abril 17, 2021

Doña Cuquita, #MigranteGuatemalteca, buscó el #SueñoAmericano; y encontró marido #gringo, muchos #dólares y también la muerte de sus dos hijos en la #GuerraEnIrak

Doña Cuquita, #MigranteGuatemalteca, buscó el #SueñoAmericano; y encontró marido #gringo, muchos #dólares y también la muerte de sus dos hijos en la #GuerraEnIrak

 

Los migrantes guatemaltecos suman miles o millones que han buscado el “sueño americano “, a lo largo de todo el siglo XX y principios del siglo presente.

 

Y las tragedias han sido frecuentes en ese peregrinaje hacia el suelo americano. Hace unos años en San Fernando, Tamaulipas, 72 migrantes fueron masacrados por un cartel de la droga que opera en esta región; los asesinados eran en su inmensa mayoría guatemaltecos.

 

Este fin de semana, otro grupo de 19 guatemaltecos fueron incinerados en la frontera en el lado mexicano, por los capos del narcotráfico.

La miseria, la desnutrición, y la violencia obligan a miles de centroamericanos a huir en búsqueda de otro mundo mejor.

 

Hace muchos años

Muchos guatemaltecos cruzaban la frontera de los Estados Unidos de la mano de los Coyotes con una seguridad mínima. Pero llegaban vivos al suelo norteamericano.

 

Refugio Salguero, originaria de Jutiapa, Guatemala, se fue muy jovencita a la Unión Americana a trabajar como empleada doméstica y niñera con una familia clase  media de San Antonio, Texas. Al igual que otras mujeres pobres provenientes de Centroamérica.

 

Las remesas en dólares que los migrantes envían a sus familias en Guatemala, son cuantiosas. Eso significa que el migrante se priva de las cosas más elementales para poder ahorrar esos dólares ganados con el sudor de sus frentes, y paliar la miseria de sus parientes en Guatemala.

 

Refugio, Cuquita, conoció en Texas a un marine gringo, y se enamoraron súbitamente. John González era el nombre de su futuro esposo, hijo de mexicanos.

 

John y Cuquita se casaron y fueron a vivir a San Diego, California. Cerca de la base naval militar.

 

Cuquita deseaba tener hijos y tuvo dos: Kevin y Johnny. Niños despiertos y curiosos. Bilingües absolutamente.

 

Eran una familia feliz

Como lo son las familias de los militares en todas partes del mundo, son una casta privilegiada. Gozan de muchos privilegios sociales: salud y educación, principalmente.

 

Kevin y Johnny crecieron y fueron al mejor high school de la Ciudad de San Diego. Salieron con honores por sus talentos demostrados en los estudios y en  los deportes también.

 

Años después estos hermanos fueron llamados a filas y tuvieron que alistarse en el ejército estadounidense, con la clara aprobación de su padre exmilitar. Era un honor servir a los EU, consideraba su progenitor.

Los hijos de Cuquita se fueron a la guerra de Irak.

 

Cuquita y su marido volvieron a Guatemala a disfrutar de una buena pensión de jubilación del exmilitar.

 

Hoy Cuquita ya es viuda, y vive solita en su mansión, y no tiene ni perro que le ladre. John, su marido,  murió de viejo en Guatemala.

 

Ahora a Cuquita cobra una pensión de viudez, muy jugosa. Cada mes ella recibe una cuantiosa cantidad de dólares que el gobierno y el ejército de los Estados Unidos le envía puntualmente.

 

JUGOSA REMESA

Cuquita recibe esos dólares , muchos dólares, en el Banco Industrial, BI; y llega ella y los empleados se ponen en guardia. La escena se repite mensualmente. Cuquita no se forma en ninguna fila ya que por ser adulto mayor y clienta de muchos años, pasa directa a la ventanilla para clientes como ella.

 

La mujer de la tercera edad entra al banco apoyada en un viejo bastón de madera, se pone frente al empleado y recibe miles de dólares en efectivo, billete sobre billete. Y Cuquita invariablemente grita de dolor y se desvanece y cae al suelo con convulsiones.

 

La razón es fácil de entender.

Su remesa de miles de dólares se compone de la pensión de viudez, y por la muerte en combate de Kevin y Johnny, sus hijos, en Irak.

En su mansión de Guatemala Cuquita guarda en su garaje dos camionetas de última generación,  Ford XL. 4×4.

 

Y en un pequeño altar en su amplia sala de estar: hay dos banderas de las barras y las estrellas, cuidadosamente dobladas. Banderas que le envió el presidente Obama hace algunos años, en reconocimiento por la muerte de sus dos hijos combatientes caídos en defensa de la libertad y democracia en el Medio Oriente.

 

Cuquita ya no quiere vivir, está cansada de sufrir. El dinero no tiene ningún valor para ella. Y tampoco tiene familia a quien heredar su patrimonio.

 

Los dólares de Cuquita, muchos dólares, reposan bajo el colchón de su inmensa cama king size.

 

Ella duerme sobre billetes verdes, y es poca la gente en el mundo que, como ella, puede hacer eso.

 

Cuquita a la distancia quita el seguro a las puertas de su lujosa camioneta, todo lo hace a control remoto. Se sube, se pone las gafas de sol, y acelera con fuerza el potente motor, y sale disparada hacia ninguna parte con mucha prisa…

*La Vaca Filósofa

Foto: Especial

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