septiembre 23, 2021

Debut y despedida de un sagaz piloto de la Mercedes Benz

Debut y despedida de un sagaz piloto de la Mercedes Benz

 

Fui un niño que nunca jugó con carritos ni con juguetes infantiles, prefería caminar lejos de casa y descubrir el mundo ajeno a lo doméstico. Y cuando descubrí que el ajedrez era un juego-ciencia, pues me dediqué a jugarlo con gente adulta. O invertía mi tiempo libre en la lectura.

Fui un niño fuera de lo común. Nunca jugué con mis hermanitos.

 

Los autos no fueron nunca objeto de deseo

Tuve autos de adulto porque su función era el transportarme a la universidad a trabajar, pero no los veía como símbolos de estatus. Y ya más entrado en años me dio por ir a todas partes en bicicleta.

 

Mi primer automóvil que compré fue un Volkswagen usado, amarillo huevo. Eso ocurrió en los años 70. Luego compré un Volkswagen nuevo y me lo robaron a los 8 días de haberlo estrenado. Todo ocurrió en 10 minutos en que fui a la librería El Parnaso de Coyoacán para comprar unos libros e irme de vacaciones.

 

Luego tuve una Caribe de la Volkswagen también, y después me pasé  a los autos japoneses y deje la buena ingeniería automotriz alemana, y tuve varios autos Nissan nuevos.

Los autos son solamente medios de transporte para mi y no objetos de lujo para adquirir falsos estatus socioeconómicos.

 

Mi último auto Nissan

Fue robado por el hijo de mi novia , quien era un ladrón de motocicletas y automóviles por encargo. Y decidió que podía fastidiarme la vida robando mi modesto automóvil, y sí me trastornó la existencia porque tuve que usar el transporte público muy malo que había para llegar a la universidad iberoamericana en Santa Fe, en el poniente de la Ciudad de México.

Nunca más quise tener un automóvil por ese hecho bochornoso en que el hijo de su madre me robó un auto viejo, solo por las ganas de joder al novio de su madre.

 

Jamás en la vida conduje antes un Mercedes Benz, y sí debo confesar que me apetecía mucho manejar uno de ellos. Pero era un deseo oculto por mucho tiempo.

 

Hace muchos años vine a Guatemala a pasear y descubrí que mi hermana menor poseía varios automóviles de lujo y entre ellos un elegante Mercedes Benz.

 

Le expresé mi deseo de manejar un Mercedes Benz y le pedí prestado el suyo, y ella me dijo, claro que si te lo presto.

La condición fue viajar juntos, ella como mi copiloto.

 

Dispuse ir a Quetzaltenango, Xela

A 200 kilómetros de la capital de Guatemala. Viaje de nostalgia porque ahí viví unos tiempos hermosos de mi juventud temprana. Quería volver después de muchos años de ausencia.

 

Partimos mi hermanita y yo rumbo a Quetzaltenango, iba yo al volante del Mercedes Benz, una delicia para mí conducirlo con suavidad.

 

Llegamos a un punto donde la carretera panamericana se convirtió en un solo carril por reparaciones del otro. Entonces el tráfico se hacía complicado porque había que esperar a que éste terminara de pasar y luego seguíamos nosotros los que íbamos en el rumbo opuesto.

 

Y sucedió algo terrible…

Yo encabezaba la caravana de automóviles que circulábamos en ese solo carril habilitado. Cuando de pronto aparece un gran camión de carga de frente a mi, a toda velocidad. Nos íbamos a matar atropellados por ese pesado transporte en cuestión de segundos. El camión a esa velocidad y con ese peso, no podía frenar a tiempo para  esquivarnos.

 

Así que decidí en segundos virar abruptamente hacia la cuneta de la carretera y evitar la colisión inevitable.

Casi volcamos pero traíamos puestos los cinturones de seguridad. Y eso nos salvó la vida a mi hermanita y a mi.

 

El saldo fue de dos llantas hechas trizas por el giro que le imprimí al Mercedes Benz, pero salvamos la vida.

 

Muchos años después

Mi hermanita me sigue cobrando el costo de las dos llantas que destruí en esa ocasión. Y nunca me agradeció haberle salvado la vida, por segunda ocasión. La primera vez fue cuando era una niñita y salió corriendo de casa y atravesó la calle sin ver y casi la atropella un auto si yo no lo hubiera sujetado firmemente del vestido.

 

Finalmente, en la fiesta de cumpleaños de mi hermanita que cumplía 60 años, le pedí delante de sus invitados que me devolviera todos los panes de dulce que le di prestados cuando en México pasábamos penurias económicas y ella tenía hambre y yo le daba mis panes racionados. Era una broma en serio…

 

Posdata: Poseo una licencia de conducir y no tengo un automóvil desde la prehistoria.

*La Vaca Filósofa

Foto: jaygeorge

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