#Desforestación de la cuenca del #Amazonas amenaza la seguridad de #Brasil

MSIa Informa

El anuncio cayó por sorpresa este inicio de diciembre: un grupo internacional de especialistas militares advirtió que la desforestación de la cuenca del Amazonas amenaza la seguridad del país.

 

“Otra vez la burra al trigo”, podrían pensar, con un suspiro profundo, nuestros apreciados lectores, acostumbrados ya a las manifestaciones de este género, pero lo que llamó la atención fue el origen de la advertencia: un cierto Consejo Militar Internacional sobre el Clima y la Seguridad, con sede en la Haya, Países Bajos, e integrado por militares en retiro y estrategas de varios países.  El periodista Jamil Chade, corresponsal de UOL en Europa, informó que “la entidad formada está formada por líderes militares, especialistas en seguridad e instituciones de seguridad de 38 países, dedicados a ‘anticipar, analizar y enfrentar los riesgos de la seguridad de un clima en cambio’ ” (UOL, 02/12/2020).

 

El documento de 47 páginas es un evidente complemento “militar” de la campaña “civil” del aparato ambientalista internacional contra Brasil, que hemos seguido de cerca en este informativo. La embestida se recrudeció en los últimos meses, ante los actos del gobierno brasileño para llenar el déficit de soberanía del Estado sobre la Región Amazónica -como lo definiera el ex comandante del Ejército, general Eduardo Villas Boas-, después de décadas de gran influencia  de parte de la maquinaria del ambientalismo en la formulación de la política ambiental nacional. La novedad es la presencia de una “ONG militar” militando en la misma trinchera de las organizaciones no gubernamentales ambientalistas-indigenistas y de los fondos de activos y de inversión internacionales, que han presionado con fuerza al país para someterlo  plenamente al nuevo plan “verde-indígena”.

 

Por si fuera poco, el IMCCS (siglas en inglés del International Military Council on Climate and Security) lo dirigen militares y civiles de los países integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), cuya adhesión al programa ambiental y climático fue recientemente anunciada por su secretario general, Jens Stoltenberg.

 

El IMCCS

En su sitio (https://imccs.org), el IMCCS se presenta como “un grupo de líderes militares con experiencia, especializados en seguridad e instituciones de seguridad de todo el mundo, dedicados a anticipar, analizar y enfrentar los peligros de seguridad de un clima que cambia”.

 

Según la información disponible, el IMCCS fue fundado en febrero de 20219, en respuesta a una demanda creciente de militares profesionales por compartir información y mejorar las prácticas enfocadas al enfrentamiento de las dimensiones de seguridad y militares del cambio climático. Fue fundado por el Centro del Clima y Seguridad, mismo que lo administra, un instituto del Consejo de Riesgos Estratégicos (CSR), en sociedad con el Instituto Francés de Asuntos Internacionales y Estratégicos (IRIS), el Centro de la Haya de Estudios Estratégicos (HCSS) y la Iniciativa de Seguridad Planetaria del Instituto de Relaciones Internacionales de los Países Bajos (Clingendael).

 

Todas esas entidades son parte de una red internacional cuyo objetivo parece ser el de introducir directamente a los militares y especialistas en seguridad y defensa en los debates e iniciativas sobre los cambios climáticos y otros asuntos mundiales en curso. El IMCCS está presidido por el general Tom Middendorp, el jefe de la Defensa de los Países Bajos (el principal asesor militar del ministro de la Defensa del país), y tiene como secretaria general a Sherri Goodman, ex vicesecretaria de la Defensa para Seguridad Ambiental de Estados Unidos. Tiene un consejo de especialistas militares y civiles de 68 miembros, entre ellos algunos de países africanos y sudamericanos,  cuya lista es indicio de que la temática ambiental se está consolidando como un campo de gran interés (inclusive pecuniario) para los profesionales de la defensa y de la seguridad.

 

La organización está vinculada directamente al CCS, fundado en 2010 y cuya sede se encuentra en Washington, Estados Unidos.

 

Entre sus financiadores, además del mismo CCS, se menciona el David Rockefeller Fund, lo que no fue una sorpresa para quien ha seguido al aparato ambientalista internacional, pues la familia Rockefeller es una sus fundadoras y una de sus principales patrocinadoras.

 

Brasil en la mira

El IMCCS ya publicó tres estudios, todos este año:“El informe de Clima y Seguridad Mundial 2020”, “Clima y seguridad en la zona Indo-Pacífico” y “Clima y seguridad en Brasil”, los dos primeros en inglés y el último con opción de leerse en portugués. Ante el estruendo del asunto, vamos a concentrarnos en el informe dedicado a Brasil, disponible en portugués en el sitio de la entidad de marras.

 

Vamos a empezar con sus autores:

Oliver-Leighton Barrett, teniente coronel de la reserva de la Marina de Estados Unidos;

Andrea Rezzonico, vicedirectora ejecutiva y directora del Laboratorio de Riesgos Convergentes del CSR, maestra en Seguridad Global de la Universidad John Hopkins;

Francesco Femia, cofundador del CCS y del CSR, maestro en ciencias políticas de la London School of Economics (LSE); y

Vanessa Pinney, becaria del CSR.

 

Con semejante equipo de luminarias, cuyos conocimientos especializados en asuntos ambientales y brasileños se desconocen, pasemos a los “aspectos más destacados” del informe:

 

*El cambio climático no sólo tendrá graves consecuencias ambientales, sociales, económicas y políticas, las que exigirán respuestas inmediatas del Estado brasileño, pero sus efectos se sentirán en toda la gama de operaciones de las Fuerzas Armadas brasileñas.

 

*Eso incluye misiones operacionales, entrenamiento y proyecto de instalación y de mantenimiento. Las Fuerzas Armada Brasileñas tienen que prepararse para esos riesgos.

 

*Aunque en las últimas décadas Brasil haya hecho progresos en una serie de metas ambientales y de sustentabilidad (medidas para frenar la desforestación y aumento de la generación de energía renovable),el país está en la actualidad en el camino de perder sus metas de conservación forestal a causa del retroceso del uso de la tierra y en el sector forestal. La desforestación ilegal representa el mayor riesgo ambiental, pero representa también una amenaza para la seguridad pública, si se tiene en cuenta los efectos negativos de tal actividad criminal a gran escala sobre la legitimidad del Estado.

 

*Los delitos que se cometen a escala industrial minan la estabilidad y la legitimidad del Estado. En estas circunstancias, la desforestación ilegal se debe combatir con la reintroducción de la estructura contra la desforestación que tuvo éxito en la mayor parte de las dos décadas anteriores. En ese marco, el gobierno brasileño debería realizar un esfuerzo significativo para reducir la desforestación y cumplir las metas climáticas internacionales, con el fin de evitar ramificaciones de seguridad potencialmente catastróficas de las actuales trayectorias de emisión de gases de efecto invernadero.

 

*La mayoría de los recursos de patrulla marítima y costera del país están anclados y realizados en instalaciones navales que no están expuestas a los peligros relacionados con el aumento del nivel del mar ni con las inundaciones más frecuentes y graves en los ríos. Eso puede reducir la oportunidad y la capacidad de la Marina de Brasil para cumplir sus principales obligaciones, entre ellas las de salvaguardar la riqueza mineral submarina y la de responder de forma eficaz a la delincuencia cercana al río y a los desastres naturales y crisis humanitarias.

 

*Los cambios climáticos y la variación de las precipitaciones amenazan la seguridad del agua y la productividad agrícola en grandes partes de Brasil. Esa vulnerabilidad, combinada con otros desafíos, puede convertirse en una crisis hídrica y alimentaria. Bajo algunas condiciones, eso puede contribuir a la agitación política, lo que puede provocar tensiones significativas en la capacidad del gobierno federal de ayudar a los gobiernos locales a proporcionar los bienes y servicios públicos.

 

*El interés de la comunidad internacional en los asuntos de la cuenca del Amazonas aumentó con el gobierno del presidente Bolsonaro, a causa del debilitamiento sistemático del presidente de los departamentos y de las agencias civiles que tradicionalmente se encargaba de los programas contra la desforestación del país. El desinterés del gobierno de Bolsonaro para frenar la desforestación ilegal hiere la internacionalización de Brasil en el momento en el que busca participar en foros y procesos internacionales decisivos.

 

Al final vienen las principales “recomendaciones” para el país:

*Las decisiones de acción climática que se tomen en los siguientes años determinarán si los efectos climáticos de las décadas por venir serán más administrables o potencialmente catastróficos. Dada la importancia de la cuenca del Amazonas para el sistema climático global, es de interés estratégico y de seguridad de Brasil regresar a su política de liderato mundial del combate de la desforestación.

 

*Al impulsar rupturas económicas significativas, tensando las capacidades del Estado y sobrecargando el contrato social entre gobierno y ciudadanos, el cambio climático tendrá consecuencias sociales, políticas y de seguridad significativas, así como consecuencias ambientales. Para contribuir con una postura preventiva de todo el gobierno, las Fuerzas Armadas deberían evaluar los efectos directos e indirectos del cambio climático en sus operaciones y oportunidad y en la seguridad de Brasil de forma más amplia.

 

*Dadas las amenazas que el cambio climático representa para el cuadro de seguridad humana y nacional de Brasil, la comunidad de seguridad brasileña se debe comprometer a trabajar con sus contrapartes civiles para reducir la escala y el alcance del cambio climático, adaptarse a los efectos inevitables, como el aumento del nivel del mar, y hacerlo de una forma que sea sensible a las preocupaciones humanitarias y que respete las normas democráticas.

 

*La incorporación de la escasez de recursos climáticos y de las consideraciones del efecto de la oportunidad militar en la planeación y en los currículos profesionales de educación militar es una inversión importante no sólo para hacer a la infraestructura, a la oportunidad y a las operaciones de las Fuerzas Armadas de Brasil resistentes a los cambios climáticos, sino también para garantizar que los líderes estén preparados para servir mejor a un público que cada vez estará más tenso por la escasez de recursos relacionados con el clima.

 

*Los altos funcionarios militares (inclusive los veteranos) deben propugnar que los líderes de las jerarquías más altas del gobierno federal, estatal y municipal adopten respuestas adecuadas a corto plazo a los peligros de la seguridad climática. Esta defensa debe promover una infraestructura del sector público (en particular el militar) e instituciones resistentes a los cambios climáticos. Se debe volver resistentes a los cambios climáticos a los órganos y procesos ecológicos de los que la seguridad humana y la seguridad interna dependen.

 

*Las Fuerzas Armadas brasileñas deberían promover debates sobre las dimensiones más amplias de seguridad del cambio climático y que se conviertan en un punto focal de los debates y de la creación de disposiciones para el combate de los delitos ambientales de la Pan Amazonía que pongan en peligro el sistema climático mundial, así como la seguridad pública de Brasil. Brasil está en una posición única para encabezar tal esfuerzo, no sólo en América del Sur, sino en toda la Comunidad de los Países de Lengua Portuguesa (CPLP), donde ya posee fuertes lazos culturales, de defensa y diplomáticos.

 

Y una amenaza:

*Con su seguridad con sus intereses nacionales en juego, es vital que el gobierno brasileño regrese a una estrategia de largo plazo para frenar la desforestación. Las críticas internacionales a la postura de Brasil con relación a la protección forestal bien podrían ser mucho más intensas, si sucediera que Brasil no regresa a una trayectoria que cumpla con sus compromisos con el NDC (siglas en inglés de Contribución Determinada Nacionalmente – n.e.). La comunidad internacional también puede ejercer presión sobre Brasil en esos temas, con lo que aumentarían las consecuencias diplomáticas y comerciales de la inacción. Ante eso, también es de interés que Brasil se comprometa positivamente con los organismos nacionales y multilaterales que tienen sociedad con Brasil en los esfuerzos de preservación forestal; esos acuerdos brindarán centenares de millones de dólares para una serie de esfuerzos de preservación y que serán necesarios para sostener una campaña contra la desforestación a largo plazo.

 

En resumen, una miscelánea  de información genérica superficial extraída de fuentes fehacientemente  contaminadas del catastrofismo ambientalista, sin abordar  los problemas reales y que recurre a una lista verdaderamente lastimosa de problemas hipotéticos para las FFAA brasileñas. Sin embargo, a pesar de su poca trascendencia, el mero peso de la organización responsable no deja dudas sobre la  amenaza de la “Mafia verde”, la cual ha venido acosando a Brasil en las últimas décadas.

Foto: Especial