latina. Esta declaración exige una ligera salvedad. La América hispana del continente se dividió en 15 países después de la independencia. Para poder construir un canal, Theodore Roosevelt consiguió separar a Panamá de Colombia en 1903. Rio Grande do Sul luchó una guerra de diez años para separarse de Brasil antes de, paulatinamente, llegar a un acuerdo en 1845”.

 

UNIDAD NACIONAL A LA MEXICANA

Luego, indica que dos de los países de la región, México y Brasil, se formaron bajo la perspectiva de la unidad nacional.

 

“Países como Brasil y México transformaron la unidad nacional en un proyecto político explícito. En 1937, Getúlio Vargas, el populista de la construcción nacional de Brasil, habiendo declarado una dictadura, ordenó quemar ceremonialmente las banderas de los estados, incluyendo la bandera de su estado. Y afirmó haber aplastado la “arrogante imposición de los intereses regionales” que ponían en peligro la unidad nacional.

 

Vargas ordenó que el portugués fuera el único idioma que se enseñara en las escuelas. Algo parecido aconteció en México después de la revolución de 1910. “Somos indígenas de sangre y alma; el idioma y la enseñanza, son el español” declaró José Vasconcelos, ministro de Educación en la década de los 1920s y defensor del mestizaje como la esencia de América Latina. Únicamente más reciente en México, bien como en los países andinos, los gobiernos fomentaron la enseñanza bilingüe en español y lenguas indígenas.

 

La conclusión, es que los movimientos separatistas en general no se aceptan en la mayoría de los países iberoamericanos:

 

“Para que las quejas regionales se conviertan en movimientos separatistas, existe la necesidad de algunas condiciones específicas, como lo observó Alberto Vergara, sociólogo de la Universidad del Pacífico en Lima, en un estudio comparativo de Perú y de Bolivia.

 

SE AGOTÓ MOVIMIENTO BOLIVIANO

En estos existe una poderosa élite política regional, el acceso a recursos económicos y comercio exterior y una ciudad importante que rivaliza con la capital nacional. Tales condiciones se aplican al movimiento boliviano centrado en Santa Cruz, que coqueteó con la secesión durante su batalla política con Evo Morales, el presidente socialista. Y se aplican a Cataluña.

 

“Pero si el movimiento boliviano se agotó fue en parte porque la atracción por la unidad nacional en América Latina es fuerte. La demanda popular es, muchas veces, hacer eso realidad creando infraestructura y extendiendo los servicios públicos. Fuera de Brasil, de México y de Argentina, los latinoamericanos saben lo que significa para sus países ser pequeños y débiles en términos globales y la separación despierta poco interés

 

DESINTEGRAR SUS INSTITUCIONES

Llama la atención el tono de lamento del vocero de la City de Londres, al constatar el aprecio de los latinoamericanos por la integridad de sus Estados nacionales soberanos, pese a las ofensivas externas sistemáticas encaminadas a desintegrar sus instituciones fundantes, y hasta para abandonar el mismo concepto de soberanía.

 

Otro aspecto, es el de rotular de populismo, los proyectos de industrialización independiente que crearon y reforzaron los estados nacionales de Iberoamérica, y el mestizaje como la huella distintiva de la esencia cultural y de la formación del continente.

 

Por último es digno de anotar, que, aunque exista el reconocimiento de que la ambición mayor de la geopolítica británica, la de secesión, hasta ahora no se cumple, no se puede ocultar que el eje del poder mundial en las últimas décadas, insufla el etnonacionalismo autonomista mediante movimientos internacionales, tan intermitentes y coordinados actuando a la manera de una guerra de cuarta generación contra los estados nacionales del continente.

Imagen: Criterio.hn